Psicosis colectiva - Proyecto Puente
Proyecto Puente > Opinión > Psicosis colectiva

Psicosis colectiva

Imagen: Internet

POR Norma Abril

Columna Cara a cara

El martes pasado, aproximadamente como a las 10:30 de la noche, me encontraba viendo los noticieros por televisión cuando de pronto escuché  unos estruendos que me parecieron detonaciones de armas de alto poder. Por espacio de unos segundos que me parecieron eternos, me imaginé que sobre el Bulevar Colosio, a la altura del Costco y de un casino de juego que se encuentra al lado, se enfrentaban narcotraficantes o policías y los mismos. Inmediatamente le hablé a mi vecina y a ella pensó lo mismo, pero no nos atrevimos a salir de nuestras casas y nos encerramos a piedra y lodo, preocupadas por la seguridad de nuestros hijos y familiares que andaban fuera de casa.

Minutos después me tranquilizó no escuchar las sirenas de ambulancias o patrullas, lo que me llevó a pensar que probablemente algunas personas estaban tirando cuetes, festejando la víspera del Día de Muertos, en esa tradición muy mexicana de festejar a la muerte.

No fuimos las únicas que sufrimos esa angustia irracional. A la mañana siguiente me entero que no fueron pocos los vecinos de Villa Satélite que pensamos lo mismo ante el estruendo de la noche anterior.

Y es que la verdad la burra no era arisca, pero ante tantos hechos delictivos que se suscitan en la ciudad, en el estado y en todo México y ante la realidad que ya nos alcanzó, estamos cayendo en una psicosis colectiva que puede alcanzar grandes dimensiones.

Existen razones para ello. Nos atemoriza saber que grupos delincuenciales están operando en todo el país y pelean por sus territorios. La instalación del Cefereso No. 11 que en años recientes empezó a operar, confina a presos federales de alta peligrosidad y éstos vienen acompañados por familiares y operadores que van ganado espacios en la ciudad. Los continuos robos a casa habitación, de automóviles, asaltos a mano armada, tiroteos, desaparecidos y otros hechos delictivos que nos enteramos por los medios de comunicación todos los días, a todas horas y en todos los lugares de México.

En las colonias populares e invasiones es demasiado riesgoso dejar la casas solas porque es casi seguro que sufren robos de calentones, cilindros de gas, cables eléctricos y todo lo que se deje al alcance de los ladrones que actúan en la más completa impunidad, sabedores que el Nuevo Sistema de Justicia Penal los ampara, basándose en la presunción de inocencia aunque al delincuente se le haya encontrado en flagrancia.

Todas  las policías ante un hecho delictivo están más  preocupadas por cumplir con los requisitos que la citada ley establece de elaborar el Informe Policial Homologado, pero  por la  falta de práctica y capacitación adecuada   pierden  un tiempo precioso en la elaboración de dicho informe, en tanto el delincuente se da a la fuga y ya ni quién lo encuentre.

Estas son las consecuencias del Nuevo Sistema de Justicia Penal que ha provocado que los ciudadanos hagan justicia por su propia mano, como ya se dio en días pasados, donde los vecinos de una colonia optaron por amarrar al ladrón para esperar a que llegara la policía, que por cierto, se tardó un tiempo en hacer presencia.

La contratación de guardias armados para la seguridad privada se ha incrementado en los últimos meses y las agencias de seguridad no pueden cubrir la demanda.

En varias colonias ya se ven mantas con advertencias a los ladrones de vecinos  organizados que no van a permitir robos ni actos delictivos en sus hogares.

Estamos empezando a sentir que la inseguridad llegó para quedarse y dimensionamos  de manera exagerada el problema, que si bien existe, no está para que vivamos con el Jesús en la boca.

La psicosis colectiva es un fenómeno social que se da, de cuando en cuando, en todos los confines de la tierra. Los norteamericanos viven bajo la psicosis del terrorismo. Así vivieron con el temor de ser atacados con armas bacteriológicas,  como el caso del ántrax en años recientes. Europa vive bajo la psicosis de terrorismo islámico y musulmán.

En México estamos viviendo la psicosis de la inseguridad que se refleja en el clamor general de angustia, preocupación y hasta ansiedad. Ya no tenemos certidumbre de verdad.

Como nunca añoro el Hermosillo de antes, el otrora pueblito sencillo tan hospitalario. Hoy se nos hace muy difícil cumplir con la obras de misericordia del Evangelio para dar posada al peregrino, vestir al desnudo, dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Ya no queremos ni bajar el vidrio de nuestro auto para dar unos pesos a quienes están en los cruceros, no abrimos la puerta a ningún indigente en busca de comida, ya no asistimos en las carreteras a quien veamos que pide ayuda; desconfiamos de todos y esa no es vida.

La avalancha de gente que llega de todos lados, los grupos delictivos, la pobreza, la falta de educación, la desintegración familiar, la marginación, las adicciones  son los detonantes para la que la inseguridad se dispare y la psicosis colectiva haga presa de nosotros.

Duro paquete les ha tocado a las autoridades para enfrentar este fenómeno, más cuando ven recortados sus presupuestos en cuanto a la prevención y atención al delito. Duro paquete cuando encontraron un Sonora corroído por la corrupción y el desorden.

Las mujeres podemos hacer la parte que nos corresponde. Dejar nuestra zona de confort y empezar a trabajar, a poner nuestro granito de arena en aquellos lugares donde se puede hacer una labor de prevención con las familias que están en riesgo.

Es una manera cristiana de enfrentar al delito sin enfrentar a los delincuentes.

Veo en todos los chats y en redes sociales que se envían oraciones, bendiciones y buenos deseos que se agradecen, pero obras son amores y no buenas razones y ya dijo el Señor: “Por sus obras los conoceré”.

Desde esta humilde tribuna las convoco a trabajar en la prevención del delito, a informarse e integrarse a los programas establecidos para tal efecto. Los gobiernos necesitan de la participación ciudadana y está contemplada en todos los programas que se llevan a cabo. Organizarnos en las colonias, en las escuelas, en las empresas, en las iglesias. Combatir el mal con el bien.

No le dejemos todo al gobierno. Que las autoridades hagan su parte, así hay que exigirlo, pero los ciudadanos  no debemos quedarnos de brazos cruzados cuando podemos aportar mucho para mejorar las condiciones de vida de miles de sonorenses e ir recuperando el terreno perdido. La fuerza de las mujeres mueve montañas.

De no ser así, la psicosis colectiva que hoy se empieza a manifestar no nos dejará vivir en paz y nos obligará a vivir enrejados, bardeados, desconfiados, aislados de la sociedad.

Norma Alicia Abril Fimbres es presidenta del Consejo Ciudadano de Protección al Medio Ambiente, coordinadora general del Movimiento ¡Vamos por Sonora!, coordinadora de Red Inocente y exdirectora del Cereso Hermosillo II (2005-2011).

 

Acerca del autor

Norma Alicia Abril Fimbres es presidenta del Consejo Ciudadano de Protección al Medio Ambiente, coordinadora general del Movimiento ¡Vamos por Sonora!, coordinadora de Red Inocente y exdirectora del Cereso Hermosillo II (2005-2011).

Correo Electrónico

nabril2001@yahoo.com.mx

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *