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Manuel dejó el sueño americano para enseñar español a jornaleros que sólo hablan tzotzil y tzeltal

POR Redacción

Desde San Cristóbal de las Casas, Chiapas, Manuel Bolóm Ara llegó al Campo San Luis para trabajar como jornalero agrícola, al igual que otros hombres y mujeres que fueron contratados con el mismo fin en los estados de Veracruz y Oaxaca.

Manuel cumplió 36 años el 3 de marzo y ha viajado hasta el desierto de Sonora con el propósito de mejorar su situación económica, para salir de la pobreza.

Además de su trabajo en la Costa de Hermosillo, este hombre del campo encontró la oportunidad de crecer como persona, de ser estudiante, líder, y también, sin imaginarlo, maestro.

Su intención de llegar a este extremo del país, era la de acercarse a la frontera e irse de ‘mojado’ a los Estados Unidos; pero se le presentó la oportunidad de estudiar y, entonces, se dio cuenta de que su labor era más grande que la de irse de migrante ilegal.

La razón de esto fue que Manuel decidió quedarse para apoyar a otros compañeros que no hablan español, pero sí tzotzil y tzeltal, como él, y ayudar a que se abriera para ellos también un panorama que sólo se logra cuando se sabe leer y a escribir.

Manuel apoya a los asesores, o maestros, y a otros jornaleros, a romper la barrera de la desigualdad en México. El martes es maestro de español y el miércoles es estudiante.

El Campo San Luis, en la Costa de Hermosillo, es el único en Sonora que apuesta a la alfabetización de sus trabajadores; ofreciéndoles el tiempo, el lugar y las condiciones para que lo hagan. Los apoya para que siembren y cosechen esperanza, a la par que lo hacen con los diferentes tipos de calabazas, chiles, berenjenas y sandías que ahí siembran.

Francisco Tapia Pastor, su patrón, como  ellos lo llaman, es una persona que promueve el crecimiento personal, la inversión en capacitación y además, predica con el ejemplo.

En Campo San Luis, la Escuela Corporativa Rico Farms ha cobrado vida gracias al proyecto diseñado por Erica Salinas Castillo, fundadora de Sociedad Activa, quien, con un equipo entusiasta, incansable e inspirador, ha buscado y encontrado la manera de que los hombres y mujeres del campo tomen esta oportunidad y abracen la posibilidad de transformar sus vidas.

Manuel es un ejemplo de ello, y forma parte de los 120 egresados que cuenta la historia de esta empresa agrícola, avalados por el Instituto Sonorense para la Educación de los Adultos, ISEA.

En entrevista para Proyecto Puente, recordó que llegó a Hermosillo un 22 de agosto. Trabajó un mes en el campo, y luego, el mayordomo le dio un chaleco que lo distingue como supervisor.

Su idea era, dijo, trabajar tres meses en el Campo San Luis, pues su decisión era cruzar la frontera rumbo a Estados Unidos.

“Pero como me dieron un puesto, y pues dije que ya no me movía”, comentó.

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Sin quitar su pensamiento de trabajar en los Estados Unidos, se fijó de plazo un año más para reunir dinero para el viaje y el pago de una  renta, al igual que otros compañeros.

“Pero entonces, vinieron clases, juntas de líderes y ahí voy. Yo puse atención y me gustó todo, el tipo de estudiantes, trabajos, líderes y cuidar la gente”, explicó Manuel.

Portando su playera roja de la tercera generación “Esposos Tapia”, destacó que “si un líder (de cuadrilla) maneja bien su equipo, entonces la gente va tras de él; si la enseñas también, entonces la gente también va derechito para ti”.

La labor del campo no es nueva para Manuel, en ésta ha sufrido y ha batallado, compartió, y algunas veces se ha sentido esclavo. También ha trabajado en la construcción de puentes en Tapachula, antes de viajar a Sonora.

Pero sin duda, una de las experiencias que ha cambiado su vida es la de cuando se fue de Chiapas a Cancún, Quintana Roo, a buscar trabajo; lo consiguió en el sector hotelero, “como lavador y luego como supervisor”; sin embargo, el problema al que se enfrentaba era al de no hablar español.

Entendía el idioma pero no sabía cómo expresarse. Lo único que decía era sí y no. Su lengua materna es el tzotzil.

Manuel recuerda que en Cancún se fijó la meta de aprender español en un año, se hizo de amigos a quienes les pedía que lo corrigieran y que escribieran lo que decían para ir aprendiendo. Y lo logró.

En su tierra sólo se puede estudiar hasta tercer año porque luego no hay recursos para salir adelante, cuenta Manuel con expresión seria. Pero esas bases le sirvieron para sacar adelante su compromiso de aprender y ser bilingüe.

A miles de kilómetros de distancia, ayuda a sus compañeros, por quienes se quedó, porque “hay veces que la gente viene y quiere aprender pero les da pena porque no saben hablar español, entienden pero no saben expresarse”.

Manuel es un ejemplo para sus compañeros, no nada más es líder de cuadrilla a quienes muchos siguen, sino también porque no fue difícil convencerlo cuando la maestra Erica (Salinas) le anunció: “que el señor Francisco dice que esta temporada tú vas a dar clases de tzotzil y tzeltal porque hay muchachos que no entienden y les da pena, entonces no quieren estudiar”.

Durante la graduación del pasado 30 de mayo, Manuel Bolóm Ara, recibió un reconocimiento por su solidaridad y apoyo. También lo sorprendieron al regalarle una tableta electrónica con la que se premió su esfuerzo y dedicación, ya que no faltó a ninguna de sus clases.

¿Qué te hizo venir desde tan lejos?, se le preguntó. “La paga era muy buena, mi hermanito Alonso Bolóm me dijo: mil 500 semanales, menos 300 de comida y sin pagar renta; en otros trabajos le pagan 100 pesos diarios y uno tiene que llevar su comida”.

Agregó: “Si estoy aquí es por la necesitad, en Chiapas no hay suficientes recursos, trabajo hay pero aquí ganamos un poquito más”.

Por último, el maestro de español de la Escuela Corporativa Rico Farms, dijo: “Estoy muy agradecido por lo que me están dando, yo hice un compromiso y estoy muy emocionado, y feliz porque ya cerré el ciclo escolar, cumplí mi meta. Ojalá que Dios me permita la vida para estar aquí en agosto otra vez”.

Dio las buenas noches, agradeció por “hacer las preguntas” y se despidió de mano de la reportera. Después se fue a continuar con el festejo de graduación, a tomar selfies y a pedir que le tomaran fotos con “Papá Tapia”, Francisco Tapia Martens, fundador del campo donde terminó la primaria y estudia la secundaria.

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Fotos de Claissa Bell Rodríguez y Sociedad Activa

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