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Suilo Orozco: los indigentes son felices en las calles

La resistencia del gobierno municipal a no reconocer el grave problema de la indigencia es un tema de antaño. Lo escabullen permanentemente en su discurso, reconocer la magnitud del hecho implica reconocer las fallas del Estado mexicano en su principal obligación: el respeto a la vida digna, lo que representa en sí el respeto a los derechos humanos.

Me parece que los principales obstáculos para combatir la indigencia en el municipio de Hermosillo son de carácter filosófico, religioso y clasista.

Viene al caso la observación, por las recientes declaraciones del Comisario General  de Seguridad Pública en Hermosillo, Jorge Andrés Suilo Orozco.

El improvisado Comisario, mientras conversaba en entrevista radiofónica, atendió a la pregunta del público, “¿Qué harán con los indigentes?, pregunta la gente”: Dijo el entrevistador.

“No hay que confundir indigentes con infractores o delincuentes, el Programa Mano Amiga del DIF ha regresado más de 600 indigentes a sus ciudades de origen, pero también, invitar a la ciudadanía a que el recurso o la especie que quiere donar a alguien, que lo haga a través de instituciones.

El hermosillense es solidario, al indigente le da un sándwich o cinco pesos, sin embargo, te puedo decir que el 63 por ciento de los indigentes ganan más que un asalariado que trabaja en una empresa. Tienen más de doce años viviendo en la indigencia, nos toca como ciudadanos no ser tan caritativos, no les den dinero, más del 60 por ciento son felices en la calle, comen dos veces al día, no tienen ninguna carencia. No les den dinero, no les den trabajo, no les den comida”.

La invitación a la ciudadanía para no proveer de nada a la indigencia reviste una cultura ausente de las causas y los efectos de la indigencia.

Me pregunto, ¿sabrá el Comisario que el estado de indigencia es consecuencia de una sociedad en descomposición? ¿Que los niveles de indigencia son variados? Más aún, ¿qué los indigentes son hombres, mujeres y niños en vulnerado estado mental? ¿Al menos sabrá que la indigencia implica la ausencia de casa habitación?

Sus palabras indican que no lo sabe, o tal vez sí, pero lo esconde muy bien en el abuso discursivo de la reticencia ante el problema.

¿Se puede ser feliz viviendo de limosna, en la pobreza extrema, en el desprecio social, en la enfermedad,  en el hambre?

La realidad de la indigencia en Hermosillo va mucho más allá del criterio y de las declaraciones expuestas. Al igual que en otras ciudades del país, la indigencia se ha extendido por las mismas características: el aumento de la pobreza extrema y el abandono de los programas sociales.

Efectivamente, en primera instancia la responsabilidad de monitorear y crear programas de apoyo inmediato corresponde al DIF municipal, actividad que debe realizar en corresponsabilidad y coordinación con los elementos de seguridad pública quienes son los encargados de hacer los reportes necesarios de indigencia, en caso de que el DIF no los conozca.

Segundo, al ser los indigentes personas con problemas de salud mental, y en estas condiciones estar en la calle, evidentemente son presa del olvido de la familia y la sociedad.

Por lo tanto, corresponde atender a lo que llamamos, responsabilidades de los servidores públicos.

Tengo claro que la omisión de las autoridades a problemáticas que involucran  grupos vulnerables, como los indigentes, es una violación al  derecho humano de una vida digna. Sin duda lo es. Identificar, prevenir y defender los derechos humanos es responsabilidad de todos, y principalmente, es una responsabilidad de los servidores públicos y de instituciones como el DIF, Secretaría de Salud  y Seguridad Pública Municipal.

En la segunda mitad del siglo XX, surge la tercera generación de derechos humanos en el mundo. Con la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclamada en París en 1948, documento firmado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, nace el derecho de los pueblos a la solidaridad, a la preservación de la vida humana, de los recursos naturales, del equilibrio ecológico, y de las culturas, entre otros.

El derecho a la solidaridad con el hambriento, el derecho de dar y recibir entre nosotros como un gesto humano y consciente, eso es lo que Jorge Suilo Orozco, comisario de Seguridad Pública Municipal nos pide que no hagamos.

“Los indigentes son felices de vivir en la calle, no le de comida, no le de dinero, mejor lleve su ayuda a las instituciones correspondientes”. Me retumbó hasta el tímpano.

¿A qué instituciones llevamos nuestro apoyo? A las que se han desmoronado moralmente como consecuencia del saqueo, que los políticos han perpetuado… No hay confianza para ello, por eso grupos organizados de ciudadanos y ciudadanas prefieren brindar su apoyo a la indigencia por su cuenta.

El otro día leí en un libro unas líneas, eran recomendaciones del homenajeado en la Feria del Libro 2017, Miguel Manríquez, decían, “No hable de lo que no sabe”. Algo así le caería bien al Comisario de Seguridad Pública Municipal en Hermosillo, en lo que a indigencia se refiere.

Me hubiera encantado escuchar que reconoce el problema de la indigencia tal como es, ojalá a través del micrófono hubiera convocado a los ciudadanos a resolver de manera conjunta el problema.

Pero no, no fue así, en mi parecer, él, como funcionario corresponde a una administración municipal carente de cultura general, que ya anuncia al más pobre de sus candidatos para el próximo trienio.

Referencias: Derechos Humanos Laborales. CEREAL.-

Acerca del autor

María Dolores Rodríguez Tepezano es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora; pasante de maestría en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional; promotora en Gestión Cultural por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; fundadora de la Red Sonorense por la Defensa de los Derechos Humanos Laborales.

Correo Electrónico

mariadolores_tepezano@hotmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

5 Comentarios

  • david barton dice:

    Excelente artículo Ma. Dolores. Saludos

  • Margarita Salazar dice:

    Me encantó y desearía que gente HUMANA estuviera en el poder e Instituciones al servicio de la humanidad.

  • Guillermo Cano dice:

    Muy buen artículo Ma. Dolores!

  • Angel Azteca dice:

    Lamentable declaración de parte de Suilo Orozco que ocupa y representa ante la sociedad hermosillense el cargo de comisario de la policía municipal. De verdad, que falta de conciencia y solidaridad tiene este funcionario hacia sus semejantes, nada de misericordia fraternal . A lo mejor este señor siempre ha gozado de una buena vida con solvencia económica (un estilo clasista como lo ha mencionado la autora de esta columna), lo cual le ha impedido conocer realmente a fondo esta grave problemática social que impera no sólo en la capital sino en muchas ciudades de México. Yo tampoco creo que ser indigente o vivir en la calle sin nada signifique ser “feliz” para alguien que no tiene la seguridad que comerá al día siguiente o peor aun que pierda la vida en cualquier momento por ser confundido como un criminal. La noche que anduve caminando ví un hombre indigente que estaba solo, seguramente con frío y hambre, tomando agua de una llave pública y me pregunté a mi mismo tristemente, ¿cómo llegó esa persona a ese estado?, ¿qué factores o circunstancia lo hicieron así?, ¿pudo ser su vida diferente si hubiera contado con la ayuda de alguien? Cada vez estamos más divididos social y económicamente, entre los que tiene y los que no tiene nada, pero lo que duele más es la indiferencia fría y excluyente de los funcionarios de gobierno que tienen el poder para cambiar o hacer menos trágica la situación de los indigentes.

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