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Cambio de piel

POR Antonio Quintal Berny

Columna A toro pasado

Jesús González Anaya, secretario de Hacienda y Crédito Público recién nombrado, tuvo un desempeño sorprendente como director del Seguro Social, institución a la que no sólo sacó del riesgo de bancarrota, sino que la perfiló como una organización superavitaria, moderna, eficiente y orientada a la gente; por su destacado papel en el IMSS, el presidente Peña lo nombró Director de Pemex y de nuevo se perfilaba como su mejor director cuando aceptó la titularidad de la SHCP.

Sin duda, ha sido uno de los mejores funcionarios de la administración actual; no obstante, hace días escuché una entrevista en la que a pregunta expresa sobre su futuro inmediato respondía, “Tendré que buscar trabajo”.

Ese es el destino de casi todos los funcionarios públicos y muchos colaboradores de dependencias de gobierno; buenos y malos; efectivos o ineptos. Se van a su casa al cambiar de titular, ya sea federal, estatal o municipal, de instituciones paraestatales y de organismos autónomos.

Un nuevo funcionario cambia a la mayoría de los empleados de la dependencia; el gobierno cambia de piel y lo hace a costillas de los contribuyentes y con un costo exorbitante; también provoca que la productividad de la dependencia se vaya al piso y que se tengan que organizar procesos de capacitación al vapor para entrenar a los que llegan; esto, ¡cada tres o seis años!

Tratando de encontrar la dimensión de esta práctica en el último cambio de administración estatal, pedí información de cuántos empleados de gobierno salieron de septiembre de 2015 a marzo de 2016, cuánto se había erogado por ello y cuántas demandas laborales se habían presentado y a la fecha no me la han proporcionado. Pero como es un proceso común y rutinario en todos los niveles, sé que cientos de colaboradores fueron reemplazados, que el costo al erario público fue altísimo y que se interpusieron cientos de demandas laborales por despidos injustificados.

¿Cuál es el beneficio para la sociedad de esta práctica? Ninguno.  El beneficio es únicamente para cada persona que entra y el perjuicio es para cada persona que sale. Quien entra lo hace como recompensa por tener alguna relación con alguno de los nuevos funcionaros o por haber trabajado días o meses en una campaña electoral.  Quien se va lo hace porque su “padrino” deja la posición que tuvo en el período que concluye.

En cualquier empresa, a quien se contrata pasa por un proceso de reclutamiento y selección, en el que se revisan logros de varios candidatos, se corrobora la información curricular y se presentan exámenes psicológicos y entrevistas. Después de todo esto, se contrata al que se considera el mejor candidato y periódicamente se evalúa su desempeño y, como consecuencia, se capacita, se promueve o se despide, todo de acuerdo a la ley.

Si el gobierno, como las empresas, tuviera una política de contratación trasparente, si todos los que entraran a colaborar lo hicieran respondiendo a una convocatoria no amañada, que considerara méritos y no recomendados, seguro que tendríamos mejores funcionarios y mejor gobierno; también, si los que dejaran su trabajo en el gobierno lo hicieran por irregularidades o por bajo desempeño de objetivos laborales y no solo por haber concluido el período, el gobierno tendría colaboradores más estables y confiables. En algo influye la inseguridad laboral futura, en la decisión de algunos funcionarios de corromperse.

Uno de los aspectos que se critica a la reforma educativa es que tanto el ingreso, permanencia, promoción y remoción de maestros debe basarse en méritos; es claro que, si algo se quiere mejorar, se tiene que evaluar.

Con este enfoque de permanencia se busca tener mejores docentes y, sobre todo, mejor educación y mejor futuro para los niños. ¿Por qué el gobierno de los tres niveles y en los tres poderes no aplica el mismo criterio para todos los colaboradores?

Es cierto que en todas las democracias el que gana nombra a sus colaboradores cercanos bajo su propio criterio, pero son unos cuantos y el costo público es bajo. Así debería ser en México, pero la realidad es que quienes cambian son muchos y los que se van, si fueron honestos, se quedan en la calle y quienes llegan, pueden entrar buscando asegurar su futuro a costa de deshonestidades y complicidades.

No he sabido de ningún candidato que se pronuncie sobre este tema, pero, ¿valdría la pena que la comunidad lo exigiera?, ¿el país está tan boyante para darse el lujo de pagar por el cambio total de piel del gobierno?

Acerca del autor

Antonio Quintal Berny es socio-director de WB Solutions, Talento en Movimiento; ha sido director general del Tecnológico de Monterrey, Campus Sonora Norte; rector de UVM y UNO, subsecretario de Fomento Industrial y director general de Copreson; es conferencista, expositor y facilitador en congresos, seminarios y talleres en México y otros países y profesor en varias universidades de cursos en administración e ingeniería en profesional y posgrado.

Correo Electrónico

aqberny@hotmail.com

Twitter

@aqberny

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

2 Comentarios

  • Joel dice:

    En México existen dos criterios bajo los cuales los ‘lideres’ arman sus equipos. En la iniciativa privada se escojen a los más eficientes, en el gobierno y paraestatales, se eligen a los incondicionales. Creo que la diferencia y los resultados son claros. Sufrimos las consecuencias de tener funcionarios mediocres, que actuan más como lacayos de sus padrinos o jefes, que como servidores públicos con sentido de respeto a las leyes y amor por su trabajo y el servicio que prestan a los ciudadanos. DE allí, que sea práctica común que cuando un puesto ya no les sirva para sus iintereses personales, lo botan y abandonan irresponsablemente, bajo el cinico argumento de que el país los necesita como candidatos a tal o cual puesto, o como achichincles de campaña de su mecenas o protector politico. Porque no tocan el tema los candidatos actuales?? simple, por que a excepción de unos cuantos, han sido creados y educados en esta misma escuela mediocre y servil, y esperan ellos mismos tener un sequito de aduladores, incondicionales y sumisos colaboradores que les sirvan a ellos y sus intereses particulares, y no a las leyes, instituciones o ciudadanos. México tiene todavia una sub cultura del servicio público, y sus politicos todavia estan en las etapas del medievo o de la colonia, donde la palabra ciudadano no existia, y lo que se esperaban eran subditos…

  • Antonio Quintal dice:

    Por eso estamos como estamos. Saludos,

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