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El cambio social

POR Guillermo Noriega

Columna En la lupa

Ya hemos cambiado de gobiernos en muchas ocasiones y las cosas no siempre cambian. Algunos dan mejores resultados que otros (otros aún peores), pero apostarle a la alternancia en los gobiernos, ya sean federal, estatal o municipal, ha resultado absolutamente insuficiente.

Despedir a unos y contratar a otros -por la frustración que genera la decepción de haber creído en ellos- va generando un desgaste institucional que profundiza actitudes sociales que nos hunden más en una espiral descendente de degradación.

No es la alternancia la culpable, quisiera recalcar, sino la falta de resultados contundentes por parte de los gobiernos y -además- que como sociedad carecemos de una formación cívica y humana que permita una mejor convivencia social.

Con esto no sugiero que nosotros tengamos la culpa de que en el gobierno se roben el dinero y que luego, por carencia de recursos, no existan medicinas o patrullas. Jamás. Sugiero que existen cosas que podemos hacer como individuos conviviendo en una comunidad, valores cívicos que debemos promover en aras de cambiar(nos) y mejorar.

Hice un ejercicio entre distintos grupos, amigos y en mis redes sociales, invitándoles a reflexionar en cuánto hemos cambiado en los últimos 50 o 30 años. Más bien, les pedí enfocarnos en cuánto hemos mejorado como sociedad a partir de una simple invitación a completar: “Antes teníamos la horrorosa costumbre de: …”.

Fue realmente interesante.

La gran mayoría no logró identificar cambios sustantivos y sus comentarios se centraron en la añoranza de “los tiempos aquellos” en los que todo era mejor. La nostalgia hace lo suyo.

Al provocarles un poco más, pocos lograron decir cosas como: “Antes teníamos la horrorosa costumbre de fumar en espacios cerrados o enfrente de niñas y niños”; “Antes nos mandaban a los menores a comprar cigarros o cerveza, y si bien no lo hemos erradicado del todo, por lo menos ahora está penado por la ley y no es bien visto”.

Antes la violencia hacia la mujer era un asunto con una dimensión meramente doméstica, un asunto privado y no era condenada como lo es ahora. Por lo menos al día de hoy tenemos leyes y un entramado institucional y, es mal visto por la sociedad.

Sí hemos evolucionado en nuestro comportamiento social. Respetamos más los derechos de los sectores vulnerables y tenemos más tolerancia ante la diversidad, pero hemos involucionado en otros temas: menos solidarios, mas desconfiados, más violentos, etcétera.

En cada problema público existe una dimensión social, una parte que nos corresponde a nosotros como sociedad y no a los gobiernos.

Por ejemplo: no se necesitaría invertir tanto en limpieza de la ciudad (y no existirían las inundaciones que sufrimos) si nosotros mismos no la ensuciamos tanto.

Ahora recuerdo que Ciudad Obregón y Hermosillo eran ciudades sumamente limpias. ¿Éramos mas limpios antes? ¿Éramos menos personas?

Tampoco es culpa de los gobiernos que un vecino tire basura a la calle mientras conduce. Es ciertamente un conjunto de factores que inciden en que él, y otros cientos de miles lo hagan diariamente: la carencia de una mínima consciencia, de hábitos civilizados, de educación y de entendimiento de las consecuencias.

Ciertamente la impunidad, la ausencia de consecuencias, le corresponde a la autoridad, debería de multarles, pero -no las justifico- están rebasadas, obsesionadas con sacar lo urgente y con una debilidad institucional bastante peligrosa para todas y todos.

Conducir en estado de ebriedad es sin duda un problema público que debemos atender urgentemente. Tener mayor cultura vial, no estacionarse en doble fila y no utilizar el celular mientras conducimos, entre otros muchos asuntos.

El “cambio social” es un concepto poco explorado.

Hay comunidades que han logrado modificar conductas perniciosas con una dosis equilibrada de políticas públicas y estrategias de cambio social. Se han dado cambios en el manejo de la basura doméstica, han transitado a políticas de reciclaje, se ha reducido al mínimo la conducción punible, se han erradicado conductas sociales que parecieran tan absurdas, pero no lo son, como el arrojar chicles en la vía pública.

Si pudiéramos hacer una lista de conductas en las que hemos mejorado como sociedad, ¿cuáles cree usted que son?

Al igual, si pudiésemos hacer una lista, una agenda de cambios de conducta que debiésemos promover y construir en los próximos años, ¿cuáles cree usted que serían?

Hasta la próxima.

Columna tomada de El Imparcial

Acerca del autor

Guillermo Noriega es licenciado en Relaciones Internacionales, exdirector de Sonora Ciudadana A.C., activista en favor de la transparencia.

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Guillermonoriega@gmail.com

Twitter

@elmemonoriega

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