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Construir paz

POR Guillermo Noriega

Columna “En la lupa”

Siempre creí que la política y los asuntos públicos eran espacios deliberadamente agrestes para evitar que las y los ciudadanos de buena fe se animen a participar. Una especie de barrera disuasoria.

Lo percibía como un pacto tácito entre políticos, que si se pudiera verbalizar pudiese sonar algo así como: “Vamos a golpear, a calumniar, difamar o hasta amenazar a quienes intenten participar u opinar. Así, solamente quienes tengan un interés muy fuerte, oculto o no, se animarán a arriesgar su buen nombre, su tranquilidad y hasta su integridad física por andar metido en estos asuntos”.

Esto lo entendía así hace ya algunos años, cuando no había redes sociales.

Después de todo, antes de la aparición de estos instrumentos los mecanismos que teníamos como sociedad para que se escuchara la voz ciudadana eran muy limitados. Así como los medios por los cuales podíamos expresarnos.

Desde la aparición de las redes sociales el debate se da ahora en arenas no controladas, la democratización de la opinión pública hace más fluida, rápida y accesible la comunicación y evidencia que no es únicamente el ámbito político el que es agreste y violento, también lo es la dinámica social cotidiana.

La sociedad en sí misma la que no ha desarrollado entendimientos o reglas mínimas de discusión, debate, o interacción sana y constructiva en un mundo digital. Basta con asomarse a un foro de discusión en Facebook, a revisar un “Hashtag” en Twitter con un tema controvertido u observar los fenómenos sociales virtuales que surgen y se extinguen cotidianamente. Ejemplos hay demasiados, no entraré en ellos.

Es esa “plaza pública” virtual el mejor ejemplo de los retos que enfrentamos como sociedad. Ahí se evidencia el ataque, la denostación, el abuso y los excesos como una práctica cotidiana. Ahí se idolatra a personajes que son la antítesis de los modelos de conducta que desearíamos para nuestros hijos, muchos de ellos se convierten en bufones virtuales, algunos ingresan a peligrosos submundos y otros terminan acribillados por balas o “likes”.

Si creemos que el ambiente político es agresivo, duro o violento, basta revisar las redes sociales para darnos cuenta que las nuevas generaciones conviven cotidianamente, casi de forma permanente, en la violencia verbal. Por lo menos.

Las redes sociales son una herramienta y como tal no son el problema sino el uso que se les da, la ausencia de códigos medianamente éticos al compartir información, de entendimientos sociales o de la mínima educación al interactuar con otros. Además, si a la facilidad de ser leído por alguien se le suma la posibilidad del anonimato, como sucede frecuentemente, al no tener que ser responsable por lo que se escribe y dice aumentan la posibilidad de agresiones y violencia.

Insisto. La preocupación se centra en que es en ese medio es donde las nuevas generaciones pasan incontables horas, muchas veces sin la mínima supervisión. ¿Son esos los cimientos adecuados para construir una sociedad exitosa?

Construir Paz

México necesita construir una paz sostenible y duradera y para ello es urgente potenciar la siembra y promoción de los valores universales de solidaridad, respeto, diálogo, solución pacífica de conflictos, entre otros. Cierto que es necesario que existan múltiples desagravios, reparaciones de daño, verdades reales (no solamente las oficiales) y, en pocas palabras, justicia a los pendientes que persisten en nuestra historia reciente; sin embargo, debemos no claudicar en la reconstrucción de un tejido social roído por más de una década de guerra. Y debemos hacerlo en el día a día, en todas partes.

¿No nos gusta hablar de política o religión porque termina en discusión, agresión o pleito? Esto es precisamente porque aún no comprendemos o hacemos propia la diferencia entre dialogar, discutir o querer imponer nuestra idea frente a la del interlocutor, al que deseamos abatir con nuestros argumentos.

Y eso es solamente uno de los muchos elementos indispensables para una sociedad pacífica, solidaria y cimentada en los valores globales. No hay nada que inventar, es simplemente que urge sabernos corresponsables de que la pacificación de nuestro País también está en nuestras manos, en nuestras redes y en nuestros hogares.

En este año 2018, en el que se avizoran para nuestro país grandes retos, pongámonos como propósito dialogar y confrontar ideas, no descalificar o agredir al que piense distinto. Ese puede ser un paso más que decisivo para definir qué sigue en nuestra historia.

Columna tomada de elimparcial.com

Acerca del autor

Guillermo Noriega es licenciado en Relaciones Internacionales, exdirector de Sonora Ciudadana A.C., activista en favor de la transparencia.

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Guillermonoriega@gmail.com

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@elmemonoriega

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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