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Después del tsunami

POR Antonio Quintal Berny

Columna A toro pasado

La palabra tsunami proviene de las palabras japonesas tsu, que significa puerto o bahía, y nami, ola, y es una serie de olas con longitud extremadamente alta que se produce por una perturbación o actividad submarina violenta e impulsiva cerca de la costa o en el océano. El tsunami es provocado por un desplazamiento repentino de un gran volumen de agua o también si el piso del mar se eleva o cae repentinamente por un terremoto. También se puede dar por una erupción volcánica o desplazamientos de tierra en el fondo del mar. El terremoto desplaza una gran cantidad de agua hacia arriba y genera olas, las cuales viajan fuera del área de donde se originan y son extremadamente peligrosas y dañinas cuando llegan a la orilla, de acuerdo al International Tsunami Information Center (ITIC).

La apoteótica victoria de Andrés Manuel López Obrador y todos los candidatos de Morena a lo largo y ancho de México, ya se le ha bautizado como tsunami y efectivamente, el triunfo de Morena hizo que la vida política se alterara abruptamente como nunca antes en México, el tsunami, arrasa y destruye todo y obliga a reconstruir todo lo derruido.

Esto pasó y pasará en México, los partidos y sus seguidores se deberán replantear su futuro, las “castas” políticas dejaron de detentar el poder y tener influencia en el quehacer gubernamental y muchos de sus integrantes, por primera vez, conocerán el desempleo. Hubo un golpe de Estado por la vía electoral. Todo acabó y todo habrá de rehacerse de nuevo.

No recuerdo haber visto tanta euforia por el triunfo de un candidato desde el año 2000, cuando ganó Fox. Hace 18 años, también había hartazgo y se antojaba un cambio para mejorar, como hoy. Sin ser tan fuerte la sacudida, hubiera sido suficiente para una convocatoria de Fox a sumar cambios en actitudes personales para lograr la trasformación anhelada. El optimismo ciudadano y el regateo en el Congreso de los partidos perdedores, hizo que el presidente empezara a nadar de muertito y a portarse como un adolescente enamorado. El tal cambio nunca llegó y Fox se fue con la imagen de un presidente más, sin pena ni gloria. La desilusión siguió reinando y las diferencias ahondándose.

La euforia del 1 de julio pasado le ha dado a López Obrador un bono increíblemente grande de los mexicanos, y ahora es momento de no solo de que se comprometa a cumplir, sino pedirles -a todos- su aportación personal. Sería genial que López Obrador nos convocara a una renovación personal, a cuidar más las calles, respetar los altos y los semáforos y dejar de usar el celular si conducimos; a no tirar basura en la calle, a barrer las banquetas de nuestras casas; a no poner diablitos ni a dar mordidas, a conminar a policías y empleados de ventanilla a no pedir mochadas, a esmerarse en el servicio y a no traficar con influencias. También a no aceptar o convivir con narcos y a denunciar actos de corrupción. Me gustaría que el nuevo Presidente nos dijera que ya es hora de que cada uno contribuyamos al cambio que queremos para todos, en todo lo que podamos.

El bono de esperanza que recibió AMLO debe capitalizarlo rápidamente en alentar un cambio de actitud en todos, eso sería aprovechar la inercia del triunfo para endosar responsabilidades individuales. Seguro que le sería más fácil llegar al cambio que prometió si nos incluye a todos.

Por otro lado, el tsunami hará que ocurra algo que era ya es urgente, para nadie es un secreto lo complicado de la relación con Estados Unidos, y el berenjenal en el que se habían empantanado las negociaciones entre ambos países por las actitudes de Trump y Peña Nieto. Se atojaba ya imposible un mejor trato de Trump hacia México y peligraba el futuro no solo del TLCAN sino de todas las relaciones bilaterales entre ambos países.

La elección de López Obrador trajo un excelente pretexto para que Trump se acercara a México con otra actitud. A escasas horas del su triunfo, llamó por teléfono a AMLO para felicitarlo y éste lo invitó a su toma de posesión. Dos días después, Trump anunció que su Secretario de Estado, Mike Pompeo, visitará México esta semana y se reuniría con Peña y López Obrador por separado. Soplan vientos mejores.

En un proceso de negociación que se empantana, el cambio de negociadores es recomendado y eso es exactamente lo que está pasando entre México y Estados Unidos. Entre Peña y Trump ya no podía generarse avance, pero el relevo en México da perspectiva positiva que el NAFTA se vuelva a abordar con nuevos espacios de negociación y con ganas de tener pronto una conclusión satisfactoria para Canadá, México y Estados Unidos.

Pese a que la connotación de tsunami es negativa; el fenómeno que hemos vivido en México hasta ahora ha dejado beneficios concretos; la ciudadanía mandó, hay nuevos protagonistas, el ánimo colectivo es optimista, hay reforzada presencia de México internacionalmente y los partidos se deberán reconstruir para seguir con vida.

¿Algo más que se requiera después del tsunami reciente? También lo veremos.

Acerca del autor

Antonio Quintal Berny es socio-director de WB Solutions, Talento en Movimiento; ha sido director general del Tecnológico de Monterrey, Campus Sonora Norte; rector de UVM y UNO, subsecretario de Fomento Industrial y director general de Copreson; es conferencista, expositor y facilitador en congresos, seminarios y talleres en México y otros países y profesor en varias universidades de cursos en administración e ingeniería en profesional y posgrado.

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