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Perspectiva y realidad, no es lo mismo

Foto: La Jornada

POR Antonio Quintal Berny

Columna A toro pasado

La semana pasada Standar & Poor’s, bajo la perspectiva de la deuda soberana de México de “estable” a “negativa” y esta semana hizo lo mismo con Pemex y muchas empresas mexicanas que cotizan en bolsas de valores.

¡Se los dije, López Obrador está llevando a México a la quiebra! Es lo que expresan muchos críticos sobre el actual gobierno basados en estos hechos. Son los mismos que hicieron circularon memes o artículos de fondo el año pasado acerca de que el dólar de iría a 30 pesos en la primera semana de gobierno de AMLO, que la inflación llegaría a dos dígitos en el mes de diciembre pasado y que la cancelación del aeropuerto representaría un descalabro mayúsculo a la economía y el turismo mexicano en los primeros tres meses.

Por fortuna, pero sin basarse en la suerte, ninguna predicción ha resultado. El peso está más fuerte que al inicio de la administración, la inflación se ha mantenido bajo control, México ha continuado pagando sus deudas, tanto internas como externas y el flujo de inversiones extranjeras no ha mostrado tendencias significativas a la baja; también, las medidas tomadas sobre los salarios mínimos han incrementado el valor de salario de manera real, ciertamente, minando los niveles de retornos excesivos que solían tener muchas empresas, pero si que la producción decaiga significativamente.

El cambio en la perspectiva de la deuda soberana de México anunciada por Standar & Poor’s no dice que sea malo invertir en México, lo que dice es que es probable que en un año o más pueda serlo, basado en los cambios de política económica que está haciendo la actual administración.  Haciendo una burda comparación sería como pronosticar que un boxeador perderá la pelea pactada a 6 rounds, porque puso la rodilla en el piso en el primero.

Efectivamente las medidas en materia económica que ha tomado el actual gobierno, pueden parecer riesgosas; el rescate de Pemex, el replanteamiento de las políticas energéticas, el incremento de los salarios mínimos y otras más que a escasos 100 día de la administración se han tomado a la velocidad que en ningún otro período similar se había tomado.

Es claro que el efecto de todo ello es difícil de predecir, por lo cual efectivamente se incremente la incertidumbre sobre la economía de México, eso es lo que hace que la perspectiva de la deuda soberana decrezca, pero no indica que vayamos directamente a un precipicio económica.   Lo que puede modificar la calificación de la deuda soberana del país en los próximos 18 meses es que las medidas tomadas tengan efectos adversos que hagan que las variables macroeconómicas como el tipo de cambio, la inflación, el servicio de la deuda y la inversión tengan comportamientos erráticos en ese período.

El cambiar medidas económicas que no ha funcionado ha sido, en mucho, la tónica de este gobierno.  Veamos por ejemplo la apertura energética; desde hace dos años, aunque dominante, Pemex no es el único jugador en la venta de gasolinas al público ni el único autorizado para explotar campos petroleros.  ¿Qué ha pasado con esto? Nada, ni se ha asegurado el abasto, como lo vimos en la crisis del guachicol en enero, ni se ha incrementado la producción de crudo, ni Pemex ha salido del hoyo económico y fiscal que arrastra por muchas décadas, mayormente por la corrupción alarmante que mantiene.  De la reforma energética solo se ha visto que haya letreros diferentes en las gasolineras y que se subasten campos petroleros, nada que beneficie al consumidor de la calle o que incremente la calificación de la deuda soberana de México.  Así mismo, la cancelación de nuevo aeropuerto o la Fórmula Uno del automovilismo, en mucho porque la hacienda pública, quien más ponía era quien que menos obtenía; eran proyectos con altísimos índices de corrupción, no han producido efectos negativos en el turismo, si lo hacen, eso contribuiría a que la perspectiva crediticia de México se convirtiera en una realidad. Pero por lo pronto no ha pasado y hay confianza en que no pase.

Por lo pronto, la calificación económica de México es buena, como lo indica su calificación soberana de todas las calificadoras, la perspectiva es negativa porque las medidas económicas son muchas y sus efectos impredecibles; de concretarse efectos negativos en el mediano plazo, la calificación se reducirá, pero si, por el contrario, son imperceptibles o mejores, la calificación se mantendrá o, en el mejor de los casos, mejorará.

No hay que adelantar vísperas.

Acerca del autor

Antonio Quintal Berny es socio-director de WB Solutions, Talento en Movimiento; ha sido director general del Tecnológico de Monterrey, Campus Sonora Norte; rector de UVM y UNO, subsecretario de Fomento Industrial y director general de Copreson; es conferencista, expositor y facilitador en congresos, seminarios y talleres en México y otros países y profesor en varias universidades de cursos en administración e ingeniería en profesional y posgrado.

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