El trágico y memorable febrero mexicano de 1913. Parte 2 - Proyecto Puente
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El trágico y memorable febrero mexicano de 1913. Parte 2

Imagen: Internet

POR Héctor Rodríguez Espinoza

Su vida de no muchos años, y su libro, de no muchas páginas, constituyen un sólido pilar del ideal de la educación y de la cultura por la democracia en el México del siglo XX y de siempre

III. El mandato de Madero se caracterizó por encabezar un gobierno democrático preocupado por las condiciones de vida del pueblo llano, aunque no sabría satisfacer las aspiraciones de cambio social que tendrían las masas revolucionarias, lo cual provocó alzamientos armados, como el del campesino Emiliano Zapata o la rebelión de Pascual Orozco.

IV. Marcha de la lealtad a Francisco I. Madero

En la madrugada del 9 de febrero de 1913 se inició una sublevación en la Ciudad de México con la intención de derrocar al presidente Francisco I. Madero. Los generales Manuel Mondragón, Félix Díaz y Bernardo Reyes, apoyados por los cadetes de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan y la tropa del cuartel de Tacubaya, tomaron por asalto el Palacio Nacional. El sitio fue rescatado por el general Lauro Villar. Durante la refriega murieron casi un centenar de civiles y soldados, entre ellos el general Bernardo Reyes. Los rebeldes, a pesar de contar con superioridad numérica, decidieron retirarse para refugiarse en La Ciudadela.

El presidente Madero, atento a los sucesos, fue informado por el ministro de Guerra Ángel García Peña que el Palacio había sido recuperado. Fue entonces cuando decidió iniciar la marcha hacia Plaza de la Constitución, se entrevistó con el director interino del Colegio Militar, teniente coronel Víctor Hernández Covarrubias y arengó a los cadetes para que lo acompañaran:

“Ha ocurrido una sublevación y en ella la Escuela de Aspirantes, arrastrada por oficiales indignos de su uniforme, ha echado por tierra el honor de la juventud del ejército. Este error sólo puede enmendarlo otra parte de la juventud militar, y por eso vengo a ponerme en manos de este Colegio, cuyo apego a la disciplina y al deber no se ha desmentido nunca. Os invito a que me acompañéis en columna de honor hasta las puertas del Palacio, asaltado esta madrugada por los Aspirantes y sus oficiales y vuelto otra vez a poder del gobierno gracias a la energía del Comandante Militar de la Plaza, que ha sabido reducir el orden de los revoltosos”.

El presidente, montando a caballo, fue resguardado por trescientos cadetes, vestidos con su uniforme de gala, y por los miembros de la Gendarmería Montada que habían sido convocados por el gobernador del Distrito Federal, Federico González Garza. El trayecto de la marcha se efectuó por el Paseo de la Reforma y por la avenida Juárez. La caravana hizo una pausa deteniéndose en la Fotografía Daguerre debido a un proyectil disparado desde el edificio de la Mutua, hoy Banco de México. Al contingente se fueron uniendo Gustavo A. Madero, el secretario de Comunicaciones Manuel Bonilla, el secretario de Hacienda Ernesto Madero, y muchos civiles. Asimismo, el general Victoriano Huerta se hizo presente en el sitio.

Debido a que Lauro Villar había resultado herido durante los acontecimientos, Huerta logró hacerse nombrar comandante de la plaza. El capitán Federico Montes informó a Huerta de la captura del general rebelde y diputado federal Gregorio Ruiz, a continuación se giraron órdenes para su fusilamiento. Aunque algunos historiadores culpan de este hecho a Gustavo A. Madero, algunos otros consideran que Huerta, sabedor de que Ruiz conocía sus implicaciones con los sublevados, decidió silenciarlo para siempre. Huerta quiso fusilar a varios jóvenes aspirantes, pero Gustavo A. Madero y García Peña se opusieron debido a la juventud de los prisioneros.

Una vez en Palacio, Madero celebró una junta con sus secretarios. Se acordó llamar a los cuerpos rurales de Tlalpan y de San Juan Teotihuacán, al 38.° batallón de Chalco, y al 29.° batallón de Toluca, comandado por Aureliano Blanquet; el propio Madero se dirigió a Cuernavaca para solicitar el apoyo de la brigada del general Felipe Ángeles. Sin embargo, las acciones bélicas en torno a La Ciudadela continuaron, nueve días más tarde el golpe de Estado logró su fin, gracias a las traiciones perpetradas por los generales Huerta y Blanquet.

El tránsito entre la ideología y el martirio de Madero se envilece con la función del traidor de Huerta y del embajador norteamericano Henry Lane Wilson, en el pacto de la embajada, episodio calificado como “uno de los capítulos más sombríos de la historia de la democracia en América”.

VI. Otra noche triste

Un 22 de febrero, a las 10:00 de la noche -otra noche triste- fueron abatidos Francisco I. Madero y José María Pino Suárez.

Acerca del autor

Héctor Rodríguez Espinoza es licenciado en Derecho Certificado, doctor en Derecho por la Universidad de Sonora, investigador de Derecho, expresidente del Consejo de Certificación de la Barra Sonorense de Abogados A.C; director del Centro Cultural Mario de la Cueva/Eduardo García Máynez.

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