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Dos tipos de propósitos en año nuevo

POR Claudia Acevedo

¡Qué maravillosa oportunidad el “corte de caja” que nos ofrece el año nuevo! Pareciera que en una noche uno tiene la sensación de poder volver a empezar de cero… Todos los errores que pudimos haber cometido en el año que se va, han quedado atrás. Los “hubiera”, los fracasos, las pérdidas y los conflictos se extinguen a las 11:59 de la noche del 31 de diciembre.

Y a las 12:00 una nueva vibra nos invade, con la esperanza de poder reinventarnos: ¿Quién quiero ser este año que empieza? ¿Podré esta vez lograr mis sueños? ¿Cómo le hago para poder ser feliz (ahora sí)?

Entonces llega el momento de los propósitos, que considero una excelente tradición, pues son una manera de hacer consciencia sobre aquello que deseamos, pero sobre todo de asumir nuestro poder para lograrlo. Es decir, podemos desear muchas cosas, pero en los propósitos nos comprometemos con nosotros mismos a hacer nuestra parte y el resto, dependerá de todos los eventos que no podemos controlar.

Ahora, el tipo de propósitos es clave para la verdadera evolución de la persona. De entrada, yo los clasificaría en propósitos internos y externos.

Los propósitos externos son aquellos que están expuestos a la mirada de quienes nos rodean. Son materiales, tangibles. Los podemos encontrar en nuestro yo físico o fuera de él. Algunos ejemplos serían adelgazar, comer sanamente, dejar de fumar, comprar un carro, estudiar una maestría, conseguir un nuevo trabajo, ahorrar, comprar una casa más grande…

En estos propósitos, considero importante saber cuál es nuestro verdadero interés por lograrlos: ¿la aprobación de los demás, o realmente es una motivación genuinamente propia? Cuando me imagino más delgada (o), ¿dentro de mí pienso en cómo me verán los demás o cómo me sentiré yo? ¿Qué carro quiero comprar, uno en el que “me vea mejor” o uno que me sea más funcional? No es que sea malo buscar tener una mejor imagen, pero lo importante es estar conscientes de la verdadera razón para desear algo, ser honestos con nosotros mismos para de ahí partir.

Muchas veces, observo que solemos desear estímulos externos para “tapar” carencias internas. Hay personas con una sensación de valía tan pobre que se esfuerzan en lograr propósitos de tipo externo para sentirse así mejor con ellos mismos, pero como no tienen clara la verdadera razón de su propósito, la voluntad no les es suficiente, por eso no lo logran concretar. Algo así como tomar una pastilla para el dolor de cabeza cuando lo que nos duele es el estómago.

Puede ser que alguien se inscriba en un gimnasio para poder adelgazar, cuando que el problema de raíz es la ansiedad que le generan sus miedos arraigados desde su infancia. ¿Desaparecerán sus miedos con el gimnasio? No.

Por eso, creo más en los propósitos de tipo interno. Los que nos hacen cambiar y evolucionar desde adentro, incluso, los que tiene que ver con viajar en el tiempo y resolver nuestro pasado. Estos propósitos nos son observables, pero son los que nos dan la verdadera paz interior. ¿De qué sirve hacernos cirugías estéticas, si éstas no modifican nuestro amor propio?

Este año, busquemos primero hacer una limpieza interna de lo que traemos en nuestro corazón, y lo demás, lo externo, se irá dando por añadidura…

Acerca del autor

Claudia Acevedo

Licenciada en Psicología. Terapeuta y consejera para padres.

Correo Electrónico

klau-acevedov@hotmail.com

Twitter

@clau_psicologa

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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