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El conocimiento nos hace responsables

Imagen ilustrativa: Internet

POR Javier Cázares Sánchez

Le da nombre a mi colaboración de esta semana una frase de Ernesto ‘Che’ Guevara, médico, político, guerrillero, escritor, periodista y revolucionario argentino, uno de los íconos del comunismo, ideólogo y comandante de la revolución cubana.

Esto en referencia a los nombramientos que se han estado dando en la nueva administración federal para ocupar puestos de responsabilidad, a personas con escasos estudios o con conocimientos en áreas muy diferentes a las funciones que habrán de desempeñar.

Si el conocimiento nos hace responsables, la falta de conocimientos nos haría irresponsables, es decir no podemos esperar que alguien que evidentemente no cuenta con los conocimientos necesarios para desempeñar un puesto pueda llevar a cabo sus funciones de manera responsable.

Obviamente una persona con pocos conocimientos puede ser una persona responsable, puede cumplir con obligaciones por tener la virtud de ser cumplida, el punto es que cuando no contamos con la preparación adecuada para hacer algo, nuestra capacidad se reduce a lo básico, es poco probable que puedan hacer un buen papel, sobre todo dado el reto que tienen por delante.

Se dice por parte de las nuevas autoridades que, aunque estos nuevos funcionarios no cuenten con la preparación necesaria, suplen sus carencias formativas con honestidad, no dudo que puedan ser buenas personas, pero la virtud de la honestidad precisamente los llevaría a no aceptar un puesto para el que no están preparados.

Esto no debe de ser clasificado como una objeción clasista o discriminatoria, cualquier persona debe poder aspirar a estos puestos, si cuenta con las credenciales necesarias, nadie debe criticar un nombramiento en base a cuestiones que no tengan que ver con méritos y capacidades.

¿Se imaginan que un equipo de beisbol escogiera a sus jugadores basados en su honestidad, no importándoles sus conocimientos y habilidades para desempeñar la posición en la que los van a poner?

¿Estaríamos dispuestos a que atendiera nuestra salud una persona sin estudios de medicina, sólo basados en que es una buena persona y que quiere hacer bien su trabajo?

Es cierto que tampoco el contar con suficientes conocimientos y habilidades en automático convierte a una persona en un buen funcionario, hemos tenido servidores públicos pésimos, aunque estuvieran muy preparados, el punto es que se debe de contar con ambas capacidades, conocimientos y virtudes humanas.

Para cualquier político hoy en día es fácil venderse si se presenta como honesto y diferente a lo anterior, la sociedad está ansiosa de ver nuevas formas de gobernar, pero hoy más que nunca se esperan resultados diferentes, se espera acabar con vicios que nos han costado mucho, la aceptación que han tenido hasta ahorita puede cambiar muy rápidamente a rechazo si no se cumple con expectativas.

Si realmente queremos contar con gobiernos honestos no bastará con buenas intenciones, los países que han tenido éxito combatiendo la corrupción han cambiado las reglas y los incentivos, han subido el costo de ser deshonesto, han premiado la capacidad y los resultados de sus funcionarios públicos sobre la demagogia, las limpias y las cacerías de brujas.

La honestidad no es solo un tema de personas, requiere de mejores instituciones, leyes, balance de fuerzas, contrapesos, organismos reguladores, rendición de cuentas, transparencia y muchos otros elementos que han sido probados en todo el mundo y dan resultados.

Hoy se está cuestionando la autonomía y la justificación de muchas de las instituciones que se han venido construyendo, precisamente para reducir la discrecionalidad y la falta de rendición de cuentas de las entidades gubernamentales, es mejor fortalecerlas y mejorarlas que eliminarlas, entre menos concentrado este el poder, mejores resultados podemos esperar.

En la medida que dejemos de confiar en caudillos, tlatoanis, tatas, padres buenos y todas esas figuras mitológicas en las que hemos querido confiar en el pasado, y en vez de ellos todos actuemos de una forma madura exigiendo vida institucional de parte de nuestros políticos y en general pongamos la razón sobre nuestras emociones, empezaremos a construir un país fuerte.

Acerca del autor

Javier Cázares Sánchez es consultor organizacional y analista en temas de seguridad.

Correo Electrónico

javier.cazares@outlook.com

Twitter

@jcazares66

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