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Mentiras femeninas

Imagen: Internet

POR Nelsy Mendoza

Columna Retrovisor

Existen mentiras que son inofensivas. Como la mentira del maquillaje para contornear nuestro rostro, o la de la faja que nos hace lucir mejor en aquel vestido, o la de esos tacones que nos agregan unos centímetros extra o la foto que nos tomamos desde nuestro “lado bueno”.

Quién lo diría, las mujeres, tan acostumbradas a los trucos para vernos bien, no aceptamos bien la mentira. Tan poco somos las mejores para el amor propio, aunque nos prodigamos tantos mimos, gustos y a veces uno que otro sufrimiento.

Y es que, a la hora de enfrentarnos desnudas al espejo, las mujeres muchas veces no nos andamos por las ramas. Muchas veces no agradecemos la flacidez, las redondeces del cuerpo, las huellas de las batallas y mucho menos a ese cuerpo, que descuidado nos sigue llevando, sigue estando vivo para que nosotras pasemos un día más en este mundo rodeadas de la gente que nos ama, más allá de esos kilos extras, las arrugas y demás.

Si nuestros hijos, nuestra pareja, nuestra familia, pueden ver a través de todos esos defectos nuestra valía, ¿por qué nosotros no? ¿Por qué creer que es mentira el halago, el reconocimiento o la palabra de amor que se nos da? ¿Será por tantos estereotipos sobre la mujer perfecta? ¿Será porque nos queremos a través de lo que nos han enseñado que debe ser la mujer -que es mucho- y sentimos que no llenamos ni las expectativas propias ni las ajenas?

Mucho se habla del tema del amor propio y creemos que lo alcanzaremos a través de la belleza exterior. Pero lo cierto es que la buena relación con uno mismo empieza desde el interior. Valorar mi cuerpo, hacer el esfuerzo extra para verme bien, cuidarme, creer que puedo alcanzar mis metas, depende de mí.

Algunas mujeres hemos entregado nuestras armas y nos hemos resignado a ser lo que somos. Y digo resignado porque la aceptación es muy diferente. La aceptación proviene del amor propio, la resignación viene de rendirse, de no creer que puedes ser una mejor versión de ti misma. Y esa, es la mentira más grande que nos decimos las mujeres, porque esto no se acaba hasta que se acaba.

Hay que ser muy valiente para enfrentar nuestras propias mentiras y pretextos. Pero vale la pena detenerse a reflexionar, qué tan inofensiva o dañina es aquella mentira piadosa que me digo todas las mañanas. Hay que mirar con otros ojos ese cuerpo y recordar ser amable contigo pues a pesar del abandono, la exigencia o el poco cariño que le tengas, aquí estás. Si el cuerpo no es el problema, ve más allá. ¿Qué tal el alma? ¿También te has rendido o luchas cada día por ser mejor persona? A veces las remodelaciones interiores son más dolorosas, más difíciles y más importantes que las del exterior. Pero valen más la pena, sin duda.

 

Acerca del autor

Nelsy Mendoza Ramírez es comunicóloga con especialidad en Publicidad y Comunicación Organizacional.

Correo Electrónico

nelsymendoza81@yahoo.com.mx

Twitter

@nmmendoza81

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