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Albert Camus o el arquetipo de lo humano

Imagen: Internet

POR Fernando Celis

Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Argelia; es uno de los muchos escritores europeos nacidos en África. Ganó el Nobel literario en 1957 y murió en un accidente automovilístico el 4 de enero de 1960. Las iniciales de su nombre coinciden con las de mi padre, que también murió un 4 de enero.

El semestre escolar anterior a aquél en el que me encargaron leer Confabulario, el “Plumas”, un amigo con el que coincidí en el salón de clases desde del kínder hasta la prepa y que no debe su apodo a cuestiones relacionadas con flatulencias, sino a que en la primaria siempre mordía el contenedor de la tinta de las plumas Bic y todos los días terminaba con la boca, manos y camisa manchada, expuso en una clase el libro El Extranjero y recuerdo que llamó profundamente mi atención.

El siguiente semestre le propuse a mi maestra cambiar la lectura de la obra de Arreola por la de Camus, pero recuerdo que cuando me preguntó la razón del cambio, además de decir que no entendía Confabulario agregué que un amigo me había hablado de El Extranjero y esa obra llamaba mi atención. No confió en la sinceridad de mis razones y me encomendó otro título.

Pasaron varios títulos antes de que por fin lo leyera y recuerdo que, al igual que con La náusea de Sartre, a algunas personas les gustaba decir que te deprimías automáticamente una vez concluida su lectura. De mis lecturas iniciáticas solo vienen a mi mente dos libros que me hayan conmovido con tristeza o coraje, La metamorfosis, que me hizo llorar, y Doña Perfecta, que en cada línea me provocaba pequeños destellos de ira.

Con el libro del franco-argelino la cosa fue distinta, no me conmovió, pero me identifique con Meursault, que a primera lectura da la impresión de ser un personaje anhedónico o abúlico, pero a mí me pareció que ponía atención en los detalles verdaderamente importantes.

Nuestro antihéroe es un individuo ensimismado que conoce profundamente su ser interior y se desespera ante la imposibilidad de comunicar su razón de ser y estar en el mundo, sabe que su existencia es fortuita, asimila y acepta este hecho y así es feliz; pero vienen otros seres humanos con la misma condición y le exigen justificaciones. Le exigen que se conmueva ante la muerte de su madre, como si fuese un acontecimiento especial y no el desenlace inminente de todo lo que nos rodea. En relación con la enfermedad que padecía (tuberculosis), alguna vez escribió “¿Por qué me ataca esta enfermedad, a mí, que he nacido para el placer y la felicidad?”.

También llamó mi atención su prosa parca y oportuna, Camus nunca se anduvo por las ramas, era claro y tajante en sus opiniones y esto le valió que sus amigos más allegados lo condenaran al ostracismo. El conocimiento del carácter y personalidad de este autor despertó en mí la curiosidad por el resto de sus obras, por lo que tengo un sinfín de anécdotas por las que puedo aproximarme para narrar cómo lo descubrí, aunque aquí haría falta espacio.

Por lo pronto enumero tres sucesos que me orientaron a otras de sus obras y a leerlo con atención, pero también me disculpo porque la seguridad con que narro los hechos está impregnada de falsedades fruto de la imprecisión de mi memoria.

Si no hubiese sido por el “Plumas”, mi primer acercamiento a Camus habría sido otra vez El extranjero, gracias al ensayo que de él hace Mario Vargas Llosa en La verdad de las mentiras, que a su vez me recomendó mi papá junto con otros títulos que después comentaré.

El siguiente libro que leí fue el ensayo de El mito de Sísifo; me influyó tanto que en la Universidad decidí realizar una tesina sobre la eutanasia. Con esos dos libros bastó para que me obsesionara y recuerdo que, aunque pocas veces mantuve conversaciones con mi papá, logró percatarse de mi interés y me regaló Calígula, personaje distinguido en el mundo del derecho romano.

Como dije, hubo una época en la que me emborraché de Camus y leí casi toda su obra, de memoria puedo citar El hombre rebelde, El primer hombre, El exilio y el reino, Bodas, El revés y el derecho, El malentendido, Los justos, Los posesos, La Peste (mi favorito), Crónicas argelina, Crónicas, La caída y tal vez algún otro. Bueno, el punto es que leí El malentendido y vi la obra de teatro mucho después de haber leído El extranjero, pero alguna vez se me ocurrió releer este último libro y me percaté de que cuando Meursault está en la cárcel, encuentra un periódico en el que lee una noticia trágica: un individuo rico que de muy joven abandonó a su madre y hermana, decide regresar y congraciarse con ellas. Para subsistir, ellas se dedican a rentar una habitación de la casa y acostumbran robar y asesinar a sus huéspedes. Imaginen el trágico final. Pues bien, esa noticia es el drama que se narra en El malentendido y para mí es el primer ejercicio meta-literario del que tengo registro.

Pienso que, dado el estado político actual, Camus es un autor al que deberíamos recomendar impetuosamente. Su literatura, su pensamiento y práctica política, su ética y moral son arquetipos portentosos. Tal vez podamos empezar a sentirnos inspirados para explicar los detalles más nimios, lo verdaderamente importante, esforzarnos en comunicar lo inefable, aunque sea por pura humanidad.

Acerca del autor

Fernando Celis es licenciado en Derecho por la Universidad de Sonora; maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Ha trabajado en el gobierno federal y en el de la Ciudad de México en los ámbitos Ejecutivo y Legislativo. Ha sido publicado en la revista Junio 7 (Sonora) y Cucaracha de Papel (Jalisco).

Correo Electrónico

fer.celis@gmail.com

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