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¡Ya basta!

POR Norma Abril

Cara a cara

Los robos se han multiplicado en todo México y la percepción que se tiene es que la policía no hace gran cosa para detener a los ladrones, no  son pocos los que piensan que están coludidos con los delincuentes y que hay cuidarse tanto de unos como de otros.

La nota roja es el mayor contenido en los medios de comunicación y nos damos cuenta que el robo, en todas sus modalidades, es el  más mencionado. Robo en oleoductos, robo de carros, asaltos a mano armada, robo en transportes de paquetería, a bancos, en aeropuertos, en las centrales camioneras; robos en tarjetas de crédito o débito en los mismos bancos que están para resguardar el dinero; robo en minas, en grandes, medianas y pequeñas empresas; robo a migrantes, robo en carreteras, trenes de carga, taxis, iglesias, cines, taquerías, centros de diversión, supermercados; robos de nómina, robos en gasolineras, robos de identidad.

Un abanico tan grande que abarca también los robos perpetrados por gobernadores y funcionarios  en las arcas públicas, robos en asociaciones de beneficencia y un etcétera tan largo que nos lleva a pensar que nos estamos convirtiendo en un país de ladrones y que el único remedio para contrarrestarlo, sería cortarle la mano al ladrón, como lo hacen en algunos países árabes.

Entonces seríamos un país de “mochos”, pero en una generación el delito de robo pasaría a la historia.

Por más que duela, cauce rabia e impotencia ser víctima de robo, un fraude o el despojo en el patrimonio, es incomparable al daño ocasionado por un secuestro, desaparición forzada,  ejecución, homicidio, robo de niños, que también vemos todos los días en los noticieros a nivel nacional, con lo que se ha ido perdiendo la capacidad de asombro y de indignación.

Ante esos escenarios terribles el delito de robo palidece, como palidecen los pecados de la carne ante los pecados sociales, como son la injusticia social, la explotación y la miseria de un pueblo sometido ante la supremacía de los poderosos.

El Semáforo Delictivo en Hermosillo marca en rojo el robo en casa habitación. En todas sus modalidades, es algo que la mayoría hemos sufrido y tal vez por eso es el más sentido. Finalmente es algo material, si se trata de dinero, éste va y viene, pero cuando lo sufres y te das cuenta que el ladrón se sale con la  suya y no es capturado, enjuiciado y sentenciado, sientes que vives rodeado de impunidad, totalmente desprotegido, porque, para colmo, ahora  la ley protege más al delincuente que a la víctima, en aras de respetar más los derechos de los primeros, dejando a la buena de Dios a los afectados.

Cuando nuestro presidente municipal, Manuel “Maloro” Acosta, con los pantalones bien puestos como ciudadano comprometido, lanzó ese ¡Ya basta!, a la delincuencia y nos conminó a denunciar a quienes estaban fichados por sus conductas delictuosas, y pidió señalarlos porque el nuevo Sistema de Justicia Penal los deja libres, lo primero que pensé es que se estaba metiendo en un problema, ya que más temprano que tarde se le iban a venir encima la Comisión Estatal de los Derechos Humanos y los conocedores y eruditos del derecho.

Sinceramente, no estuve de acuerdo con él porque lo veía como una persecución que lesionaba los derechos de quienes  un juez había puesto en libertad, pero cuando te toca enterarte de  un robo y te das cuenta de  lo protegido que hoy se encuentran los delincuentes y lo desprotegidas que quedan las víctimas con la nueva Ley de Justicia Penal, terminas por aplaudir su arrojo.

Cuando uno se asoma al mundo de la delincuencia porque ya la padeciste, es cuando notas que algo no está funcionando en la impartición de justicia en nuestro país.

Les cuento: El primo de un amigo sufrió un atraco en su casa. Cuando se dieron cuenta del robo inmediatamente lo denunciaron a las autoridades. El caso es que los afectados les pidieron a los agentes investigadores actuar rápido, proporcionándoles la dirección y señas particulares de la ladrona, el auto que usaba con las placas del mismo, el número de su celular, así como el relato de los hechos que revelaban que no podía estar muy lejos para seguirle la huella.

Los agentes investigadores estuvieron ¡cinco horas! en su casa tratando de recabar todo tipo de evidencias porque con la nueva ley de Justicia Penal estaban obligados a cuidar y llevar minuciosamente el debido procedimiento, perdiendo un tiempo precioso al ocuparse en el llenando de un sinfín de formatos y la propia denuncia, así como registrar evidencias, porque si no lo hacían de esa forma difícilmente podrían sostener ante el juez su detención y su culpabilidad, ya que la presunción de inocencia prevalece ante cualquier denuncia de delito.

En otro tiempo, se abocaban a buscar al delincuente para detenerlo, pero hoy ya no puede hacerse con una ley extremadamente garantista donde no se puede tocar ni con el pétalo de una rosa al presunto delincuente, argumentado que los derechos humanos, que por el debido proceso, que la presunción de inocencia…

Lo cierto es que a esta pájara de cuenta  le dieron el suficiente tiempo para volar y ni quién la encuentre ya.

A pesar de que los agentes investigadores al revisar la base de datos tuvieron conocimiento que esta persona contaba con antecedentes penales, tenía ¡40!, así como se lee, 40 denuncias por robo y contaba con una orden de aprehensión y dos procesos abiertos por el mismo delito y otros similares.

Se resistieron a actuar inmediatamente por cuidar el debido proceso en el caso que los ocupaba. ¡Hágame usted el favor!

Lo que no me explico es, cómo esta ladrona con tan largo historial delictivo anda libre, como Pedro por su casa.

Nos anunciaron con bombo y platillo la entrada en vigor de la nueva Ley de Justicia Penal Acusatorio.

No sé en que estaban pensando quienes dieron vida a la nueva ley, que la elaboran desde un escritorio sin tener la menor idea de lo que sucede en la calles. Nuestros ínclitos  legisladores viven fuera de la realidad al aprobar semejante ley, que le pinta otra rayita al tigre, en este caso al presidente Peña Nieto, quien envió la iniciativa de ley a nuestros representantes “impopulares” para su aprobación y éstos  nada más levantaron el dedo sin leer un solo renglón, sin darse cuenta lo que iban a ocasionar, dejándoles la papa caliente a los presidentes municipales y a las autoridades encargadas de la seguridad pública.

Aprueban una ley difícil de implementar y que en la práctica resulta sumamente improcedente, sumamente garantista que deja libres a los delincuentes para que sigan haciendo de las suyas.

En tanto, los robos están a la orden del día. En sólo una semana  me enteré de siete robos que se dieron en mi colonia. Uno por día en una sola colonia.

Soy una convencida de que aquellas personas que cometen este tipo de delitos pueden rehabilitarse y de que se puede lograr una reinserción social exitosa, siempre y cuando, -estando privados de su libertad- se les brinde un tratamiento adecuado y se atienda el problema de adicciones en tanto se encuentren en prisión y se les dé seguimiento en su liberación proporcionándoles las herramientas necesarias  para su reinserción en la sociedad.

Esto es uno de los pocos  aciertos de la nueva ley, que obliga a las autoridades a dar esta atención, pero si no destinan recursos para implementar modelos de reinserción social y seguimiento a los liberados  quedará, como tantas veces ha sucedido, en  letra muerta.

También estoy convencida, porque lo viví como directora de un penal, que una gran mayoría de esos ladrones y ladronas, tienen historias terribles que se han tejido entre la pobreza, la desintegración familiar, educación deficiente y la falta de oportunidades que los llevaron a la drogadicción y a la delincuencia.

No me cansaré de decir que el gobierno no puede solo, que la sociedad es corresponsable y que por tal motivo, debe participar en la prevención del delito, así como el gobierno debe destinar recursos suficientes para ello.

Esa sería una manera de acabar con un delito con los mayores índices de delincuencia en el país y que exhiben a México a nivel internacional como un lugar inseguro. Como dijo el “Maloro”, ¡Ya basta!

Norma Alicia Abril Fimbres es presidenta del Consejo Ciudadano de Protección al Medio Ambiente, coordinadora general del Movimiento ¡Vamos por Sonora!, coordinadora de Red Inocente y exdirectora del Cereso Hermosillo II (2005-2011).

Acerca del autor

Norma Alicia Abril Fimbres es presidenta del Consejo Ciudadano de Protección al Medio Ambiente, coordinadora general del Movimiento ¡Vamos por Sonora!, coordinadora de Red Inocente y exdirectora del Cereso Hermosillo II (2005-2011).

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