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Los retos de la gestión cultural en tiempos de Trump

POR Erika Tamaura

Refracción. Una columna sobre periodismo, cultura y atardeceres en Sonora.

Numerosas son las razones por las que en este debate me encuentro en situación de inferioridad: que no lucho en igualdad de condiciones
y que los hombres por naturaleza escuchan de mejor gana
a quienes injurian y acusan y detestan, en cambio, a quienes se alaban.
-Demóstenes, La Corona. Discursos.

Los tiempos que vienen sin duda serán complicados. Que Trump haya ganado y de la forma como lo hizo, nos debe poner a reflexionar seriamente a todos. Las principales mentes que sigo en medios se han dedicado a decir en público que se equivocaron, que jamás creyeron que esto pasaría. Otros, más osados, publican sus columnas de cuando dieron la posibilidad de que esto pasaría y el por qué. La noche del 8 de noviembre, es digna de recordarse como la noche que el mundo se equivocó.

Cuando fui a dejar a mi hijo a la escuela a la mañana siguiente, empecé a pensar si Trump realmente cumpliría cada cosa que prometió en campaña o si eso fue una jugada magistral de marketing donde, al medir lo que sus consumidores demandaban, habría fabricado el producto y aprovechado la herida abierta del orgullo americano, patrocinada por un sector muy identificado y así reconfigurar lo que ha devuelto el timón de Estados Unidos a las manos del partido conservador, ese que llaman republicano.

Por la tarde, tuve una llamada con una amiga que estaba mortificada porque su sobrino nacido en Estados Unidos fue recibido en su escuela por niños americanos legítimos la mañana del 9 de noviembre con las palabras: “mexicano”, “muro”, “vete de aquí”.

Cuando me preguntan por qué soy  gestora cultural, siempre contesto lo mismo: que me apasionan las diferentes ideas, manifestaciones, pensamientos, religiones y expresiones de las diversas culturas del mundo, que me prende sobremanera ayudar a que las visiones de los artistas se distribuyan, que me maravilla descubrir los secretos que guardan las culturas originarias y que viajar es un horizonte que quiero integrar a mi estilo de vida para conocer, aprender y expandir mi nivel de consciencia.

No soy una aventurera, me cuesta trabajo adaptarme a lo nuevo, pero en mis 15 años de gestora cultural he aprendido a dejar que otros sí lo sean y a vivir a través de ellos. En mi columna Nokta, publicada los viernes en mi blog, titulada “Con salida al océano”, hablo sobre la manifestación de los resultados de las votaciones en Estados Unidos, analizando el área geográfica y algunas características de la población que aplastó sin piedad a los demócratas.

Considero que se necesitará de los profesionales en la gestión cultural en las mesas de decisión, en los campos de estrategia, programas, consultorías de proyectos, en el universo cerca de la política… Esta batalla no será sencilla, y no será limpia.

En los próximos años la gestión cultural tendrá que convertirse en un caballo de batalla para poder contribuir a lo que será un gran impacto mediático, un discurso de odio y misógino,

En resumen, entre los principales retos que tendremos los gestores culturales en los tiempos de Donald Trump serán sin duda los siguientes:

Elevar nuestra capacidad de discurso. Defender con más inteligencia, estrategia y agudeza las cosas que nos tocan: diversidad, inclusión, expresión, diferencia, raza, sentido de identidad, entre otras.

Definir con claridad nuestra área de especialización. Para los años que siguen, necesitaremos apostar por nuestras fortalezas. No habrá tiempo de titubear. Eres, o no eres. Puedes o no puedes. Debemos revisar cuáles son nuestros mejores talentos como individuos y ponerlos al servicio de una gran red de aliados. Solo así, podremos dar tiros de precisión.

Contar con un plan. Esto es básico. En un momento histórico como éste se requiere tener claro el paso 1, el 2 y los siguientes. Los recursos siempre escasean, es nuestra responsabilidad, diseñar planes que vayan más allá de los límites, de las debilidades y de lo imposible.

Establecer un estricto código de ética. Esto es innegociable. Si vas a entrar a los tiempos de Trump, define bien tu postura sobre los temas que hicieron que uno de los países más influyentes del mundo aplastara el discurso de las minorías, la inclusión y la diferencia y no titubees. Esto es serio. Muy serio.

Adquirir mejores y poderosas herramientas. Los gestores culturales para la próxima era de Trump, necesitaremos dar el 200% en nuestra capacidad intelectual y moral. Si vamos a defender todo aquello que la cultura necesita debemos ser los mejores, los más preparados, los más hábiles y los más agudos. Esto es estudio, análisis, ensayo, madrugar, desvelarse, ir al límite. La gestión cultural no puede verse débil frente a lo que viene.

Hoy más que nunca, me siento muy orgullosa de ser gestora cultural, de estar del lado de la diversidad, respeto, inclusión, tolerancia y la diferencia. Hoy más que nunca levantaré la cabeza y miraré de frente y sin miedo a aquellos que quieran denigrarme a mí u otros; trabajaré con todas mis fuerzas para que mi hijo respete a una persona de otra raza, religión o ideas, con otras capacidades u otra definición sexual. Mi hijo no votará en un futuro por alguien como Trump y daré toda mi energía para intentar evitar que otras personas lo hagan, desde mi labor de gestora cultural trabajando para construir la mente de los hombres y las mujeres de la tierra donde me tocó nacer.

Erika Tamaura es maestra en Gestión Cultural con especialidad en Patrimonio por la Universidad de Barcelona. Impulsora del movimiento blogger en Sonora. Académica en la Licenciatura de Gestión y Desarrollo de las Artes del Instituto Tecnológico de Sonora. Consejera en ISCradio. Consultora de proyectos y colaboradora de Proyecto Puente. www.erikatamaura.com @erikatamaura

Acerca del autor

Erika Tamaura es maestra en Gestión Cultural con especialidad en Patrimonio por la Universidad de Barcelona. Impulsora del movimiento blogger en Sonora. Académica en la Licenciatura de Gestión y Desarrollo de las Artes del Instituto Tecnológico de Sonora. Consejera en ISCradio. Consultora de proyectos y colaboradora de Proyecto Puente.

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