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Carta izquierdista a mis padres

POR Bruno Ríos

Papá, la llamada que nos hicimos el domingo 1ro de julio, en la que me dijiste “tu mamá y yo votamos por ti”, es un parteaguas íntimo de la congruencia que me enseñaste desde niño. Tú mismo, a tus incipientes 9 años viste surgir un legado que hasta la fecha comienza a concretarse en algo viable. Antes de que las cosas se desataran en ese centro del país que está tan lejos, tan cerca ahora, viste en el 67 en Hermosillo cómo los tanques entraban a la ciudad. Antes de que yo existiera estaba ya la semilla de esas fotos que ahora podemos ver: estudiantes tomando la universidad, acostados bajo el sol, escondiéndose en los salones de clase y en los baños, huyendo de los soldados. Los puños arriba, la frente en alto. A finales de los 70, tú también desde las trincheras más humildes, desde los pasillos más estrechos, desde la bicicleta y en el centro cultural universitario, levantaste los puños.

Papá, después del 85 las cosas se pusieron rudas. Y de los escombros surgió una alternativa política empujada por los movimientos sociales del terremoto. Ahí, tres años después, estoy seguro de que votaste por esa alternativa. Desde entonces, pusimos el dedo sobre el renglón para el PRD; hemos hecho lo correspondiente en la vida pública y cívica que queremos desde entonces.

Papá, mamá, crecí de la mano con ustedes en una ciudad en la que la política ha sido siempre un reflejo de la inmensa desigualdad social, en el que las élites sociales son siempre también las élites políticas. Tal vez sin querer, de ustedes aprendí a repudiar los grupúsculos de los pequeñoburgueses, el encanto de los apellidos de “gente bien”, las profundas muestras de clasismo y racismo de quienes ostentan el poder. Sin haberlos conocido, a través de ustedes, aprendí también de Miguel Ángel Montaño e incluso de Don Juan Navarrete (a pesar de todos sus peros), la virtud de que, incluso desde los lugares menos esperados, la crítica importa y puede ejercerse con la más sincera responsabilidad.

Mamá, lo que sucedió el domingo es también una forma de honrar la larga caminata que has recorrido por la resistencia. Contigo aprendí a querer ser un hombre distinto, a ir de la mano con los feminismos, con las feministas. La elección de un movimiento más o menos cercano a la izquierda, que tendrá en la práctica por primera vez un gabinete equitativo de mujeres y hombres, así como una mayoría de mujeres en el Senado, es también una consecuencia de lo que tú has hecho todos estos años.

Mamá, haber sido la primera mujer en tu familia en tener una carrera profesional, en levantar la mano y no dejar que te pasen por encima; ser una pieza fundamental para construir instituciones; ser una voz, darnos las palabras y tus letras, es el legado íntimo y público de haber nacido en tierra de vaqueros y no querer conformarse. Después de tantísimos años de abogar por el cambio de régimen, de apostarle a que las izquierdas y quienes nos llamamos liberales también aprendiéramos a tener una perspectiva de género, hoy creo que es más palpable que nunca que esa lucha ha tenido, en la medida de lo posible, estas consecuencias.

Lo que quiero decir con esta carta pública es que, por lo menos por ahora, el triunfo político de una alternativa que más o menos se parece a nuestros ideales es la cristalización de una larga espera. Pero, sobre todo, es significativo de la congruencia de mantener una postura de resistencia ante las normas y las “buenas costumbres”. Por lo menos yo, a las buenas costumbres nunca me he acostumbrado, y esa lucha es también gracias y por ustedes.

Hay que decir que no todo está ganado, por supuesto. Hay que decir que Morena no es la izquierda que queremos; que López Obrador cojea en ocasiones y es impreciso; que esos movimientos iniciales de los ochenta han desembocado en estos, y que no son los mismos. Hay que decir que hay alianzas injustificables en términos ideológicos; que hay actores políticos en esta victoria que son indeseables, por decir lo menos. Hay que advertir, también, que es posible que esto no haya sucedido del todo por convicciones ideológicas, sino por hartazgo; que haya imperado una realpolitik en su máxima expresión, es decir, que hayamos votado en esta gran mayoría por cuestiones prácticas más que morales o ideológicas.

Sin embargo, por el momento y en lo más personal, el significado es más profundo que eso. Esta es una victoria no sólo para los demás, sino para uno. Y eso también está bien. Ahora, la crítica tiene que estar puesta sobre la rendición de cuentas, sobre la exigencia más fundamental de eso mismo que hemos defendido: la congruencia. Yo también, desde acá, voté por ustedes.

Acerca del autor

Bruno Ríos es candidato a doctor en Literatura Hispánica por la Universidad de Houston. Escritor, académico y editor.

Correo Electrónico

brunorios@gmail.com

Twitter

@brunoriosmtz

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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