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Regresa la memoria de los desplazados con “Agua pasa por mi casa”

POR Hermes D. Ceniceros

El Chato Ochoa despierta en un mundo de ánimas en pena parecido al de Juan Rulfo, se asemeja al de “Pedro Paramo” o al de “El Llano en llamas”, es el de la “Trilogía bajo el agua” de Sergio Galindo.

A diferencia del mundo narrativo de parajes áridos en donde los personajes aparecen de las polvaredas que se hacen cuando el aire sopla en medio de la nada, en el universo dramático de Galindo nacen del agua como claramente se ve en la primera escena de “Agua pasa por mi casa”, obra con la que comienza la temporada primavera de El Mentidero.

Estrenada hace 20 años la primera obra de la “Trilogía bajo el agua” introduce a los espectadores al drama de los desplazados por el progreso y los megaproyectos en Sonora, al mismo tiempo que ahuyenta al olvido, manteniendo a través del teatro la memoria colectiva de quienes aún tienen sus raíces en los pueblos de Tepupa, Batuc y Suaqui.

Aún con el paso de dos décadas, el reestreno de “Agua pasa por mi casa” sigue tan vigente como cuando se estrenó, tanto porque los efectos del hundimiento de los tres pueblos que inspiraron la trilogía siguen sintiéndose en las familias de los desplazados, como porque los conflictos sociales por megaproyectos continúan siendo recurrentes en la entidad.

En una interpretación magistral de Francisco Verú en el papel del Chato Ochoa la audiencia podrá reír y compadecerse con un personaje a quien han despojado tanto de su tierra como de su razón de ser y aun así se rehúsa aceptar que todo está perdido, que no se puede ensillar una bicicleta o que es imposible regresar para la milpa donde sí se siente como pez en el agua. Pero antes de llegar al momento en el que el personaje central sale a perseguir el sueño que el progreso le arrebató, la obra nos retrata las complicidades que se hacen entre los desterrados de este país en la amistad entre el Chato y Basilio, interpretado por Daniel Molina o Saúl Barrios.

Las tragedias que han traído una visión capitalista del progreso son expuestas en el drama de esta pieza de teatro que, al retratar la vida de los desterrados por la construcción de la presa de El Novillo en 1964, también nos muestra cómo los afectados pueden construir lazos de fraternidad haciendo caer prejuicios y regionalismos. Con la amistad y complicidad entre Basilio y el Chato es como Galindo nos muestra que tanto en el sur como en el norte se engendran pesadillas en nombre del progreso. El del sur desplazado por la falta de empleo, el norteño por la construcción de una presa, pero ambos se solidarizan en la tragedia de destierro, se acompañan en la locura que esta les provoca y se convierten cómplices en el aferramiento a recuperar sus sueños.

Hacer comunidad yendo al teatro de El Mentidero para ver “Agua pasa por mi casa”, aparte de que es ser partícipe de la memoria colectiva que se resiste al olvido de los pueblos de Tepupa, Batuc y Suaqui, es también hacer conciencia contra una idea de progreso extractivista que aún nos sigue ocasionando conflictos sociales, así como desplazados.

La obra estará en cartelera todo el mes de marzo en El Mentidero de viernes a domingo y a partir de mayo estará todos los sábados hasta el día 11.

Acerca del autor

Hermes D. Ceniceros es doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura en contextos plurilingües y multiculturales por la Universidad de Barcelona. Comunicador freelance y colaborador en espacios alternativos como Nuestra Aparente Rendición y Crónica Sonora.

Correo Electrónico

nar.hermes@gmail.com

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