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Hay oficios en peligro de extinción en Hermosillo: sastres, zapateros, joyeros…

POR Karla González

A eso de las cuatro de la tarde, don Gustavo Rosas Olivas se asoma a la puerta de su negocio de sastrería que da hacia el bulevar Colosio, en el centro de la ciudad. Toma una camisa para hacerle algunos ajustes, pues debe quedar lista lo antes posible.

Entre ganchos de ropa, retazos de tela, hilos, tijeras y máquinas, don Gustavo pasa sus días. Sabe que la clientela ya no es la misma de hace diez años, ya no atraviesan la puerta del establecimiento como antes para pedir un traje sastre, ahora los servicios demandados son: largo de mangas de camisa, ancho de camisas y angostos de trajes.

“Antes lo fuerte de uno era fabricar los trajes desde cero, pero desde hace diez años a la fecha el negocio ha decaído mucho y ahora solo es reparación de ropa. Ya no es redituable hacer trajes porque están muy caros los materiales y la competencia y los monopolios dan muy barato”, comentó.

Originario de Guadalupe y Calvo, Chihuahua, inició en el oficio en el año de 1960, a la edad de 12 años. Su trabajo en Sastrería Noriega, es reconocido por todo tipo de personas, pero políticos y empresarios prominentes le hacen pedidos desde hace tiempo.

“Viendo es cómo se aprende el oficio, empieza uno haciendo mandados para que le den chance de aprender. Mi hijo es ahora el dueño del negocio, yo tengo 57 años y todavía no nos enfadamos”, dijo.

Ahora, su hijo Jesús Gustavo Rosas López, quién es enfermero, es también el dueño de “Sastrería Noriega”; sus otras hijas no se interesaron por el negocio y estudiaron Ingeniería Industrial y Sistemas computacionales.

Renovarse o morir

Como don Gustavo, hay quiénes han tenido que adaptarse a los cambios que exige la sociedad y el mundo. Las calles del centro comercial de la ciudad o las principales avenidas y bulevares ya no están ocupados por los negocios tradicionales, ésos que eran el sustento de familias enteras.

La tecnología y la globalización han abierto nuevos caminos en el campo laboral. Es así que la tecnología ha ido desplazando o sustituyendo muchos de los oficios que antes eran sumamente necesarios y que ya no lo son; algunos han sido desplazados por máquinas.

A partir del siglo XVIII, la actividad artesanal se vio afectada por la Revolución Industrial y marcó una pauta en la vida doméstica de las familias mexicanas.

“Las costureras en las casas eran las que existían y hacían la ropa y los vestidos. A finales del siglo XX y a principios del XXI, se transformó la vida, ya lo industrial dio paso a lo electrónico y lo digital. Con esta globalidad que vivimos en todos los sentidos, resulta más práctico y económico desechar o comprar el producto que repararlo. Ya nadie arregla una televisión, ahora se reparan tablets, computadoras o celulares, esto viene del consumismo”, señaló el cronista Hermosillo, Ignacio Lagarda.

Con la deshumanización del trabajo, desaparecen los oficios y se buscan otras ocupaciones o se profesionalizan los servicios.

“Antes cualquier cosa o producto llevaba la mano de una persona, ahora es una máquina la que hace las piezas. Para lo que comemos, como las tortillas, se utilizan máquinas”, dijo.

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Desaparecen los oficios tradicionales

De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del año 2005 al 2017, el oficio de sastre, modisto, costurero y hojalatero, se ha reducido en más de la mitad en Sonora.

* Principales oficios y su población ocupada en 2005 y 2017 en Sonora.

“Empecé de mandadero”: joyero con 30 años de servicio

Francisco Javier García tiene 30 años en el oficio de joyero, inició desde niño, en el estado de Sinaloa.

“Ahí empecé, empecé de mandadero, empecé a aprender y ahí me quedé, me quedé con el oficio. Ahora ya no hay mucha demanda en joyería, de hecho ahorita estamos descansando porque lo que tiene que ver con la cuesta, está tranquilo, no hay trabajo”, dijo.

Arreglos menores, soldaduras de anillos, cadenas y pulseras, son los trabajos más demandados. Por los que cobra de 50 a 80 pesos.

“Es tranquilo, por ejemplo ahorita está tranquilo, no hay mucha demanda en nada, una cosa se arregla, se repara, detallitos así, de gota a gota es lo que ayuda. Lo que pasa es que en los empeños venden cosas de segunda y ya la gente prefiere comprar cosas que aunque sean de segunda, pero pagan menos y usan al joyero para reparar las cosas que compren, o si compró algo que no le queda, viene aquí y lo recorta o lo hace a su forma y ya, es nada más eso”, comentó.

Florencio Gaspar Valencia, tiene 60 años de edad, es originario de Bacáme Nuevo, Sonora, y desde hace 47 años se dedica al oficio de reparación de calzados “Abdiel”.

“Estábamos ahí por la No Reelección #36, primero ahí donde está el Banco de Ropa y después enseguida, de eso hace 45 años. Me gustó desde chico, vi como trabajaban, las pieles, las baquetas y empecé a trabajar hasta la fecha”, afirmó.

¿Cuáles son los trabajos más demandados?

“Las tapitas, pintadas, poner suelas, media suela, costuras, parches, zippers, reparación en general. El tiempo de reparación depende, por ejemplo las botas vaqueras me puedo tardar 40 minutos, 50 en poner suelas y las de mujer unos 20 minutos, media hora, depende del tipo de zapato. Ha bajado mucho el trabajo, en otros tiempos nos agarraba el trabajo y no nos dábamos abasto, este último año sí estuvo pesadito porque casi no hubo trabajo, no como otras veces que no hallábamos que hacer, estuvo calmado”, apuntó.

El precio de las suelas nuevas es de 400 pesos, por los parches se cobran hasta 50 pesos, el cambio de los zippers puede llegar a costar hasta 120 pesos.

Desde hace 3 años que el señor Florencio notó un cambio considerable en la demanda de sus servicios.

“Lo tribuyo a que hay mucho calzado que es de hule, muy corriente, que no tiene caso que lo manden a arreglar, yo de plano les digo, eso no te va a quedar bien vas a hacer un gasto de oquis, no tiene remedio es puro hule corriente, muy corriente; para mí ver, porque hay veces que me quiebro la cabeza arreglándolos y hay mamacita linda, no es que mejor no lo arreglen, porque para eso está uno, pero pierden mucho tiempo y no te pagan lo que es, dicen me sale más barato comprar otros que arreglarlos y por eso digo que ya no es como antes, antes eran de piel, de baqueta, aguantaban, las mochilas ahora son de pura lona, tela, se rompen a cada rato y son caras, ha cambiado mucho”, aseguró.

El señor Florencio también hace algunos trabajos de talabartería en maletas, cintos, mochilas y bolsas. Tiene tres hijos, pero ninguno quiso ser zapatero.

“Conoces a mucha gente y te enteras de muchas cosas”: dependienta con 46 años de servicio

En nuestra sociedad cambiante, pocos han sido los casos de las personas que han corrido con suerte, que se han sabido adaptar a las nuevas necesidades de las personas.

Esto sucedió con Ana Alicia Cruz Solórzano, quien comenzó a atender el abarrotes de su papá, Ceferino Cruz Encinas, en mayo de 1972, 33 años después de que la tienda abriera sus puertas por primera vez, en la colonia Centenario.

“Cuando hay festividades grandes, el Oxxo cierra y nosotros no. Sí he sabido de muchos abarrotes que han cerrado por los oxxo. A nosotros nos han querido comprar del Extra y del Oxxo, pero no lo vendemos porque es un negocio familiar”, dijo.

De las cosas que más disfruta la señora Ana es el convivir con las personas, y es que la ubicación del negocio, en bulevar Hidalgo y calle Galeana, le ha permitido conocer a figuras políticas y otras personalidades importantes.

“Conoces mucha gente y te enteras de muchas cosas. Se acostumbra uno a estar todo el día aquí pendiente. Uno sabe hasta de las parejas que se enojan, que regresan y todo sucede adentro de la misma tienda”, comentó.

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