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Un año con Trump

POR Antonio Quintal Berny

Columna A toro pasado

El presidente Trump ya cumplió un año al frente del gobierno de los Estados Unidos y, pese a la fama de inepto, misógino y racista, y a pesar de que para los mexicanos sea nuestro villano favorito y de tanta tinta derramada en criticar su presidencia desde afuera, y también desde adentro, puede sentirse satisfecho de sus logros, a pesar de su inexperiencia gubernamental y militar.

Como prueba de sus resultados, es de notarse que sus más fuertes oponentes han modificado sus posturas; inicialmente lo tildaban de incompetente y ahora lo califican de efectivo, particularmente en la cancelación de las políticas progresistas de Barack Obama; así, ya han reconocido las bondades de su reforma impositiva, de los efectos positivos del su postura sobre del cambio climático, los efectos nocivos económicos del Obamacare y, en especial, la expansión inédita de la producción de energía.

Por otro lado, Trump no ha abandonado la OTAN. Tampoco se ha coludido con Putin, mantiene las sanciones contra Rusia y continúa armando a Ucrania.

Adicionalmente, no ha iniciado una guerra económica con China ni ha nombrado a la ligera a jueces en las cortes federales, o desmantelado a organizaciones politizadas como el FBI y el IRS. Es claro que la imagen de Trump entre los gringos ha mejorado en este año y al parecer, los rumores de “impeachment” o despido han perdido fuerza.

El presidente no ha iniciado la construcción del muro fronterizo, tampoco ha insistido en el comercio libre pero justo, con Asia y Europa, no se ha salido del TLCAN y no ha iniciado su anunciado programa de reconstrucción de infraestructura, pero sus críticos no pueden demostrar que sus resultados sean pobres.

Al final de su primer año el mercado de valores y la confianza empresarial se ubican a niveles inéditos, la confianza del consumidor alcanza un nivel que no se registraban en los últimos 20 años. Las promesas hechas en su campaña de repatriar capital e industria a Estados Unidos, ya no parecen inalcanzables.

La reforma fiscal y tributaria, los incentivos de la desregulación que estableció y su política de producción de energía a costos más bajos que Europa y Japón, está logrando su propósito de hacer a Estados Unidos un país más competitivo.

Sin duda, el mayor logro del presidente Trump es haber reducido el impuesto sobre la renta empresarial de 35% a un 21% que, con lo que proyectará la economía a un crecimiento mucho más agresivo, calculado en un incremento anualizado superior a un 3%, 50% superior al que estimamos en México, del 2%.

Por otro lado, hay indicios de que muchas empresas ya están transfiriendo parte de sus ahorros en impuestos a la mejora de salarios y prestaciones de sus empleados y estos cambios.

Asimismo, el desempleo, que alcanzaba el 4,8% cuando asumió el cargo, se redujo al 4,1%, su nivel más bajo en 17 años y el Producto Interno Bruto (PIB) alcanzó el 3,2% en el tercer trimestre de 2017, su punto más alto desde el primer trimestre de 2015.

Cuando en México -a duras penas- alcanzaremos una producción petrolera casi de 2 millones de barriles diarios, Estados Unidos llegará a la increíble cifra de 11 millones.

Así, el petróleo volverá a ser un puntal del desarrollo americano, al lado de grandes proyectos de energía eólica o solar. Y es que la producción de gas, petróleo y carbón se proyecta que tengan un crecimiento explosivo catapultado por las políticas e iniciativas de Trump que promueve más la producción a base de la técnica de trituración en terrenos federales y aguas oceánicas, y completando los ductos necesarios para su transporte.

Por otro lado, el inminente crecimiento de la capacidad de producción industrial en suelo estadounidense tendrá como resultado el incremento de sus exportaciones por primera vez en muchos años y con ello abonará favorablemente a su balanza comercial con el mundo.

En suma, a pesar de que las ideas, tuits, iniciativas, políticas y declaraciones de Trump lesionen las relaciones entre México y Estados Unidos, parece que sí iban en serio las promesas de campaña que se resumían en “Make America great again” (Hagamos grande a América otra vez), o al menos sus votantes lo están creyendo.

Y con esto, nuestro país estará más presionado en encontrar nuevas opciones que favorezcan nuestra economía, como el robustecimiento del mercado interno y la diversificación de exportaciones hacia otras latitudes.

El próximo presidente de México no podrá basar el futuro de México en la actual y enorme dependencia económica con nuestro vecino del Norte. Será uno de los grandes retos que enfrente.

Acerca del autor

Antonio Quintal Berny es socio-director de WB Solutions, Talento en Movimiento; ha sido director general del Tecnológico de Monterrey, Campus Sonora Norte; rector de UVM y UNO, subsecretario de Fomento Industrial y director general de Copreson; es conferencista, expositor y facilitador en congresos, seminarios y talleres en México y otros países y profesor en varias universidades de cursos en administración e ingeniería en profesional y posgrado.

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