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Solsticio de primavera

Imagen ilustrativa: Internet

POR Nelsy Mendoza

Columna Retrovisor

Maya: In Lak ‘ Ech, Hala Ken.
Español: “Yo soy otro tú, tú eres otro yo”.

Hace unos días vi una publicación que mostraba un mapa de los vestigios arqueológicos en México. Dichos asentamientos tenían también un reflejo en el cielo, son un espejo de ciertas constelaciones, un logro de las matemáticas y la astronomía, ciencias que dominaban las grandes culturas que se asentaron en nuestro país.

Los mayas, muchas veces comparados con la cultura egipcia y sus pirámides, son ejemplo claro de la gran cultura de nuestros antepasados. Yo, como yucateca de corazón y proveniente de un linaje mestizo y orgulloso de sus raíces, no puedo más que emocionarme con el equinoccio de primavera y el descenso de la serpiente emplumada Kukulcán en Chichén Itzá, o el paso del sol a través de la puerta maya del Templo de las siete muñecas en Dzibilchaltún, por mencionar algunas de las ruinas mayas donde se puede apreciar no solamente la sabiduría de mis ancestros sino el equilibrio entre el día y la noche.

Durante este fenómeno, se realiza un rito maya para cargarse de energía. Los que visitan las tierras mayas levantan las manos al sol, por unos segundos que parecen eternos y que perduran para siempre en la memoria.

¿Qué hizo tan sabios a los mayas? Si las piedras hablaran dirían que los mayas observaron la naturaleza, los astros y sus ciclos, para construir sus ciudades orientándolas conforme a los movimientos astrales. Pero también, para anunciar un cambio de estación, el inicio de la siembra, la venida de las lluvias, el principio de la recolección.

Observaron, estudiaron, aprendieron y agradecieron. Valiosas lecciones de vida, que aún hoy nos negamos a comprender. No observamos la naturaleza, sino que intentamos dominarla. No estudiamos con humildad, sino que el conocimiento nos hace sentir Dioses, mucho menos, aprendemos, sino que seguimos cometiendo los mismos errores y tampoco agradecemos a la madre tierra que tanto nos da. Hoy por hoy, el ser humano no es uno con la naturaleza, sino que es uno contra ella. Nos hemos olvidado de esa comunión tan importante con nuestro entorno. Quizás por eso levantamos las manos al sol, para ponernos en sintonía con nuestra Madre Tierra y alcanzar ese equilibrio natural que tanta falta nos hace falta, a la humanidad.

Acerca del autor

Nelsy Mendoza Ramírez es comunicóloga con especialidad en Publicidad y Comunicación Organizacional.

Correo Electrónico

nelsymendoza81@yahoo.com.mx

Twitter

@nmmendoza81

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