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Desesperanza, miedo, condiciones insalubres y falta de agua inundan a habitantes de Molino de Camou

POR Luis Angel Carlin

Entre afectaciones a la salud, falta de recurso y desconfianza por el agua de la presa “El Molinito”, viven habitantes de la comunidad rural, Molino de Camou. A cuatro años del derrame tóxico en el Río Sonora, los pobladores no tienen agua potable.

En un recorrido realizado por Proyecto Puente en esa población, se pudo conocer a algunos de sus habitantes, quienes a cuatro años del derrame tóxico que se registró en el Río Sonora, todavía padecen afectaciones por el contacto directo con el agua proveniente del mencionado caudal, y desde hace dos años no cuentan con agua potable.

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Para consumo humano, los habitantes están obligados a comprar agua de garrafón.

Una de las personas que aún padece problemas en la piel por haber tenido contacto directo con el agua proveniente de la Presa El Molinito, platicó que la vida no ha sido nada fácil los últimos cuatro años, pues sus piernas presentaron una severa afectación en su piel, y relató que en su rostro le salió un “grano”, y posterior, fue necesario una intervención quirúrgica por un cirujano plástico.

“Cuando me metía a bañar, empecé a notar que me picaba el cuerpo, muy raro, el agua cambió de sabor, no sabíamos, hasta que empezó a sonar, lo del Río Sonora”, relató Ani.

Entre la desesperación y un futuro incierto

Una mujer de 63 años de edad, quien ha vivido por 40 años en esa comunidad, llegó a padecer una crisis nerviosa derivado de sus problemas de salud, y suplicó que alguien le dijera la verdad de lo que ocurría en su cuerpo; asegura que nadie le explicaba con claridad el cuadro. En medio de los conflictos sociales y políticos que se generaron durante los primeros meses después de la tragedia ambiental, Ani se sentía desesperada y con un futuro incierto.

“Yo busco a alguien que se ponga la mano en el corazón, o que me digan que fue una cosa política, pero la gente está enferma”, relató Ani.

Los pobladores no disponen de agua potable desde hace al menos dos años a la fecha. Aunque el tema del agua siempre ha sido un reto sin resolver, manifiestan que nunca hubo problema con el abasto del vital líquido. Por las calles, es común ver en frente de las casas, a un costado de las banquetas, tinacos que los habitantes colocan para su llenado cuando pasa la pipa.

En la casa de la familia López Villa, las afectaciones a la salud fueron menores. Sin embargo, en los primeros dos ciclos de siembra les fue imposible trabajar, y les advirtieron que si lo hacían, se echarían a perder las tierras.

“Cuando fue el derrame, si en la presa fue a caer todo lo de allá, ahí está todo rebosado, estuvieron limpiando, supuestamente gente, brigadas, por el Río, lo bueno vino y calló aquí, en la presa”, recordó el señor Adelaido López

Desde entonces, la familia López Villa compra garrafones de agua purificada a 15 pesos cada uno para la preparación de alimentos; incluso utilizaban el liquido de los recipientes para su higiene durante los primeros dos años, hasta que empezaron a tomar el agua que en pipas que el ayuntamiento les lleva ocasionalmente.

La mayoría de las personas con las que se platicó han perdido la esperanza de que algún día todo vuelva a la normalidad.

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