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Reseña robada

Imagen proporcionada por Fernando Celis

POR Fernando Celis

En mi experiencia lectora existen varias obras clásicas a las que no me he acercado, ya sea por intimidación o por tener noción de una trama que no será de mi agrado. Me he enfrentado a otras que, pensando serían de lectura complicada o ajenas a mi interés, resultaron una grata sorpresa.

Quiero invitar a leer un libro que, me parece, enfrenta grandes resistencias y por tanto nos impide deleitarnos en su lectura. En realidad, voy a recomendar dos libros, pero reseñaré solo uno y para ser totalmente sincero, ni siquiera es una reseña; no nació como tal, aunque en su esencia pudo haberlo sido.

Para rematar, la reseña que presentaré no es de mi autoría. Transcribo un extracto de otra novela en la que mencionan la obra que pretendo reseñar. Ambas novelas no comparten trama, personajes o autor, aunque a este último respecto sostengo la tesis de que Kafka es el único escritor que ha existido desde el origen de los tiempos; desarrolló la literatura universal bajo distintos seudónimos y posteriormente inventó a Kafka porque se le ocurrió un último estilo literario, pero esta consideración no es tema del presente.

Lo único que ambas novelas comparten es la técnica narrativa, pese a que una fue escrita en 1600, y la otra, publicada por Paul Auster en 1985 bajo el título de Ciudad de cristal.

No es mi intención apropiarme del trabajo ajeno ni cometer el delito de plagio al reproducir libremente este pequeño fragmento. Lo hago porque habiendo leído la obra reseñada, no sabría cómo sintetizarlo para presentarlo al potencial lector de una mejor manera que la escrita originalmente por Auster.

Habiendo confesado la impostura y carencias de este texto, transcribo la “reseña ideal” que hubiera querido leer para proceder a su lectura:

“-En cualquier caso, puesto que se supone que el libro es real, de ello se deduce que la historia tiene que estar escrita por un testigo ocular de los sucesos que en ella ocurren. Pero Cid Hamet, el autor reconocido, no aparece nunca. Ni una sola vez afirma estar presente cuando los sucesos tienen lugar. Por lo tanto, mi pregunta es esta: ¿quién es Cide Hamete Benengeli?

“-Sí, ya veo a dónde quiere ir a parar.

“-La teoría que planteo en el artículo es que en realidad es una combinación de cuatro personas diferentes. Sancho Panza es el testigo, naturalmente. No hay ningún otro candidato, ya que es el único que acompaña a don Quijote en todas sus aventuras. Pero Sancho no sabe leer ni escribir. Por lo tanto, no puede ser el autor. Por otra parte, sabemos que Sancho tiene un gran don para el lenguaje. A pesar de sus necios despropósitos, les da cien vueltas hablando a todos los demás personajes del libro. Me parece perfectamente posible que le dictara la historia a otra persona, es decir, al barbero y al cura, los buenos amigos de don Quijote. Ellos pusieron la historia en correcta forma literaria, en castellano, y luego le entregaron el manuscrito a Simón Carrasco, el bachiller de Salamanca, el cual procedió a traducirlo al árabe. Cervantes encontró la traducción, mandó pasarla de nuevo al castellano y luego publicó el libro, Don Quijote de la Mancha.

“-Pero ¿por qué se tomarían Sancho y los otros tantas molestias?

“-Curar a don Quijote de su locura. Querían salvar a su amigo. Recuerde que al principio queman sus libros de caballería, pero eso no da resultado. El Caballero de la Triste Figura no renuncia a su obsesión. Entonces, en un momento u otro, todos salen a buscarle con distintos disfraces (de dama en apuros, de Caballero de los Espejos, de Caballero de la Pálida Luna) con el fin de atraer a don Quijote a casa. Al final lo consiguen. El libro no era más que uno de sus trucos. La idea era poner un espejo delante de la locura de don Quijote, registrar cada uno de sus absurdos y ridículos delirios, de tal modo que cuando finalmente leyese el libro viera lo erróneo de su conducta.

“-Me gusta.

“-Sí. Pero hay una última vuelta de tuerca. Don Quijote, en mi opinión, no estaba realmente loco. Sólo fingía estarlo. De hecho, él mismo orquestó todo el asunto. Recuerde que durante todo el libro don Quijote está preocupado por la cuestión de la posteridad. Una y otra vez se pregunta con cuánta precisión registrará su cronista sus aventuras. Esto implica conocimiento por su parte; sabe de antemano que ese cronista existe. ¿Y quién podría ser sino Sancho Panza, el fiel escudero a quien don Quijote ha elegido para ese propósito? De la misma manera, eligió a los otros tres para que desempeñaran los papeles que les había destinado. Fue don Quijote quien organizó el cuarteto Benengeli. Y no sólo seleccionó a los autores, probablemente fue él quien tradujo el manuscrito árabe de nuevo al castellano. No debemos considerarle incapaz de tal cosa. Para un hombre tan hábil en el arte del disfraz, oscurecerse la piel y vestirse con la ropa de un moro no debía ser muy difícil. Me gusta imaginar la escena en el mercado de Toledo. Cervantes contratando a don Quijote para descifrar la historia del propio don Quijote. Tiene una gran belleza.

“-Pero aún no ha explicado por qué un hombre como don Quijote desorganizaría su vida tranquila para dedicarse a un engaño tan complicado.

“-Ésa es la parte más interesante de todas. En mi opinión, don Quijote estaba realizando un experimento. Quería poner a prueba la credulidad de sus semejantes. ¿Sería posible, se preguntaba, plantarse ante el mundo y con la más absoluta convicción vomitar mentiras y tonterías? ¿Decirles que los molinos de viento eran caballeros, que la bacinilla de un barbero era un yelmo, que las marionetas eran personas de verdad? ¿Sería posible persuadir a otros para que asintieran a lo que él decía, aunque no le creyeran? En otras palabras, ¿hasta qué punto toleraría la gente las blasfemias si les proporcionaban diversión? La respuesta es evidente, ¿no? Hasta cualquier punto. La prueba es que todavía leemos el libro. Sigue pareciéndonos sumamente divertido. Y eso es en última instancia lo que cualquiera le pide a un libro, que le divierta”.

Acerca del autor

Fernando Celis es licenciado en Derecho por la Universidad de Sonora; maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Ha trabajado en el gobierno federal y en el de la Ciudad de México en los ámbitos Ejecutivo y Legislativo. Ha sido publicado en la revista Junio 7 (Sonora) y Cucaracha de Papel (Jalisco).

Correo Electrónico

fer.celis@gmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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