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Violencia y justicia

Imagen: Internet

POR María Elena Carrera

Conocí a la madre de Priscilla y a parte de su familia en 2016, ese encuentro se dio en la Plaza Zaragoza; un grupo de mujeres nos reuniríamos de manera solidaria para dar acompañamiento a familiares de jóvenes que fueron asesinadas, todas, por parte de sus parejas o ex parejas.

Reconocí en sus rostros, especialmente en la madre de Priscilla, la tristeza, pero también la fuerza para cargar a cuestas un proceso jurídico que no es sencillo de sobrellevar ya que el joven que dio muerte a su hija trató a través de su familia, evadir la justicia a través de los mecanismos que todo mundo conocemos.

Revisando los años que estará privado de la libertad, es importante observar que, según datos ofrecidos por la autoridad, será de 43 años; rayando casi la mínima que es de 40 años para el delito de feminicidio. La máxima es de 60.

La Ley de Acceso de las mujeres a una Vida Libre de Violencia, define a la violencia feminicida de la siguiente manera: “Es una forma extrema de violencia de género contra las mujeres, producto de la violación de sus derechos humanos, en los ámbitos público y privado, conformada por el conjunto de conductas misóginas que pueden conllevar impunidad social y el Estado y municipios y culminar en homicidio y otras formas de muerte violenta de mujeres, con perturbación social en un territorio determinado o la existencia de un agravio que impida el ejercicio pleno de los derechos humanos de las mujeres” .

El concepto lo acuñó, para tratar de explicar la magnitud del daño social, la antropóloga y feminista mexicana, Marcela Lagarde ya que, durante muchos años, el asesinato de mujeres por razón de su sexo, era contabilizado como hasta aún hoy en día, como un homicidio doloso o culposo. Se trata de un avance cualitativo de la mayor envergadura, el que se hiciera visible que a las mujeres nos matan sólo por el hecho de serlo.

El problema en el que todavía seguimos atoradas es que, para efectos de la estadística en materia de seguridad pública, los asesinatos de los distintos sexos se contabilizan sólo como homicidios. No hay manera de prevenirlos dice la autoridad, es una cultura, son las drogas y el alcohol, la falta desarrollo de la espiritualidad, etcétera.

Estamos de acuerdo que son detonantes, pero no el origen de la violencia hacia las mujeres. Si insistimos en esos análisis seguirá la política pública errando para evitar todas las violencias, que tienen más que ver con el tema de la discriminación y roles estereotipados sobre lo que se espera de hombres y mujeres. Para ellos el dominio, para ellas la obediencia y sumisión.

Tres años se tardó la familia de Priscilla Carolina, el 1 de julio será una fecha inolvidable para esa valerosa familia que digna y consecuente, logra una sentencia condenatoria. ¿Es eso la justicia? No lo sé, ¿los 49 mil pesos – parece burla – pagan tres años de ires y venires? Claro que no, ¿cómo reparar la muerte de una querida hija?

El castigo a un feminicida es un perder–perder; todo lo contrario de ganar–ganar; no sé cómo se sienta la familia de Priscilla ahora pasado el tiempo, lo único que recuerdo de esa tarde en la Plaza Zaragoza, es un fino pesar.

Cosa juzgada.

Acerca del autor

María Elena Carrera es licenciada en Ciencia Política por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), plantel Iztapalapa; experta en temas de seguridad; coordinadora nacional y fundadora de Mujeres y Punto A.C. e integrante del Comité Ciudadano de Evaluación al Desempeño Legislativo.

Correo Electrónico

mariaelena.carrera@hotmail.com

Twitter

@MariaElenaC5

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