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Lupercalia y la poesía épica del Mar de Cortés

Imagen proporcionada por Hermes Ceniceros

POR Hermes D. Ceniceros

Miguel Manríquez Durán es un ave raris entre los poetas locales. Parece como de otro tiempo y otro paisaje, como si fuera un ave del mar Egeo en tiempos de Homero extraviada en nuestro Mar de Cortés, aun así es muy nuestro. Tan nuestro que en el 2017 la Feria del Libro de Hermosillo lo reconoció como escritor homenajeado y le publicó “Lupercalia Antologia poetíca 1980-2016”.

Con más de 35 años de escribir poesía en Lupercalia podemos ver el desarrollo de una voz poética que como el vino agarra más cuerpo y sabores con el paso del tiempo. Una voz que desde sus primeros versos en “Rosita contra los dinosaurios” nos da muestras de sus alcances filosóficos y místicos, de ese poder poético de desprenderse de sí misma para permitirnos ver una revelación.

Esta cualidad de la poesía manriqueana se puede ver a lo largo de Lupercalia, con todas las variantes que las distintas edades del poeta le da a su propia voz poética, que no siempre es la misma, pero siempre está en las mismas búsquedas.

La erudición de la poesía manriqueana también le da un matiz peculiar a su producción poética, un sello épico con el que encumbra figuras de la historia regional olvidadas por la historia, pero que en la épica de Manríquez se le redimensiona.

“Tetabiate en el exilio”, como lo asegura David Huerta es una auténtica creación literaria capaz de alcanzar el equilibrio justo para presentar la figura épica e histórica de Tetabiate, el último caudillo épico de México, y sostener la voz colectiva de la intimidad yaqui que mantiene el recuerdo de su gran guerrero.

Entre lo filosófico, lo épico y lo amoroso la voz manriqueana se configura en las diferentes entregas que el poeta hace y que son retomadas en Lupercalia, capas por un lado de alcanzar altos vuelos, pero al mismo tiempo de atraernos al mar de Cortez donde se puede respirar el aroma de su tribu y de todo aquello del mundo que le toca vivir y que lo inspira para la creación poética más profunda e universal.

Esta última cualidad de la poesía manriqueana es la que configura al poeta como un sacerdote pagano que por una parte nos lleva mirar nuestro ser más tribal, pero al mismo tiempo no se desconecta del momento histórico-social, rico en significados, en imágenes y metáforas de la cultura en la que le toca vivir y de la cual forma parte.

Leer la poesía de Manríquez es necesario porque nos permite acercarnos a la historia, a la memoria de una región, a la cultura como un fenómeno profundamente espiritual y político al mismo tiempo capaz de llevarnos a buscar en la memoria social las raíces literarias y estéticas de quienes somos, de donde provenimos y de cómo se ha desarrollado nuestra sociedad.

Acerca del autor

Hermes D. Ceniceros es doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura en contextos plurilingües y multiculturales por la Universidad de Barcelona. Comunicador freelance y colaborador en espacios alternativos como Nuestra Aparente Rendición y Crónica Sonora.

Correo Electrónico

nar.hermes@gmail.com

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