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El Día D, ¡a la mexicana!

POR Antonio Quintal Berny

Columna A toro pasado

Día D es el nombre en clave de la operación militar Overlord de los aliados, iniciada el 6 de junio de 1944 y que consistió en un gran desembarco en las playas de Normandía como estrategia para abrir un nuevo frente en Francia y reducir el dominio alemán.

En esta fecha, 13 mil 400 paracaidistas americanos y cerca de 7 mil británicos volaron desde Inglaterra a bordo de mil 200 aviones y se adentraron en la costa francesa. Las tropas tenían encomendadas tareas específicas, como construir accesos seguros, destruir puentes, establecer cabezas de playa y evitar contraataques del ejército alemán para iniciar la liberación de Europa occidental ocupada por la Alemania nazi a partir de 1940.

La batalla duró hasta el 25 de agosto, fecha en la que se liberó París. El día D es un parteaguas en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, que marca el inicio de la derrota alemana.

Desde entonces, Día D se le dice a una fecha específica en la que ocurre un hecho planeado y sin precedentes que cambia la historia de una persona, lugar o país. Nuestro próximo día D será el 1 de julio de 2018, fecha de la elección presidencial.

Ese día se dará la culminación de una contienda en la que un candidato saldrá victorioso y los otros tres derrotados. Así como en una guerra, los equipos de cada contendiente, habrán afinando su propia estrategia de trabajo para ese día, pero en lugar de barcos y cañones, serán carros y autobuses; despensas y fajos de billetes y un ejército de observadores, golpeadores y operadores que buscarán agandallarse todos los votos posibles para su candidato.

El campo de guerra será cada centro de votación en donde habrá también espías, amigos y enemigos en labores propias de la contabilidad electoral.

Al final de día, se habrá consumado la batalla. El día D estará por acabar y los resultados se informarán a cuentagotas; todos serán ganadores o al menos así lo anunciará cada uno.

El día D traerá un nuevo presidente, que no será reconocido hasta después de un largo y tortuoso camino legal comandado por ejércitos de abogados que tratarán de ganar la elección en los juzgados electorales.

El día después, como ocurrió en Normandía, será una jornada de reconocimiento de bajas, daños y regocijos para candidatos y partidos y de planeación de la batalla legal que seguirá; para todos los demás que participamos con votando, no habrá victoria; nos levantaremos como todos los días y saldremos a buscar la chuleta, como siempre.

Para el grueso de los mexicanos el lunes 2 de julio, será igual que el viernes anterior, con sus actividades rutinarias y sus prisas; nuestra vida continuará sin cambios. 

Quien triunfe ese día, cuando se le reconozca, tendrá una victoria personal, pero no modificará nuestra realidad personal de la noche a la mañana.

Deberán pasar cinco largos meses, hasta el 1 de diciembre, para que empecemos a ver acciones que lleven a los cambios que prometió el ganador, no antes.

Y después del primer día de gobierno, nuestra vida, si cambia, lo hará lentamente, en meses y años o en lustros y décadas.

Pero la esperanza de un mejor mañana, si será repentina, pues ya hay hartazgo de tristes ayeres. Los candidatos prometen más o menos lo mismo; aumento en la seguridad, cero corrupción e impunidad, mejor educación y salud y mayor bienestar; así que quien gane, si cumple sus promesas, hará de México un mejor país del que tenemos.

Los mexicanos merecemos un mejor rumbo que sea trazado por un nuevo presidente que vea en su quehacer una forma de servir no un trampolín para encumbrarse a la riqueza acompañado solo por su camarilla.

Votar, como en cualquier democracia, es el primer paso para castigar malas decisiones del pasado y para confiarle nuestro futuro a quien suponemos será el mejor timonel del país. Votemos, pues y votemos todos respondiéndonos solo a nosotros mismos.

El día D a la mexicana, debe parir a un nuevo y mejor país para todos.

Depende de nosotros, ¿No?

Breviario deportivo:

Si México le gana a Suecia, será la primera vez que haga 9 puntos en la fase de grupos; si pierde, correrá el riesgo de ser eliminado del Mundial. Otra vez mañana miércoles durante el partido estaremos con el “Jesús en la boca”. Ojalá que ahora sí, la selección juegue sin miedo y gane. También ya lo merecemos.

¡A ganar con la selección y la elección!

Acerca del autor

Antonio Quintal Berny es socio-director de WB Solutions, Talento en Movimiento; ha sido director general del Tecnológico de Monterrey, Campus Sonora Norte; rector de UVM y UNO, subsecretario de Fomento Industrial y director general de Copreson; es conferencista, expositor y facilitador en congresos, seminarios y talleres en México y otros países y profesor en varias universidades de cursos en administración e ingeniería en profesional y posgrado.

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aqberny@hotmail.com

Twitter

@aqberny

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