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Las pensiones mexicanas

Foto tomada de Expansión

POR Javier Cázares Sánchez

Muchos hemos oído el refrán que dice ‘no te arrugues, cuero viejo, que te quiero para tambor’. Su significado es invitarnos a que no nos rindamos ante la adversidad y mantengamos nuestro esfuerzo.

El sistema de pensiones de cualquier país es una fuente de estabilidad para su población, ya que si es bien diseñado podrá proveer tranquilidad en la última etapa de vida de cada uno de los ciudadanos, pero de no ser un buen sistema genera una bola de nieve que afecta a toda la población.

En México se hizo una reestructura al sistema de pensiones en los noventa ya que el sistema anterior estaba por colapsar. A partir de esa reforma se crearon las afores y se empezó a tener cuentas individualizadas para cada uno de los trabajadores del sector privado, de tal forma de cada uno de ellos pueda saber cuánto dinero está ahorrando para su retiro.

Sin embargo, ese sistema que tiene mas de 20 años trabajando en el sector privado formal, todavía no termina de conocerse por muchos de los mexicanos y tampoco será una solución para muchas de las personas al momento de jubilarse, debido principalmente que una amplia parte de los mexicanos trabajan en la informalidad y realmente no están ahorrando para su retiro.

La distribución demográfica en México permitió por muchos años tener esquemas de pensiones mal diseñados pero que eran funcionales porque teníamos una pirámide poblacional, muy pocas personas eran viejas y los nuevos trabajadores eran muchos, los que entraban al sistema pagaban las pensiones de los que iban saliendo de su edad productiva.

Hoy nos enfrentamos al menos tres realidades diferentes, primero la distribución poblacional se ha ido achicando en su base, cada vez proporcionalmente menos empleados están entrando, en segundo lugar, el diseño anterior estaba pensado para que alguien se jubilara a las 65 y solo durara de 5 a 10 años en el sistema, esa era la expectativa de vida y tercero los costos de atención a la salud se han ido multiplicando.

Se habla mucho de corrupción como la única causa de los problemas que se están haciendo cada día más grandes en el sistema de pensiones y de atención a la edad adulta, pero la realidad es que el sistema tiene muchas partes que están mal diseñadas y la cultura imperante no facilitará hacer las modificaciones que aún hacen falta hacer.

Hoy mucha gente está contenta porque se incrementaron las cantidades que se están repartiendo como pensiones, siempre es una buena noticia que la gente adulta tenga mejores ingresos. Lo que tenemos que tener en cuenta es que esas cantidades no vienen de un ahorro formado durante el tiempo sino del gasto corriente, por lo que un incremento aquí significa que se deja de invertir en algún otra parte.

Por otro lado, seguimos viendo muy natural que gente se pueda jubilar a los 50 años en algunos sistemas o que se incrementen el sueldo de sus últimos años o meses de cotización para recibir una mejor pensión. Tenemos que entender que la base de estos sistemas es que son modelos de ahorro, lo que salga de ellos debe de provenir de años de aportaciones para que sean sustentables.

Otra realidad es que las aportaciones que son descontadas a los trabajadores del sector público se hacen del sueldo base, una parte chica de sus ingresos, y la pensión que se les da es sobre los ingresos totales, eso tampoco es sustentable ya que no están aportando en proporción a lo que esperan retirar.

En los próximos años veremos un incremento de los problemas financieros de muchos de estos sistemas, tarde o temprano se tendrán que tomar medidas drásticas ante la falta de viabilidad económica de las pensiones en los modelos actuales

Muchos piensan que solo es cuestión de meter más recursos a las pensiones, la realidad es que no hay dinero que alcance, los presupuestos públicos no podrán soportar el nivel de crecimiento de los pagos de pensiones, en especial en el sector público, y se tendrán que hacer cambios de fondo, esperemos no pasen muchos años antes de que se acepte esta realidad.

En México tenemos que empezar a llamar las cosas por su nombre, aceptar las cosas como son, en vez de querer encontrar a quien echarle la culpa de nuestros problemas o quedarnos contentos porque nos regalan dinero. En la medida que entendamos nuestra realidad, podremos empujar cambios para crear mejores instituciones, mucho depende de nosotros los ciudadanos.

Acerca del autor

Javier Cázares Sánchez es consultor organizacional y analista en temas de seguridad.

Correo Electrónico

javier.cazares@outlook.com

Twitter

@jcazares66

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