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Los inmigrantes en Hermosillo: ¿Indigentes del futuro?

POR Luis Angel Carlin

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Todos los días por Hermosillo pasan inmigrantes sudamericanos, viajan en el tren de “trampitas”, la mayoría sigue su viaje hacia la frontera norte, a otros los bajan o se bajan cerca de la ciudad, y se congregan en la salida norte, junto a las vías del ferrocarril.

En ese lugar, también se pueden encontrar muchos mexicanos, algunos viajando solo al interior de la República, de acuerdo a lo que platicaron, pocos buscan llegar a Estados Unidos.

En un recorrido realizado por Proyecto Puente, al platicar con algunos viajeros, se conoció de dónde vienen, hacia dónde se dirigen, y en algunos casos también contaron la razón por la que dejaron su lugar de origen, sus familias. La principal razón por la que viajan es la falta de oportunidades de trabajo en sus lugares de origen, otra son problemas legales y son prófugos de la justicia.

En ese lugar en particular, se encentraron unos 20 viajeros, la mayoría mexicanos, unos hondureños y otros colombianos, por lo menos cinco eran hermosillenses. Ellos viajan distancias cortas y luego se regresan, pero otros, solo están ahí por la comida que les llevan a regalar, solo “bajan” a la ciudad a trabajar o a pedir limosna para comprar drogas y alcohol, ninguno se refirió sus compañeros como ladrones o delincuentes.

 

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Los cinco viajeros que son de Hermosillo, si no se quedan en otra ciudad, regresarán para terminar como indigentes. Pues además de no tener estudios y trabajar de lo que sea, la mayoría son adictos a alguna droga o son alcohólicos y dijeron no tener planes a futuro.

Una de las historias que llamó la atención, fue la de Rigoberto, es originario de San Luis Potosí, empezó a viajar cuando tenía 10 años de edad.

“Empecé a viajar en el tren por un camarada que me enseñó a trampear en el tren, sin tenerle miedo, yo sabiendo que a mucha gente lo parte el tren, los hace pedazos”: Rigoberto Martínez, trampita desde los 10 años de edad.

Para Martínez, la vida en su natal San Luis Potosí no es fácil, proviene de una familia humilde, es el mayor de tres hermanos, no tiene estudios, a la edad de los 10 años decidió que quería viajar en el tren, por curiosidad, así conoció otros poblados cercanos al suyo y encontró trabajo en otros campos agrícolas, dijo que le empezó a ir mejor.

Actualmente tiene 22 años de edad, viaja muy seguido a la ciudad de Caborca, a la limpia de espárragos, dice que le va mejor trabajando en esos lugares.

En sus doce años viajando como “trampita en el tren” asegura que ha visto de todo, ha visto como a sus compañeros de viaje los ha atropellado el tren.

“He visto como muchos compas no agarran bien el tren, los mata, los mata el tren o los arrastra”, comentó, sin ningún remordimiento, viendo al horizonte, como recordando esos sucesos.

Platicó que su papá también es trabajador agrícola, su mamá se dedica al hogar, y sus dos hermanos también trabajan en el campo.

En una ocasión su hermanito menor, el que le sigue, quiso hacer lo mismo que él, viajar en tren, pero se regresó, le pareció que era demasiado peligroso, entonces le ayudó a juntar para el pasaje de regreso.

 


 

También los hay quienes reconocen no ser buenas personas

“Yo no ando acá por buena gente, yo ando acá por una mierda, y merezco que me maten o mate a alguien, lo que sea”: Western, un inmigrante colombiano, tiene cuentas pendientes con las justicia.

También en la investigación de campo realizada por Proyecto Puente, tuvimos la oportunidad de coincidir con Western, inmigrante de origen colombiano. Tiene apenas un día en su paso por la capital de Sonora, dice que lo deportaron de Estados Unidos, a diferencia del resto de los connacionales e inmigrantes sudamericanos el no busca el sueño americano, el huye de su país de origen, y ahora también del vecino país del norte, por asesinato.

Western, dice que emigró de Colombia a Estados Unidos en compañía de sus padres a la edad de ocho años, pero recientemente se metió en problemas con la justicia de aquel país y asegura lo deportaron a Mexico, ahora se encuentra de paso por Hermosillo. Ha viajado hasta el vecino estado de Sinaloa, dice que la vida lo ha tratado muy mal, y piensa que todos los inmigrantes dejan a su país por que se metieron en problemas con la ley.

“Todo mundo viene huyendo por malo, no por buena ficha, por buena ficha estuviéramos en el país de nosotros trabajando, porque es un país libre como México”, aseguró.

También dijo que en la frontera norte los contratan para pasar droga y una vez que entregan la mercancía en algún lugar de Estados Unidos, los narcotraficantes no les pagan, además los dejan solos, abandonados en medio de la nada.

 

 

“El Jalisco” y “El Barbas”

Con 29 años de edad dice haber recorrido todo México, es originario del estado de Jalisco, por ello su apodo. Hace ocho meses que llegó a Hermosillo y se piensa quedar aquí.

Asegura que las drogas lo dejaron en la calle, que no fue una decisión de el, que fue algo que se dio con el transcurso de los años.

Dijo que su adicción a las drogas acabaron con su relación sentimental, incluso ya no ve a su hijo, no recuerda que edad tiene, pero está seguro que haberlos perdido es lo que más lamenta en su vida.

En ocasiones sale a trabajar y consigue algo de dinero, aunque no especificó qué tipo de trabajo, dijo que lo que gana lo usa para comida y comprar mariguana, su droga preferida.

El Barbas es del vecino estado de Sinaloa, hace poco más de seis meses que se “bajó” en Hermosillo, conoció a Dalila, una mujer que gusta de ayudar a los migrantes, se enamoraron y construyeron un campamento a unos metros de las vías del tren, ahí viven, venden café, cigarros y comida a los inmigrantes para ayudarse económicamente y a la ves ayudar a los viajeros.

En ocasiones sale a trabajar a la ciudad como jardinero o cargador en algún almacén, lo que gana lo destina a comprar víveres para continuar con la venta de café y comida.

Dalila, su pareja sentimental, tiene casa en Ures, tiene hijos, va y los visita regularmente, pero “El Barbas” asegura que la mayor parte del tiempo la pasa con él.

El Barbas confesó que dejó a una hija en Sinaloa, producto de una relación con una pareja con la que vivió en unión libre.

También confesó que cuando llegó a Hermosillo fue porque lo habían deportado de Estados Unidos. Aal poco tiempo empezó a consumir cristal, por más de dos meses vivió sumergido en esa droga, pero hace poco tiempo logró dejarla y se siente orgulloso de vencer la adicción por sí mismo.

Por el momento no tiene planes de dejar la ciudad, piensa quedarse un buen tiempo viviendo en el campamento improvisado, ayudando a los viajeros que se bajan del tren.

Mientras se realizaba este reportaje, se observó que la Policía Municipal y Estatal realiza recorridos de vigilancia en el lugar, y según contaron los viajeros, no se meten con ellos.

COMENTARIOS

1 Comentario

  • Joel Anza dice:

    La indigencia va más alla de ser un problema de pobreza, ya que también se dan casos de personas con nivel economico medio o alto, que se auto destruyen, pierden todo y terminan de indigentes. Famoso el video en youtube de un famoso locutor afro americano que andaba de indigente y un reportero se lo topa y cuenta su historia de como de un ser un comunicador exitoso, el alcoholismo lo llevo a vivir en la calle. Sin duda, es un problema de addiciones; sea marihuana, cristal o alcohol. FALSO que por falta de oportunidades se termine viviendo en la calle, ya que si bien México es un país extremadamente desigual y con trabajos precarios y con sueldos bajisimos; trabajo hay para el que quiera comer y tener un techo donde vivir. Que si la vivienda ofertada para la mayoría de los trabajadores es de calidad o son ‘pichoneras’ u lo que sea?, es otro tema. Pero mejor que vivir en la calle, si lo es y con esfuerzo y dedicación se puede vivir en Mexico de una manera pobre, si, pero con dignidad y sin medigar comida o andar viviendo con los perros callejeros en banquetas, debajo de puentes o invadiendo almacenes y propiedades abandonadas.
    Sin duda son dignos de lástima estas personas, porque se han dejado caer en el nivel más bajo que la dignidad humana puede permitirse. Han perdido el sentido de sus vida, no tienen ningun objetivo o animo de progreso y superación, han abandonado a sus familias, esposas e hijos sin importarles si sufren por no saber de ellos, o incluso si sus familias mismas tienen como comer o techo. Muchos de ellos pudieran ser factores positivos en las vidas de sus hijos, aportando para la nutrición y educación de ellos, con un empleo de albañil, de auxiliar de almacen, de intendente y trabajador agrícola, etc. Empleos que siempre estan buscando personal, ya que tienen precisamente una enorme rotación de personal. Es bien sabido, que la mayoría de las personas que laboran en estas actividadades. tienen problemas de adicciones y por ello mismo, no son capaces de asumir un compromiso y responsabilidad con sus trabajos; y los pierden o los abandonan en cualquier dia o lunes que la resaca no les permite levantarse. El que las drogas circulen con tanta facilidad en la calle y produzca estas legiones de personas fracasadas, sin un objetivo o motivación en la vida, debiera llevar a las autoridades responsables a una fuerte reflexión y trabajo para tratar de evitar que los jovenes caigan facilmente como clientes/consumidores adictos de las drogas.

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