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AMLO: De Macuspana, Tabasco a la Presidencia de la República

POR Astrid Arellano

Sus padres vivían en Tepetitán, pero él nació en Macuspana, Tabasco un 13 de noviembre de 1953. Andrés Manuel López Obrador, hijo de una comerciante mexicana, proveniente de una familia española, y de un trabajador petrolero también mexicano, descendiente de una familia campesina e indígena. Es mestizo, ha dicho él, porque incluso –por su abuela paterna– la sangre africana corre por sus venas. Tuvo cinco hermanos y una hermana.

Tepetitán, en los años cincuenta, era un pueblo de no más de 800 habitantes, rodeado y comunicado por ríos, sin caminos y sin una escuela más allá de la primaria. Andrés Manuel, en una familia que acabó por dedicarse enteramente al comercio, recorría las aguas con sus padres en cayuco –una lancha o canoa– cargada de arroz, frijol y azúcar para vender. Con los años, iría de vuelta a Macuspana –la cabecera municipal– para estudiar la secundaria; luego, en Villahermosa, la preparatoria.

Llegó a la universidad como becario y vivió asistido en la Casa del Estudiante Tabasqueño. En 1976, terminó la carrera de Ciencias Políticas y Administración Pública en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), título que no obtuvo hasta 1987 y que ha servido como argumento para denostarlo –contienda tras contienda— por sus adversarios.

Es padre de cuatro hijos: José Ramón, Andrés Manuel, Gonzalo y Jesús Ernesto; a los primeros tres, los tuvo con su difunta esposa Rocío Beltrán (acaecida en 2003) y, el último, con Beatriz Gutiérrez Müller, su actual esposa (desde 2006), quien es periodista, escritora y la mujer que no quiere ser primera dama, porque en México “no hay mujeres de primera ni de segunda”.

De principios e ideales, honesto y auténtico hasta la muerte. Con los pies en la tierra. Así se autodefine Andrés Manuel en el documental “Esto soy”, de Epigmenio Ibarra. Pero sus adversarios políticos los han llamado autoritario e intolerante. Golpista, violento y populista mesiánico y dicen que Andrés Manuel no sabe escuchar.

 

Comienzo político

Surgido de los movimientos indigenistas y populares, en su trayectoria política, López Obrador ha conseguido numerosos votos –en crecimiento gradual– cada vez que contendió por un cargo, ya sea para dirigir un partido, un estado o a México.

A mediados de la década de 1970 se afilió al Partido Revolucionario Institucional (PRI), para trabajar en la campaña del poeta Carlos Pellicer al senado de la República en representación del estado de Tabasco.

En 1983 fue nombrado presidente del comité ejecutivo estatal del PRI, cargo al que renunció en noviembre del mismo año por conflictos con algunos sectores del partido. En 1988 se unió a la Corriente Democrática, una facción del Partido Revolucionario Institucional que se opuso al tradicional método de selección de la candidatura presidencial y de ahí derivó en el Frente Democrático Nacional (FDN), una coalición de partidos de izquierda que postularon a Cárdenas como candidato presidencial y a López Obrador como candidato a la gubernatura de Tabasco.

El Frente Democrático Nacional se consolida como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y López Obrador se convierte en presidente del partido en el estado de Tabasco en 1989. Un año antes había perdido la gubernatura de Tabasco.

Volvió a ser candidato a la gubernatura de Tabasco en 1994 y obtuvo el segundo lugar.

Ocupó el cargo de presidente del PRD del 2 de agosto de 1996 al 10 de abril de 1999.

El 2 de julio de 2000, Andrés Manuel López Obrador ganó la elección para la jefatura de gobierno del Distrito Federal.

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Popularidad y votos en aumento

De 50 mil votos como candidato del Frente Democrático Nacional al gobierno de Tabasco en 1994; 200 mil 7 votos para la gubernatura de Tabasco por el PRD en 1994; 264 mil 565 votos como candidato a la presidencia del PRD y 1 millón 530 mil 693 votos como candidato a la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal en el año 2000; hasta 14 millones 756 mil 350 votos como candidato a la presidencia de la República en 2006 y 15 millones 848 mil 827 votos para el mismo cargo pero en 2012.

Ahora, en julio de 2018, logró obtener 30 millones 113 mil 483 sufragios, cifra que –después de tres intentos– le dio la victoria y además lo convirtió en el candidato presidencial más votado de la historia de México.

 

El Zócalo de la CDMX y AMLO

El Zócalo, epicentro de marchas, protestas, concentraciones masivas, conciertos ha sido escenario para el acercamiento de AMLO con sus simpatizantes. Como en abril de 2005, cuando Andrés Manuel estaba a punto de perder sus derechos políticos con el desafuero. La gente, encolerizada, se reunió dispuesta a defender al líder a punta de palos y piedras. Pero él los calmó. Pidió que nadie le acompañara al juicio y que si lo metían a la cárcel, nadie se manifestara: no quería darles argumentos a los detractores para reprimirles.

Finalmente, con el voto mayoritario de la Cámara de Diputados, fue retirado de su cargo como Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, para ser juzgado y procesado, bajo el argumento de haber violado la ley tras intentar abrir una calle de acceso para un hospital. Sin embargo, el objetivo era otro: evitar que su nombre apareciera en las boletas electorales de 2006.

“Ustedes me van a juzgar”, les dijo en su comparecencia a las y los diputados, “pero no olviden que todavía falta que a ustedes y a mí, nos juzgue la historia. ¡Viva la dignidad, viva México!”.

El desafuero no fue suficiente para evitar su contienda en 2006. Y, aún con su derrota frente a Felipe Calderón Hinojosa, el Zócalo volvería a estar lleno a rebosar. Era 20 de noviembre y en los edificios contiguos a la plaza, retumbaron los gritos de miles: “¡Presidente, presidente, presidente!”.

En el mismo lugar, la senadora Rosario Ibarra de Piedra le colocaría la banda presidencial –que enarbolaba el águila republicana, juarista– para declararlo Presidente Legítimo de México, tras el presunto fraude electoral del que fue víctima.

Previo a eso, el 30 de julio de 2006, el primer cuadro del Distrito Federal –incluido el Zócalo– había albergado al plantón de Reforma donde, por 47 días, la ciudadanía exigió el recuento de los sufragios, el sonado “voto por voto”, pues la diferencia entre los candidatos había sido apenas del 0.56 por ciento. Se trató de una asamblea permanente que se convirtió incluso en una pequeña ciudad: peluquerías, salones de baile y de estudio, espectáculos musicales y culturales, salas de cine, juegos mecánicos, fondas y la gente, en un constante debate político.

 

 

El Zócalo capitalino está repleto. Es septiembre de 2012 y un hombre habla desde una tarima, frente a su familia, su equipo y una lona impresa con la frase “Lo nuestro es cuestión de dignidad”. Es Andrés Manuel López Obrador quien, dos meses atrás, fue vencido por Enrique Peña Nieto en las elecciones presidenciales.

El excandidato de las izquierdas habla, rostro serio, palabras contundentes: “Que nadie se desanime, no debemos decir adiós a la esperanza, tengo elementos para afirmar que el actual régimen está en su fase terminal, ya caducó, carece de consenso, la mayoría de los mexicanos no lo respalda, aunque muchos no lo expresen abiertamente”.

Ahí, llamaría a la resistencia civil pacífica, como en otras ocasiones. Acto seguido, anunciaría su separación de los partidos que lo acompañaron en la contienda: el Partido de la Revolución Democrática (PRD), el Partido del Trabajo (PT) y el partido Movimiento Ciudadano (MC). Todo en buenos términos, pues las relaciones fueron de apoyo mutuo en todo momento. “Estamos a mano y en paz”, afirmó.

Así, el Movimiento Regeneración Nacional, Morena, sería sometido a consenso, dijo, para determinar si continuaba como una organización popular o se constituiría como un nuevo partido político.

Andrés Manuel reunió nuevamente a las masas en el Zócalo y allí, frente a miles de mexicanos -entre gritos y lágrimas-, vaticinaba el futuro inmediato de México.

“Baste decir que a pesar de tratarse del supuesto regreso del PRI a Los Pinos, la gente no festejó, al contrario, hay duelo nacional.

El pueblo tiene un instinto certero y sabe que por desgracia nada bueno se puede esperar, que continuarán el empobrecimiento, la corrupción, la inseguridad y la violencia.

Pero a los hombres del régimen solo les queda el dinero, el aparato de manipulación y la fuerza. Pero el dinero no es todo. No es Dios. Y deja de dominar en la medida que la gente va tomando conciencia”.

 

 

El final del camino

Hoy, 1 de diciembre de 2018 y doce años después, Andrés Manuel López Obrador regresará a la Cámara de Diputados, pero a tomar protesta como presidente de México; luego, se volverá a parar en la plancha del lugar que lo vio llegar tantas veces para protestar por una causa que consideró justa, cualquiera que fuera. Sin embargo, hoy ya no habrá manifestación, sino una fiesta.

Con información tomada de Internet, el libro “AMLO: vida privada de un hombre público”, de Jaime Avilés y el documental “Este soy yo”, de Epigmenio Ibarra. Videos y fotos de Grupo Reforma y Noticieros Televisa.

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