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La hojarasca de Gabriel García Márquez, y el traslado a Macondo

Imagen de Internet

POR Fernando Celis

Comencé a leer a edad adulta. Tenía 16 o 17 años cuando, durante unas vacaciones de verano, estaba tan aburrido que una de mis hermanas me dijo que me entretuviera con Los funerales de la mamá grande.

Foto: Memo Vázquez*

Ese fue el primer libro que leí por voluntad con el fin de perder la conciencia del transcurrir del tiempo hasta que tropezara con algo más en qué recrearme. No me gustó pero cuando lo concluí tomé otro título del mismo autor, La hojarasca.

Obviando el evidente gusto por Cien años de soledad, es probable que La hojarasca sea el mejor libro, y más infravalorado, de García Márquez. Aunque nunca menciono esta obra y tampoco se encuentra entre las favoritas, mi experiencia con ella fue fundamental para la formación de un gusto personal.

Fue la primera novela de García Márquez, publicada en 1955 y en ella se aprecia, lo descubrí posteriormente, una fuerte influencia de Albert Camus, particularmente el lenguaje parco de El extranjero, y la ambientación, características y atributos de los personajes de La Peste.

No fue la semejanza con las obras de Camus lo que me gustó, sino la forma narrativa. Educado con un método de instrucción unidireccional y monotemático, habituado a procesar mensajes in situ de un solo emisor como en los intercambios profesor-alumno, libro-estudiante, sacerdote-feligrés y muchas otras, me maravillé con la exposición de una trama narrada desde diferentes perspectivas.

Suele atribuírsele a la literatura el poder de germinar empatía en los lectores y si en algún grado es cierto este atributo, se debe a la posibilidad de usar multiplicidad de voces narrativas como sucede en La hojarasca, donde padre, hija y nieto nos cuentan sobre la muerte de un médico habitante de Macondo al que la población detesta porque alguna vez se rehusó a ayudar a un grupo de heridos en combate.

El argumento consiste en que el malquerido médico se suicida y los habitantes de Macondo se niegan a darle sepultura prefiriendo que el olor a putrefacción impregne el pueblo entero, pero el Coronel siente la obligación de realizar las exequias, obligando a su hija Isabel y al hijo de ella a que lo acompañen en las ceremonias.

Así, la trama se desarrolla en tres pistas en la que cada una de ellas reclama para sí misma e inconscientemente el predominio sobre las otras, conformando la urdimbre en la que prevalece el tema de cómo es Macondo, cuál es su ethos, sus hábitos, costumbres, convicciones, abominaciones; este libro es la simiente del universo García Márquez.

El Coronel inicia la historia refiriendo que él hospedó por ocho años al médico cuando recién llegó al pueblo, hasta que lo echa por haber embarazado a la joven que los apoyaba con las tareas domésticas. El médico se recluye con esta mujer en la casa donde finalmente se quita la vida y que habitó para recluirse casi por completo de la gente, pues se alimentaba de los alimentos que le proporcionaba su propio huerto por el miedo a ser envenenado por algún habitante.

Isabel discurre sobre reminiscencias del día de su boda y de cuándo -después de tres años de matrimonio-, su esposo desaparece y no vuelve a saber de él, dejándola con un hijo. El niño en cambio, nos habla sobre el sopor que siente en la habitación en la que velan al muerto, nos dice que preferiría estar jugando o espiando a una vecina mientras se desnuda.

En síntesis, cada uno de los narradores nos habla sobre su personalísimo vivir en Macondo. Su discurso sirve para delinear perfectamente los saberes y quehaceres de ese pueblo que García Márquez inventó, haciendo que la ficción se convierta en realidad. Materialmente, Macondo no solo se ubica geográficamente en donde sea que hallemos un libro del colombiano, sino en la condición humana, en la cultura y el folklore de cada ciudad del mundo que haya experimentado las mismas historias y tribulaciones que nos cuentan en La hojarasca.

*Portada de la versión en inglés.

Acerca del autor

Fernando Celis es licenciado en Derecho por la Universidad de Sonora; maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Ha trabajado en el gobierno federal y en el de la Ciudad de México en los ámbitos Ejecutivo y Legislativo. Ha sido publicado en la revista Junio 7 (Sonora) y Cucaracha de Papel (Jalisco).

Correo Electrónico

fer.celis@gmail.com

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