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Tomas de protesta presidenciales en México memorables por violencia, desacuerdos y represión

POR Astrid Arellano

En los últimos doce años, México ha tenido tomas de protesta memorables, pero por violentas. Enrique Peña Nieto (2012) y Felipe Calderón Hinojosa (2006) llegaron a la presidencia de la República en medio de manifestaciones en las calles, represión de las fuerzas policiales y una trifulca en el interior de la Cámara de Diputados.

Peña Nieto había vencido en las urnas a Andrés Manuel López Obrador meses atrás y luego de seis años de un gobierno panista, el nuevo presidente llegó al Palacio Legislativo en medio de manifestaciones en las calles, las más fuertes, mientras que las y los diputados hicieron lo propio en el interior, con gritos que tenían ambas posturas, a favor y en contra, y pancartas que lo señalaban como asesino, después de los hechos de Atenco.

En la toma de protesta, Calderón besó la banda presidencial una vez que se despojó de ella, para luego pasársela a Jesús Murillo Karam, quien se la entregó Peña Nieto.

Afuera, se mantenía un operativo con cerca de 5 mil policías, quienes reprimieron a los manifestantes. Allí, resultó más de una decena de heridos y detenidos, mientras las calles de la Ciudad de México desbordaron violencia y disturbios, enmarcados con bombas molotov, petardos y gases lacrimógenos.

Calderón, investidura entre gritos y violencia

Apenas con un 0.56 por ciento de diferencia con su rival Andrés Manuel López Obrador, Calderón fue declarado ganador de la contienda electoral en 2006 y tomó protesta en San Lázaro –recinto al que llegó escondido en un vehículo– entre gritos, insultos, empujones y golpes de los legisladores, en una ceremonia que no sobrepasó los cinco minutos de duración.

Incluso hubo barricadas en los accesos –hechas por los izquierdistas con las sillas de los escaños o curules– para evitar que Calderón y los legisladores del resto de las bancadas ingresaran al recinto a formar cuórum. Cuando estos lograron entrar en una “operación hormiga” por detrás de las banderas del recinto, apenas se levantaba también la toma del Congreso, luego de 72 horas de disputa entre fracciones.

Una manta colocada por los diputados del Partido de la Revolución Democrática (PRD) sentenciaba: “México no merece un traidor a la democracia como presidente”. En ese contexto, Vicente Fox entregó la banda al diputado Jorge Zermeño, quien se la colocó a Calderón.

Sonó después el himno nacional y los gritos cesaron para cantarlo, mientras los opositores alzaron el puño izquierdo o hicieron la señal de la “V” de victoria, mientras los priistas ondeaban pequeñas banderas de México y los panistas se limitaban a cantar. Afuera, el Congreso se encontraba sitiado por cientos de granaderos en un enfrentamiento contra miles de manifestantes.

Fox, el que destronaría al PRI
Seis años atrás, la toma de protesta de Vicente Fox Quesada se desarrolló sin mayor conflicto, pues este era el primer candidato que había logrado desplazar al PRI del poder y las expectativas puestas sobre él eran altas.

Y, en 1994, con la victoria de Ernesto Zedillo, las cosas fueron muy similares pues el triunfo en las elecciones fue total, unido al asesinato de Luis Donaldo Colosio, hecho por el que Zedillo resultó el candidato oficial del PRI.

Anteriormente, en 1988, Carlos Salinas de Gortari logró ser presidente pese a las protestas en el Congreso de la Unión, aun cuando se tuvo el argumento de fraude electoral ejercido contra Cuauhtémoc Cárdenas, en un conteo de votos del que nunca se supo su resultado final.

Y venció…

Ahora, Andrés Manuel López Obrador contendió por tercera ocasión a la presidencia de la república, derrotando a sus adversarios con un 53 por ciento de los comicios, es decir, más de 30 millones de votos que lo convirtieron además en el candidato presidencial más votado de la historia de México.

Hoy sábado 1 de diciembre, López Obrador recibirá la investidura presidencial de manos de Porfirio Muñoz Ledo.

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