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Responsables de nuestro bienestar

Imagen ilustrativa: Internet

POR Javier Cázares Sánchez

En México se habla de operar un sistema de 25 millones de tarjetas del Bienestar, aunque todavía no se conoce mucho acerca él, es decir sus metas, objetivos, controles y muchos otros aspectos básicos que cualquier otro programa de gobierno debe de contar, ya empieza a preocupar los impactos que dicha acción va a traer en las finanzas públicas.

Hoy nos empezamos a enterar que mucha gente ya fue empadronada para recibir ayudas por su edad, por no tener trabajo, para evitar que sigan cometiendo el delito de robo de combustible, préstamos para proyectos, apoyos para pagar el cuidado de menores, entre algunos otros más.

En México se tiene documentado que alrededor de 70 millones de personas reciben algún tipo de apoyo, desde préstamos para el campo, subsidios para la energía eléctrica, becas, apoyos para la reforestación y un largo listado de programas que desde hace muchos años se han establecido.

De acuerdo con las estadísticas que guarda el Banco Mundial, la cantidad de mexicanos que viven en extrema pobreza se redujo de 11.1 millones en 1998 a 3.2 millones en 2016, es decir, se estima que menos del 3% de la población vive con ingresos inferiores a los dos dólares diarios, cuando existen países con más del 50% de su población en ese nivel de ingresos.

Definitivamente existe mucho por hacer en materia de mejorar el bienestar de la población mexicana, efectivamente hay un número importante de personas que ocupan del resto de la sociedad para mejorar su nivel de vida por ser vulnerables, por lo que debe de ser un compromiso de todos buscar un desarrollo económico y social parejo.

Los programas de apoyo social son una herramienta utilizada por muchos gobiernos en el mundo, generalmente con la intención de fortalecer a determinados grupos sociales o de favorecer o hacer competitivas a ciertas actividades económicas o a regiones de algún país, para evitar algún mal que se considera más grave que esta solución.

Uno de los problemas de estos programas de apoyo es que representan mayor gasto público, por lo tanto, conllevan la necesidad de nuevos o mayores impuestos a menos que específicamente se paguen con economías en otros rubros, o como comúnmente sucede, se paguen con nuevos préstamos, que cada vez más limitan el accionar de nuestros gobiernos.

Dado el alto nivel de endeudamiento con el que ya contamos como país, no será posible para la nueva administración federal apoyarse demasiado en más deuda, muchos creen inocentemente que el combate a la corrupción podrá fondear estos programas, pero más bien lo que vemos es la reducción de inversión en infraestructura, eliminación de gastos de mantenimiento, cierre de programas que no sean tan visibles, entre otras medidas similares.

No existen soluciones mágicas, el gobierno no puede proveernos de bienestar a todos los habitantes, en primera instancia es nuestra responsabilidad, claro que, sí se puede hacer mucho por crear las condiciones favorables para que la población tenga mejor nivel de vida, pero repartir apoyos a grandes segmentos de la población será insostenible.

Los programas de apoyo social obviamente no son malos en sí, pero fácilmente pueden ser utilizados electoralmente, tienden a crear dependencia de los beneficiarios, pueden utilizarse para obligar a la gente a simpatizar con determinado personaje o movimiento, se prestan para abusos y corrupción, entre otros muchos vicios, por lo que no es fácil administrarlos eficazmente.

Es fácil aceptar ser beneficiario de programas sociales, pasan a tu casa y te empadronan, te invitan a afiliarte con procedimientos muy sencillos, a todos nos gusta el atractivo de recibir dinero a cambio de nada, a la mayoría no le estorba recibir un dinero extra.

Debemos de pensar que en la realidad sí existen muchas personas que no tienen otra forma de salir adelante y que deberíamos dejar para ellos este tipo de apoyos.

Los países que abusan de su nivel de gasto público terminan afectando a la economía de su población, si volvemos a andar por esos caminos se reducirán nuestras calificaciones de instituciones evaluadoras, dejaremos de ser destino de inversiones, tendremos inestabilidad en el tipo de cambio y en el control inflacionario, seamos responsables y no fomentemos el regresar a los vicios de pasado, seamos críticos de los excesos, nuestro país lo construimos todos, todos los días.

Acerca del autor

Javier Cázares Sánchez es consultor organizacional y analista en temas de seguridad.

Correo Electrónico

javier.cazares@outlook.com

Twitter

@jcazares66

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