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Gobierno de coalición, ¿para qué?

POR Marco Antonio Andrade Aguirre

La mentalidad estratégica de Manlio Fabio Beltrones es incuestionable, pero su instinto político es inaudito. Pocos políticos mexicanos están investidos actualmente de ese magnetismo natural que para proyectar el poder, al igual que Andrés Manuel López Obrador, no necesitan ocupar cargo público alguno.

Ambos personajes estuvieron recientemente en Sonora, aunque por razones diferentes, pero con propósitos iguales.

Andrés Manuel construyendo partido y Manlio Fabio fortaleciendo presencia, confirmando lealtades y enviando mensajes a todos y para todas, por supuesto.

El tema central de su discurso y propuestas fueron categóricos. Asumir el combate a la corrupción desde una perspectiva partidaria, casi justicialista, como estandarte principal para la contienda presidencial de 2018; y la otra, transformar a las instituciones, por obsoletas e ineficaces, para modernizar el sistema político y construir mejores gobiernos con el objetivo de que los próximos tengan mayores niveles de legitimación política y aceptación social para gobernar eficazmente sin fastidiar al contrario.

En la reforma político electoral de 2014 se introdujo al texto constitucional un concepto novedoso que, sin formar parte de la agenda de propuestas legislativas del PRD y PAN y de ningún partido, incluso, sin haberse discutido ni negociado en ningún sentido por nadie, ya que la exigencia común de ambos partidos era la segunda vuelta electoral, las habilidades operativas y el arte de la política inteligente lograron que en la fracción XVII del artículo 89 constitucional se haya incorporado, como facultad discrecional del futuro presidente de la República, la conformación “en cualquier momento” de un gobierno de coalición, cuya autoría intelectual tiene las huellas digitales inequívocas del orgullo de Villa Juárez.

Ningún legislador ni los dirigentes de los partidos de ese momento se percataron, con excepción del mejor discípulo mexicano de José Fouché, tal y como sucedió también con la improcedente Consulta Pública para la aprobación a posteriori de la reforma energética, de los alcances  previsores y futuristas que, de acuerdo a sus intereses personales, significan las coaliciones electorales o el gobierno de coalición, las cuales permiten a MFB deslizarse por varios rutas frente a la elección del 2018, en la que seguramente jugara un papel crucial como candidato partidario, aliado estratégico y jefe político absoluto, o en su caso, como candidato consensuado, al margen de los atavismos ideológicos y los pruritos moralistas imperantes.

No olvidemos que en 2012 volvió a empezar. Además, la política de ahora es impredecible, pero el estatus político y el liderazgo en todas sus expresiones y niveles, es de quien lo trabaja.

Sin duda que de acuerdo a esta hipótesis, MFB está construyendo su próximo puesto estelar: como jefe de gabinete, primer ministro, líder del primer gobierno de coalición, vicepresidente o como secretario de gobernación plenipotenciario.

Manlio Fabio Beltrones podrá ser el primerísimo hombre de Estado del futuro gobierno, independientemente de quien gane la presidencia. Allana el camino en ese sentido porque ya no le atrae ni acomoda tampoco, ser considerado el segundisimo hombre del sistema.

La eventualidad de una coalición electoral o de gobierno amplio, plural, democrático e inédito en todos los sentidos, como en los que normalmente se contiende en las democracias más desarrolladas y se gobierna en la mayoría de los países más estables, eficaces y consolidados de Europa, es una posibilidad histórica en la que dichos personajes serían actores fundamentales, como en 1988 lo fueron Cuauhtémoc, Porfirio, Ifigenia y Robles Garnica, cuya contribución al desarrollo democrático del país sigue siendo una aportación política sustantiva.

Construir el futuro es asunto de todos. La cultura del caudillismo debe sustituirse por la cultura de las alianzas, sin necesidad de renunciar o abdicar de principios, proyectos, compromisos ni convicciones. El punto clave es aceptar, como señalo Aristóteles, que “la política es un asunto de humanos, entre humanos y para humanos”.

Sin desconocer que gobernar en el siglo XXI es un desafío que solamente la generosidad y las virtudes políticas verdaderas permiten afrontar y resolver. Por eso la escasez de gobiernos eficaces y políticos eficientes. Amén de la evidente extinción de liderazgos aceptados o reconocidos.

De allí que es indudable que los gobiernos y las maneras de hacer política deben ser mas cada vez más abiertos para profundizar en transparencia y consolidarse en el quehacer democrático real, pasando por el tamiz de la indispensable legalidad y legitimación de las disfuncionales instituciones políticas y judiciales actuales. Necesitamos cambiar casi todo porque el futuro nos alcanzó.

La pobreza, violencia, desempleo, inseguridad y desigualdad social nos tienen en el límite, pero la corrupción y la ineficacia gubernamental nos llevan al abismo. Tremenda realidad nacional.

Por eso nadie puede negar que la autocracia, combinada con la corrupción, es muy peligrosa, pero sus costos económicos y sociales son desastrosos. Sonora, Veracruz, Chihuahua, Quintana Roo, Coahuila, Tabasco, Guerrero y Michoacán son pruebas tangibles e irrefutables de lo que a un gobernante no debe tolerarsele jamás.

Es paradójico que estos han sido gobiernos muy didácticos porque a una nueva generación de mexicanos nos enseñaron lo que en política, y en un cargo público, no debe hacerse nunca.

En ese contexto, y considerando que el triunfo de AMLO en 2018 no sería una mala noticia, una coalición electoral pluripartidista con un candidato de consenso, excluyendo al PRI, tampoco debiera serlo, y un gobierno de coalición negociado, mucho menos.

Seamos realistas, para trascender debemos aspirar a lo imposible, porque es posible. La alta política debe aparecer y la buena política, gobernar. Nadie puede solo.

Salud.

Marco Antonio Andrade Aguirre es exdirector jurídico del Congreso del Estado, exdirector de Asuntos Legales y exsecretario ejecutivo del CEE. andrade.aguirre@hotmail.com

Acerca del autor

Marco Antonio Andrade Aguirre es exdirector jurídico del Congreso del Estado, exdirector de Asuntos Legales y exsecretario ejecutivo del CEE. Coordinador Ejecutivo de la Comisión Seleccionadora del Comité Ciudadano del Sistema Estatal Anticorrupción.

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Andrade.aguirre@hotmail.com

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