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La relación del síndrome de Down y el cáncer

Maroly Solís Zataraín

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En esta ocasión dedicaré esta columna a todas aquellas personas con síndrome de Down que luchan y pasan por una delicada situación de salud provocada por el cáncer, que ha venido a intensificar las problemáticas en su desarrollo, estabilidad cognitiva y emocional.

Es bien sabido entre estudiosos e investigadores del síndrome de Down, que las personas que viven bajo esta condición, tienen un menor riesgo a desarrollar tumores malignos o cancerosos en alguna parte de su cuerpo, sin estar muy claro el motivo o mecanismo que les otorga esta protección.

Por muchas décadas se han desarrollado diversos estudios con el objetivo de conocer la asociación del cáncer con la trisomía del cromosoma 21, a raíz de su baja incidencia en estas personas, que sin concluir dichas investigaciones se le ha atribuido a genes específicos.

Según diversos estudios desarrollados en Estados Unidos e Inglaterra, estos genes producen una proteína que actúa como protector antitumoral, intensificando entonces su protección debido a la alteración, duplicación y triplicación de genes y cromosomas.

Como lo cita el doctor Florez Beledo en la revista de Down Cantabria:

“El conjunto de todos estos resultados implica al gen DSCR1 presente en el cromosoma 21 como uno de los factores que, al estar triplemente representado en el síndrome de Down, contribuyen a reducir la incidencia de cáncer en el síndrome de Down. Su acción se debe a su capacidad para inhibir la calcineurina y, de este modo, perturbar la acción de la vía VEGF-calcineurina-NFAT como responsable última de la angiogénesis tumoral. El gen Dyrk1a, también presente en el cromosoma 21, es otro elemento que contribuye a esta acción inhibidora”.

Antes se pensaba que la escasa incidencia de la asociación del cáncer y el síndrome de Down se tornaba a que las personas no vivían lo suficiente para desarrollarlo, sin duda una hipótesis errónea que hoy en día es comprobada por la alta esperanza de vida que se tiene de las personas con esta condición.

Paradójicamente la trisomía 21, aumenta el riesgo a desarrollar cuadros precancerosos como el síndrome mielodisplásico, el trastorno mieloproliferativo transitorio y la leucemia, siendo éste último el de mayor incidencia en niños.

Dentro del ser humano existen muchos factores de riesgo que influyen en el desarrollo de un cáncer, como el estilo de vida, consumo de alimentos, fármacos, bebidas, hábitos de sueño, entre otros que han sido señalados.

Por otro lado se encuentran los factores genéticos que forman parte del ADN, que con mayor frecuencia son heredados y que pueden asociarse a estos tipos de enfermedades en niños, jóvenes y adultos con o sin trisomía 21.

Sin embargo existe un alto porcentaje de casos a nivel mundial, de niños con síndrome de Down que han desarrollado estos padecimientos como la leucemia linfocítica aguda (ALL) o leucemia mieloide aguda (AML) que el resto de los niños, con un riesgo general mayor de aproximadamente 2% a 3%.

Buscando información encontré entre  artículos médicos y científicos, que existe un gran número de incidencia del síndrome de Down con la leucemia transitoria, conocida como mieloproliferativo transitorio, que es una afectación como la leucemia -en menor grado- en el primer mes de vida de un bebé y que se cura por si misma sin tratamiento.

En dado caso se muestre algún indicio o sospecha, existen diversos procedimientos para la confirmación de estas alteraciones que sólo un especialista podrá confirmar y evaluar; siendo ésta persona quien indicará el seguimiento que se aplicará dependiendo de la afección.

Las personas con síndrome de Down que son diagnosticadas con algún tipo de cáncer, son tratadas de acuerdo a cada caso, debido a que interfieren diversos tipos de agentes quimioterápicos, medicamentos de uso controlado y fármacos que pueden ocasionar mayor sensibilidad que en otros pacientes.

En resumen, los niños con trisomía 21 de cero a seis años de vida son los más propensos a desarrollar estos tipos de afecciones, de ahí la importancia de seguimiento médico y los análisis sanguíneos que cada seis meses hay que realizar para descartar cualquier anomalía.

*Revista Síndrome de Down, Volumen 26,  JUNIO 2009. http://www.downcantabria.com/revistapdf/101/70-73.pdf

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora. Correo: solis.marthaolivia@gmail.com Twitter:@Marolysoza

Acerca del autor

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora.

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Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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