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El voto contra la corrupción

POR Luis Alberto Medina

Cada elección presidencial tiene su propio sello. Las últimas cinco en México han estado marcadas por un acontecimiento, tema, coyuntura, problemas que aquejan al país.

La de 1988, sin reglas claras y con todas las deficiencias del sistema político electoral mexicano fue la elección del fraude. Esa sombra persigue de por vida a Carlos Salinas de Gortari. A la izquierda, representada con Cuauhtémoc Cárdenas, expriista, le fue arrebatada la oportunidad de gobernar el país. La acusación del robo de votos tras la popular caída del sistema se ha quedado en la memoria de los mexicanos.

La de 1994 fue la elección del miedo. El asesinato de Luis Donaldo Colosio no produjo un voto de castigo para el PRI: el sistema presidencial capitalizó el voto del miedo. Los ciudadanos, los acuerdos, el contexto, hicieron ratificar al PRI en Los Pinos. Así sucede en otras partes del mundo cuando el miedo se apodera de la población y se prefiere mantener el status quo. Además de que el salinismo mantenía una burbuja económica que estalló con el error de diciembre, en los primeros días de la toma de protesta de Ernesto Zedillo, el presidente del PRI ganador.

En el 2000 vivimos la elección del cambio. El debate se centraba en la continuidad de 70 años del partido de Estado en el poder, o el cambio con el panista Vicente Fox, un exgobernador de Guanajuato, de lucha por la democracia en su Estado, pero que resultó un fracaso en la Presidencia de México. Pero el cambio era el debate: seguir o no con un presidencialismo priista que había enfermado a la vida política mexicana.

En el 2006 fue la elección de la economía. La campaña de que Andrés Manuel López Obrador representaba un peligro para México y, por lo tanto, las finanzas y economía del país estaban en riesgo si el ganaba, era el debate central del 2006 entre el entonces candidato del PRD, Andrés Manuel, y el abanderado del PAN, Felipe Calderón. Roberto Madrazo, excandidato presidencial priista, jugaba un papel similar al que hace hoy José Antonio Meade el PRI: No se le tomaba en serio ni lograba remontar en las encuestas. La campaña del miedo contra López Obrador triunfó, con los saldos del país que ya conocemos. Se habla hasta de la década perdida, entre los periodos del Fox y Calderón.

En el 2012 el debate era refrendar a la oposición en el poder, al ver que había fracasado el panismo en el gobierno, o darle de nuevo la oportunidad al PRI: a los que sabían gobernar. A los que tenían experiencia. El país había sufrido un descalabro en su seguridad: la guerra contra el narcotráfico no había tenido los resultados esperados. El poder de la delincuencia organizada amenazaba al Estado de derecho. El PRI, con Enrique Peña Nieto, prometía que tenía la fórmula para acabar con los asesinatos y poner orden. Pero fracasó, también. El último conteo de cifras oficiales arroja que con 102 mil 327 homicidios durante su gestión, el peñanietismo casi iguala al calderonismo que acumuló 102 mil 859 en su sexenio. Y faltan ocho meses, documentó el periódico Reforma a nivel nacional, para que termine la actual administración federal. Sin contar que encabezamos la lista de los países más corruptos, la economía se estancó, hemos hecho un triste papel frente a Estados Unidos y una larga lista que comprueban el colapso del PRI en Los Pinos.

Hoy es la elección contra la corrupción. En México se socializó: los ciudadanos somos parte de este cáncer que nos cuesta miles de millones de pesos al año. Que nos afecta de manera sistemática desde un trámite personal, doméstico, en la educación, justicia, la forma de gobierno. Lo hemos permitido como sociedad porque nos hemos beneficiado de ello. Pero también se institucionalizó, la corrupción. En todos los niveles de nuestra vida pública y privada: Se prohíja, se impulsa, se gobierna con la corrupción. Nuestras autoridades están rebasadas en el tema. No ha sido suficiente con meter a un gobernador y funcionarios a la cárcel, por ejemplo en Sonora, donde comprueba el Inegi que hay aumento en lo que afecta al ciudadano. En esta elección presidencial se juega la carta mayor: elegir a un candidato que esté dispuesto a empezar a combatir la corrupción. Se necesita la cabeza, para que funcione. Para que baje a todos los órdenes de la vida pública. ¿Quién de los candidatos presidenciales tiene el perfil para al menos combatir y avanzar contra la corrupción?

Columna tomada de El Imparcial

Acerca del autor

Luis Alberto Medina es director de Proyecto Puente, noticiero en Internet. Premio Nacional de Periodismo 2014. Corresponsal nacional de Denisse Maerker en Atando Cabos.

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