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Fox y Los Chupaductos

POR Alejandro Sanchez

Columna Contra las cuerdas

Un día los huachicoleros no se llamaron así.

Era 2001 cuando Raúl Gibb Guerrero, director del diario La Opinión de Poza Rica, escribió los primeros reportajes sobre una banda dedicada al robo de combustible y los bautizó como Los Chupaductos. Fue una serie de varias entregas que destacaron después de la primavera del año siguiente, fecha en que se registró la primera explosión en una toma clandestina de Coatepec.

Gibb no se intimidó, y continuó con su labor, a pesar de amenazas anónimas. En 2005 puso al descubierto nuevos detalles sobre la operación criminal. Ofreció santo y seña, así como nombres de quienes lideraban la banda y cártel.

También descubrió almacenamientos de combustible en Coatzacoalcos, Cosoleacaque y Poza Rica. El trabajo le mereció, de manera indiscutible, al valiente colega y equipo de colaboradores el Premio Nacional de Periodismo.

La información entonces llegó a las oficinas de la PGR y a Los Pinos del entonces presidente Vicente Fox, cuyas expectativas para la transición de un nuevo modelo de gobierno estaban más que desinfladas. Por esas fechas, los caricaturistas tenían temas de sobra para dibujar al ranchero locuaz, de botas y sombrero metido en Los Pinos. Hacía penosas declaraciones como “los mexicanos en EU están haciendo el trabajo sucio que ni los negritos quieren hacer”.

A Fox se le estaba viniendo abajo una operación política para desaforar, en ese periodo también, a López Obrador con tal de sacarlo del camino por la candidatura a la Presidencia para apoyar a Felipe Calderón, aunque inicialmente este panista no era su candidato. Rendido ante Andrés Manuel y su popularidad, el primer presidente panista mucho menos quiso enfrentar el tema de Los Chupaductos. Dijo a colaboradores suyos que ese problema se lo dejaba a quien fuera su sucesor. “Porque se va a mover el avispero”, cuentan que eso comentó con su peculiar acento ranchero.

Ni siquiera hizo el intento a pesar de que el Senado aprobó un punto de acuerdo mediante el cual solicitó a la Secretaría de Energía y a Pemex información sobre el estado en el que se encuentran los ductos de Pemex para tomar acciones al respecto, pues la pérdida para la paraestatal alcanzaba entonces 20 mil millones de pesos al año.

Una tarde del mismo 2005 enviados de un tal Martín Rojas, líder de Los Chupaductos, ligado a los Zetas, entraron al diario e intentaron sobornar a Gibb para que dejara de publicar. Luego Rojas pagó desplegados en otros diarios, donde aseguraba que Gibb lo quiso sobornar para dejar de publicar y a los días siguientes el director del diario fue ejecutado. A partir de ahí, junto con el caso del reportero Alfredo Jiménez Mota, del Imparcial de Sonora, empezaron en el país los levantamientos y ejecuciones en contra de periodistas.

Por eso lastima e indigna tanto cualquier opinión de Fox o Calderón sobre el plan de López Obrador para acabar con los huachicoleros. No tienen perdón.

Tomada de El heraldo de México

 

Acerca del autor

Alejandro Sánchez es periodista y autor de la columna Contra las Cuerdas, de El Heraldo de México.

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