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Asalto a los congresos

Imagen tomada de Facebook

POR Guillermo Noriega

Columna En la lupa

La autocracia es un régimen en el que una sola persona gobierna sin sujetarse a limitación alguna. ¿Le suena familiar?

La estrategia para anular en todo lo posible el triunfo que Morena tuvo en las pasadas elecciones es nacional: buscan cambiar las reglas para evitar que los congresos locales desempeñen a plenitud sus funciones. Inmovilizarlos sin perder el control.

En Sonora el día de ayer se consumó, por lo menos legislativamente, el intento de perpetuar el control del gobierno del Estado y evitar así cualquier contrapeso institucional desde la institución que se supone para eso es: el Congreso.

La autocracia, el gobierno de uno solo, se niega a morir. Se niega a una nueva realidad en la que, nos guste o no, otros fueron democráticamente electos para realizar una función que ahora se les quiere negar.

Lo que no ganaron en las elecciones buscan obtenerlo a la fuerza de una mayoría legislativa que fenece entre gritos y sombrerazos, que huye apresurada por la puerta trasera del recinto legislativo. Una y otra vez le dan la razón a López Obrador cuando acusaba al famoso “Prian” de intentarlo todo para evitar su llegada.

No le otorgo razón a ninguno de los actores públicos, pero mucha gente votó por el actual Presidente electo en buena medida porque la desesperación para evitar su ascenso (desde el mismo desafuero) era desmedida y bastante sospechosa.

Ahora siguen así, desesperados por evitar que otros gobiernen bajo las mismas condiciones que ellos gobernaron.

Tampoco quiero caer en extremos. ¿Están los actuales legisladores en su derecho? Sí, todavía tienen una mayoría, misma que fue reprobada y sustituida en las pasadas elecciones. Pero mayoría aunque sea por unos cuantos días. Problema que acarrea México al ser de los países que más tiempo pasa entre elección y la toma de protesta de los nuevos gobernantes.

¿Todo lo aprobado es malo? No. Hay elementos positivos que les habilita para tener una defensa pública, pero aún así serán insuficientes.

Desde mi perspectiva el veto es normal, siempre y cuando no se pida unanimidad para la ratificación legislativa de un ordenamiento observado por el Ejecutivo. Es decir, para insistir en su aprobación.

La eliminación del fuero es un “espejito” populista que, a mi parecer, debió resguardar a magistrados, jueces y defensores de derechos humanos, dada la naturaleza de sus funciones y la realidad nacional.

El Ejecutivo propone y el Legislativo dispone, así es en democracia. El Congreso -la voz popular- aprueba los presupuestos, cómo gastar el dinero público y en qué prioridades, y el Ejecutivo… ¡ejecuta! Tan simple como eso, pero es difícil entenderle cuando se ha tenido el control absoluto.

Hay muchos otros temas que a mi parecer debían simplemente evitarse, pero la tentación del “haiga sido, como haiga sido” terminó ganando.

El que más me preocupa es el aumento del número de votos necesarios para reformas constitucionales, de dos tercios a siete octavos (28 legisladores) más las dos terceras partes de los ayuntamientos (antes eran la mitad más uno). Esa es, a mi parecer, la peor aberración de esta regresión democrática pues no solamente está dirigida a evitar que Morena ejerza su mayoría, sino que está motivada por el temor de oscuros personajes del siglo antepasado, totalmente impresentables, que han hecho de la manipulación la forma de cubrir sus carencias.

Ahí es donde se confirma que a esos “ciudadanos” la democracia y el buen gobierno les importa un bledo, que por imponer a los demás sus creencias y su moral son capaces de todo. Lo bueno, y es realidad, es que poco les durarán sus resistencias.

En La Lupa: ¿Y ahora?

¿Qué gobernabilidad se podrá construir de ahora en adelante? ¿De quién fue la idea de quemar las naves a mitad del sexenio? ¿Quién prefirió la rudeza y la anti-política por encima de la construcción de acuerdos y el ejercicio democrático de gobierno? Insisto, no es el veto, López Obrador lo utilizó muchas veces cuando fue jefe de Gobierno… es el anular por las malas no solamente a la siguiente legislatura, sino a una posible relación de cordialidad y respeto con un gobierno que apenas va a iniciar.

Tomada de El Imparcial

Acerca del autor

Guillermo Noriega es licenciado en Relaciones Internacionales, exdirector de Sonora Ciudadana A.C., activista en favor de la transparencia.

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