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La sociedad civil y el sentido común hegemónico

Imagen: Internet

POR Hermes D. Ceniceros

Se aproxima el final del seminario virtual de What is politics? en el Colegio de Sonora y los seminaristas tenemos la responsabilidad de formular algunas preguntas a los profesores Noam Chomsky y Marvin Waterstone con la intención de generar un dialogo intelectual transfronterizo que nos ayude a fortalecer una red de resistencias contra el capitalismo gánster en ambos lados de la frontera.

Del lado de acá las preguntas deben girar en torno a la realidad social y política que estamos viviendo, así como los cambios que vemos se están dando por lo que mediáticamente se conoce como la cuarta transformación, mote con el cual el presidente actual Andrés Manuel López Obrador llamó en campaña a su propuesta de gobierno. Entre los cuestionamientos que los seminaristas hemos formulado en plenaria van los que se dirigen al papel del Estado en un cambio de régimen como el que se está proponiendo, así como el de la sociedad civil, tomando en cuenta tanto el contexto histórico del poder en el país, como la lucha entre corrientes progresistas y conservadoras, vulgarmente diferenciadas entre izquierda y derecha.

Durante la visita de Chomsky del año pasado a Hermosillo se dio un encuentro con Andrés Manuel López Obrador, quien también se encontraba de visita en medio de la campaña electoral. Después de una conversación entre los dos, el intelectual estadounidense le dio el visto bueno como propuesta política antiestablishment. Recuerdo este momento porque ahora que comienza la cuarta transformación, el Presidente reiteradamente ha manifestado su desconfianza a la sociedad civil –tanto calificándola como fifí, como con acciones de gobierno que muestra claramente por su desinterés porque el tercer sector continúe desarrollándose- algo que contrasta con la propuesta del seminario de construir organizaciones colectivas para resistir los embates del capitalismo gánster.

Distanciándome de la visión maniquea que los medios masivos y el algoritmo de las redes sociales nos proponen para ver  la realidad política y social de México dividida entre fifís y chairos, propongo que ignoremos al presidente que estigmatiza a la sociedad civil para que en vayamos más allá y sigamos el dinero que las financia. Y es que efectivamente, el tercer sector no es casto y puro como nos lo quisieron vender con el discurso de que los ciudadanos son buenos y los partidos políticos son pura corrupción, la realidad es que en todas las organizaciones existen intereses y disputa por el poder. Las OSC no están extensas y de aquí la importancia de que por un lado no demos por un hecho que todas las propuestas de la sociedad civil son buenas y vienen con la legitimidad de una colectividad, así como que por otro lado reconozcamos que las AC impulsan agendas que están sujetas a intereses privados que pueden ser de grupos corporativos, grupos de poder o comunidades con toda una variedad de ideologías que van desde las más conservadoras hasta las progresistas y comunitarias.

Teniendo claro que las OSC obedecen a agendas diversas es que la división maniquea entre fifís y chairos queda corta, y en cambio nos alertamos en el cuidado que debemos de tener al escuchar una propuesta de estas, porque quizás su agenda sea perpetuar en el sentido común de una sociedad los intereses de un grupo de poder o conservar la moral de una religión sobre otras posturas.

Como ejemplo de lo anterior podemos ver que localmente existen algunas AC que con un discurso supuestamente ciudadano tocan temas públicos, o incluso acceden a fondos públicos, para difundir sus posiciones morales ante temas como el aborto, la regulación de drogas y el matrimonio igualitario, sin reconocer los derechos humanos tanto a la salud, como al libre desarrollo de la personalidad porque eso se contrapone a sus creencias religiosas. (Por cierto, sin negar el derecho a la libertad de expresión que tienen estas agrupaciones, nos debe de preocupar que accedan a dinero público porque el usó que le dan a este no respeta la laicidad que deben tener las acciones que se hacen con este recurso. Cuando el Estado apoya a estas AC no solamente hace mal uso de los recursos públicos por favorecer económicamente a una expresión religiosa, algo que no está bien en un Estado que se presume como laico, sino que también está permitiendo que los grupos de poder conservadores de la hegemonía perpetúen su discurso en el sentido común de una sociedad.) Así también en lo nacional es evidente la existencia de AC que traen agendas financiadas por corporaciones y que claramente tienen el propósito de debilitar las propuestas políticas que no favorecen a sus intereses políticos, muchas de ellas también con claros nexos con grupos conservadores a los que les molesta el avance de los derechos humanos en nuestra sociedad.

La desconfianza del presidente a la sociedad civil que llama fifí en algunos casos puede ser válida por los intereses que estas puedan ocultar, sin embargo no es así con todas, pues también existen aquellas que vienen de movimientos sociales o en favor de los derechos humanos que legítimamente han mantenido causas progresivas. ¿Valdría la pena que en esta cuarta transformación también se revise a la sociedad civil para poder distinguir los intereses reales de las AC, apoyando a las que vienen tanto de luchas sociales como de la defensa de los derechos humanos y dejando en evidencia aquellas que tienen el apoyo de intereses corporativos o de grupos conservadores de la hegemonía?

Acerca del autor

Hermes D. Ceniceros es doctor en Didáctica de la Lengua y la Literatura en contextos plurilingües y multiculturales por la Universidad de Barcelona. Comunicador freelance y colaborador en espacios alternativos como Nuestra Aparente Rendición y Crónica Sonora.

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nar.hermes@gmail.com

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