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Entre contenidos virales, fake news y opinólog@s

POR Isaac Palazuelos

Al cierre del segundo mes del presente año electoral, el escritor Mario Vargas Llosa, se expresó en torno al panorama socio político mexicano y sus próximos comicios, advirtiendo el peligro de un retroceso democrático con el posible triunfo de un frente populista.

Su discurso se remite de manera evidente a la candidatura de AMLO, aunque sin mencionarlo directamente, su disertación bien pudo ser rematada con la frase “Ya sabes quién”.

¿El triunfo de una opción partidista distinta constituye en verdad un retroceso en la democracia, incluso más que la falta de espacios, para las voces que carecen de legitimidad para emitir una opinión que sea escuchada? La respuesta es no. La democracia, promueve una alternancia de actores al frente de la gestión pública bajo el principio de la pluralidad de opiniones, intercambiadas en espacios parlamentarios y a través del sufragio.

Días después, se hizo viral la presunta iniciativa de una internauta que proponía la quema de libros del galardonado autor. En una muestra de parcialidad política, Joaquín López Dóriga difundió la nota a través de su cuenta de Twitter con el mensaje: “Les digo que así empiezan, con la quema de libros. ¿Qué sigue?”.

A lo que yo respondí: “La pregunta no es por lo que sigue, sino por las condiciones que hacen posible la viralidad del contenido en cuestión, en un contexto virtual de “diálogo” político, que se distingue por este tipo de expresiones poco racionales, desde todos los frentes”.

Por supuesto que mi tweet no generó impacto ni retroalimentación alguna, reafirmando así, el escepticismo necesario respecto a las redes y el supuesto intercambio dialógico que estas prometen.

Si algo ha distinguido al manejo de estas plataformas durante el actual proceso electoral; es la falta de diálogo, la violencia verbal, los insultos, las pasiones irracionales, los reduccionismos en relación con problemáticas sociales, las fake news, la viralidad de contenidos absurdos o manipulados, las calumnias, el cyber bullying. Pero aún más, la burla y el abuso de confianza sobre las audiencias.

El vistazo más general como la observación más minuciosa de los contenidos audiovisuales y discursivos desplegados en las redes sociales digitales, dan cuenta de una democracia y de una política vulgar, deplorable, burlona y mediatizada, que raya en lo absurdo.

De parte de la ciudadanía, se distingue una tierna esperanza, conjunta a una terrible desesperación, a un malestar social acumulado, pero también, en muchos casos, a un completo desconocimiento del acontecer político nacional o falta de memoria histórica en torno mismo.

De parte de los partidos, se trata ya de un método clásico, con la diferencia de que han migrado de lo análogo a lo digital. Se aprovechan de la desesperación de la ciudadanía, abusan de su malestar social y se regocijan de su desconocimiento y falta de memoria histórica.

El modelo de comunicación política en México, enfrenta la mayor tensión de su historia entre la libertad de expresión y el derecho a la información.    

El protagonismo de las redes sociales, su falta de regulación jurídica ante las relaciones de poder y la estructura jerárquica que proveen los algoritmos, son las grandes causantes de este escenario.

No es casual que Facebook decidiera redireccionar su algoritmo, desviando la atención de actividades de interés público, por interacciones privadas y afectivas vinculadas a la amistad.

Tampoco son casualidad los recientes intentos legislativos por generar marcos de control sobre las redes sociales digitales, que más bien parecen estar encaminados a la censura, el desempoderamiento comunicativo de la ciudadanía, la protección de actores políticos ante las críticas, y la imposición hegemónica de los discursos.

Aquí se encuentra la clave que conecta la viralidad, las fake news y la presencia de opinól@s en torno al proceso electoral.

La conferencista Gloria Álvarez resulta un caso ejemplar, si bien censurarla constituiría un retroceso democrático, es también relevante reconocer que su viralidad representa los intereses, de quienes tienen el poder económico de posicionarla como un nodo importante en las redes sociales digitales.

Asimismo, su retórica sobre la teoría social y política, bien pudiera considerarse como fake news, si el concepto no se reduce al montaje de acontecimientos que no pueden ser reafirmados de manera fáctica.

La realidad social se construye en el lenguaje, por lo que un uso a modo de éste puede constituir también un montaje, una manipulación o una desinformación.

Y aunque existen algunos elementos acertados en sus críticas, resulta curioso que pese a sus esfuerzos por ceñirse a lo que ella denomina “populismo”, sus peores acusaciones, encajan a la perfección con el resto de los frentes políticos que compiten en la contienda electoral en México.

La desinformación de las fake news puede también esconderse tras la viralidad de los discursos de opinólog@s y de la forma acrítica en que se reciben estos mensajes por muchos cibernautas.

Acerca del autor

Isaac Palazuelos

Licenciado en Sociología por la Universidad de Sonora, maestro en Ciencias Sociales por el Colegio de Sonora. Realiza investigación doctoral en estudios culturales para el Colegio de la Frontera Norte.

Correo Electrónico

isaacpdesc2016@colef.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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