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¡Cállate Ramón!

POR Enrique Zavala Urquides

En momentos álgidos plagados de exabruptos y contradicciones, bien nos haría recordar esa expresión que usábamos de chamacos al escuchar a personajes tan desatinados como mal intencionados y debiéramos “recetarles”, con el perdón de todos los lectores, a micrófono abierto y en voz alta el ¡Cállate Ramón!

El incidente de Samuel Ocaña

Nos vendría bien recordar que durante el sexenio del Dr. Samuel Ocaña, en una reunión convocada por la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación, al exgobernador ante su sobrio discurso, se le aplicó este frase en público y en medio de su disertación a los atentos asistentes, de manera sorpresiva un humilde soldador invitado, después de “algunos tragos” y ante la sorpresa de todos gritó la conocida frase.

Cabría aclarar dos cosas, la primera que aplicársela al doctor Ocaña, fue irrespetuoso y doblemente injusto, por haber sido un excelente gobernador de nuestro Estado; además, uno de los más honestos y emprendedores. La segunda, que al calor de la copas el soldador en comento cambió la segunda palabra por otra que inicia con “G” y diéresis, misma que me niego a repetir por causas obvias.

De lo anecdótico a lo real 

Sin embargo la expresión coloquial es muy aleccionadora y debiéramos usarla figurada y literalmente más seguido incluso con la “G”, sobre todo ante aquellos quienes, creen y piensan que todos los mexicanos somos corruptos, estúpidos o faltos de inteligencia, me refiero a esos personajes que “pululan” en los distintos medios locales y nacionales mintiendo sin recato, sin límite y sin decoro alguno.

Sin duda hay muchos que esta expresión popular se la tendrían muy merecida, en donde no sería un insulto corriente, sino una justa respuesta ante tanta “tarugada mediática o comunicativa”, de un encumbrado político o un ciudadano de a pie, esta expresión también se usaba en corto -estimado lector-, ante pláticas cotidianas que carecen de sustancia y hacen de los merolicos unos todólogos expertos en todo y nada… ¡Se las saben de todas, todas!, qué barbaridad.

 Conclusión

Este artículo no pretende ser ofensivo, más bien anecdótico, ilustrativo; tampoco de mal gusto, solo pretende recordarnos lo claridosos que éramos antes, de chamacos, cuando escuchábamos tonterías y expresiones fuera de lugar, de inmediato y en automático se accionaba el ¡Cállate Ramón!, muy seguido, con el perdón para todos los Ramones y los que trabajan muy poco, con la segunda palabra con “G”…

“El silencio es el signo de la sabiduría y la locuacidad es la señal de la estupidez”: Pedro Alfonso.

Acerca del autor

Enrique Zavala Urquídes es licenciado en Administración, asesor gubernamental en seguridad pública, maestría en Global mangement, Certificación en risk, need, responsivity models, programas de reducción del riesgo penitenciario, diplomado en Filosofía y asesor en modelos de reinserción social. Teléfono 6623 – 533841

Correo Electrónico

ezavalaurquides@gmail.com

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