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Descubren un compuesto que ataca al VIH donde más le duele

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Hace apenas unos días se celebraba el Día Mundial contra el Sida, cuyo propósito, entre otros, es dar a conocer los pasos con los que poco a poco la ciencia avanza hacia una vacuna o una cura que elimine totalmente la enfermedad.

El del VIH es un virus difícil de combatir, por muy diversas razones, principalmente a causa de un fenómeno conocido como reservorio viral. ¿Pero en qué consiste esto? Cuando el virus penetra en el organismo, infecta a las células del sistema inmune y se adueña de su maquinaria de replicación, con la que comienza a fabricar copias de sí mismo. A continuación, algunas de estas células infectadas pueden pasar a un estado de reposo, en el que se detiene la proliferación viral. Sin embargo, en cualquier momento se pueden reactivar, comenzando de nuevo la replicación de los virus. Este es el motivo por el que los tratamientos actuales deben tomarse de por vida; ya que, si no fuera así, este reservorio viral podría activarse y el VIH volvería de nuevo a la carga.

Por eso, muchos científicos centran su investigación en la búsqueda de métodos que ataquen a estos “virus adormecidos” o impidan que se activen. Entre ellos, se encuentra un equipo de investigadores de la Universidad de Pittsburgh, cuyos resultados aparecen en un estudio publicado hoy mismo en Antimicrobial Agents and Chemotherapy. En él, se describe el uso de ciertos compuestos para impedir que el VIH-1 se reactive, con unos niveles de toxicidad para el organismo muy bajos.

Atacando al virus adormecido
Estudios anteriores habían señalado a unos compuestos, llamados inhibidores de quinasas, como potenciales herramientas para detener la activación del virus VIH-1. Las quinasas son proteínas involucradas en el desarrollo de un gran número de vías de señalización, especialmente las relacionadas con procesos como la transcripción y la traducción del ADN o el metabolismo celular. Entre estas vías, según los trabajos ya publicados sobre el tema, se encontrarían algunas relacionadas con el proceso de reactivación de los virus latentes, por lo que su inhibición podría ser muy ventajosa para tratar el sida.

Las quinasas están implicadas en varias vías de señalización, pudiendo incluir las encargadas de la reactivación del virus

Por eso, el estudiante de doctorado Benni E. Vargas, junto a otros investigadores de la Universidad de Pittsburgh, decidió comprobar el papel de 418 inhibidores de quinasas diferentes. Para ello, tomaron cultivos celulares y los infectaron con el VIH-1, que más tarde pasaría a estado latente. Dicho virus poseía un gen marcado, utilizado para señalar a los científicos en qué momento se producía la reactivación. A continuación, se añadió a los cultivos una molécula activadora del virus y se fue administrando a cada uno de ellos una de las 418 quinasas cuyo papel se quería estudiar.

El principal inconveniente de este procedimiento es que los inhibidores de quinasas podrían ser tóxicos para las células humanas. Por eso, se introdujo otro paso dirigido a comprobar la toxicidad de cada compuesto, analizando la producción celular de ATP en cada cultivo. El ATP es una molécula conocida como el combustible de la célula, ya que es el actor principal de los procedimientos celulares de generación de energía. Si la célula fuese un coche, al perder el ATP no tendría la energía para seguir funcionando, por lo que terminaría “deteniéndose” y muriendo.

Finalmente, de los 418 inhibidores de quinasas analizados, doce consiguieron bloquear la reactivación, dos de ellos con niveles muy bajos de toxicidad. Por lo tanto, estos dos “ganadores” serán el centro de atención de las futuras investigaciones de estos científicos, que se unen a los esfuerzos por eliminar el reservorio viral de otros investigadores, como los españoles que recientemente trataron de conseguirlo a través de un trasplante de células madre. El camino para curar el sida parece claro, aunque aún faltan algunos pasos para llegar a la meta.

Informaciòn tomada de hipertextual.com

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