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“Yo trabajé mucho, pero hay que saber descansar”, decía Don Gustavo Aguilar, el arquitecto de Hermosillo

POR Priscila Cárdenas

Gustavo Felipe Aguilar Beltrán tenía la teoría que el secreto para llegar a viejo caminando y con una buena memoria estaba en masticar 25 veces cada bocado y nunca excederse “ni de lo bueno ni de lo malo”.

El arquitecto tuvo razón, pues falleció el 21 de marzo de 2019 después de haber vivido un siglo. El próximo 26 de mayo llegaría a los 101 años de edad.

Era conocido como “el hombre que diseñó Hermosillo” porque fue el encargado de trazar los principales bulevares de la ciudad como el Navarrete, Luis Encinas, Morelos, Gómez Farías e incluso colonias enteras como la Pitic.

“Fueron todos los bulevares menos el Abelardo L. Rodríguez, porque ese lo quiso hacer el mismo general, en esa época había puras casitas chiquitas, no costó mucho dinero”, dijo el arquitecto en entrevista a Proyecto Puente en 2016.

También diseñó planteles educativos. La primaria Heriberto Aja o el puente que conecta la escuela Leona Vicario con el parque que lleva el mismo nombre fueron su idea.

Relatos y recuerdos

Sentarse a platicar con él era escuchar consejos e historias. Le gustaba relatar que nació en Tacubaya el 26 de mayo de 1918, por la “simple y sencilla razón” de que en el pueblo de Coahuila, donde vivían sus padres, no había partera, médico ni hospital.

También contaba con una sonrisa que llegó a Hermosillo el 2 de noviembre de 1943 porque Abelardo L. Rodríguez -entonces gobernador de Sonora- estaba buscando un arquitecto joven, y que ese mismo día conoció a Joaquinita Gutiérrez Carranza, con quien se casó a los dos años.

“Vi un par de ojos que estaban trabajando ahí y me encantaron, fue la primera muchacha que vi al llegar a Hermosillo y con esa me casé”, comentó Gustavo Aguilar Beltrán, en entrevista con Proyecto Puente en 2018.

Vida de labor y trabajo

Entre las historias que platicaba Gustavo Aguilar resaltaba que diseñó el edificio del entonces Banco de México -ubicado por la calle Rosales- así como inmuebles como el Hotel Gándara, el Molino La Fama y hasta el de Telemax. Aunque a su cargo estuvo proyectar calles, casas e inmuebles el arquitecto decía que su actividad favorita había sido hacer escuelas y así poder darle un impulso a la educación. Los colegios Regis, Regina e Imarc también estuvieron a su cargo.

“Yo trabajé mucho, horrores, no paraba y con rapidez, pero hay que saber descansar”, dijo en entrevista en 2018.

Al visitarlo en su casa -ubicada en la colonia Pitic- era interesante observarlo en su oficina, habitación de la cual se asomaban planos, maquetas y dibujos, así como un escritorio, desde el cual trabajaba de pie. Decía que eso lo mantenía saludable.

Era común que se sentara en un sillón de la sala, rodeado de fotografías de su esposa, sus cinco hijos e imágenes de nietos y bisnietos, o descansando en una silla de la cocina, observando el patio o el tren miniatura que colocó en el marco de la puerta porque le recordaba su infancia.

Era frecuente verlo en Bancomer -realizando sus trámites- o en el supermercado Ley del Bulevar Kino, tienda a la que acudía a recorrer los pasillos con el fin de cumplir su hábito favorito: caminar.

También se le veía cada domingo en misa de 12:00 en la iglesia del Espíritu Santo, ubicada en la colonia Pitic, lugar donde el viernes 22 de marzo -a esa misma hora- se llevará a cabo la ceremonia religiosa para despedirlo.

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