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La corrupción mata a la democracia

Luis Alberto Medina

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En su libro “Nuestra tragedia persistente: La democracia autoritaria en México”, el historiador Lorenzo Meyer narra cómo el país perdió la oportunidad de transformarse con Vicente Fox en el poder en el año 2000.

El expresidente pudo haber marcado la pauta en el combate a la corrupción si tan sólo en su gobierno se hubiera castigado a expresidentes o exfuncionarios priistas. Pero ocurrió lo contrario: intentó aprovecharse del poder para imponer a su esposa, Marta Sahagún, como candidata presidencial, los negocios de los hijos de ésta, vinculados con el poder, entre otros escándalos.

Tomando la teoría del doctor alemán-español Juan Linz, Meyer afirma que en México vivimos una democracia autoritaria: podemos votar, elegir democráticamente a gobernantes por la vía electoral que nos define como democráticos, pero es autoritario porque no hay rendición de cuentas. Es decir: los excesos y corrupción que ahogan a la nación no se castigan. Pasa de todo y no sucede nada.

Origen colonial

Meyer, colaborador de Proyecto Puente, definía al periódico electrónico Sin Embargo cómo es que nuestro país pareciera que se ha detenido el tiempo:

“Está anclado en mucho tiempo, probablemente prehispánico, pero desde luego que colonial sí y un sistema político colonial estaba basado en gremios, el individuo no existía. En la Colonia el individuo no tenía ningún valor: era el gremio de mineros, de profesores de la Universidad, o el pueblo. Eran las cofradías, todo estaba organizado no por individuos, el individuo tenía sentido por medio de la organización y vemos el sindicato de trabajadores petroleros es el gremio, el SNTE, la CNTE son gremios, no son individuos donde el ciudadano toma las decisiones por sí mismo, toma las decisiones en función de a cuál organización pertenece, que espera de ella una recompensa o por lo menos la defensa de lo que ya se consiguió”, dice el intérprete del poder.

¿Problema cultural?

En una entrevista que le hicieron al presidente Enrique Peña Nieto, en septiembre del 2014, se le cuestionó cuál era su postura sobre la corrupción en el País. Su respuesta pinta de cuerpo entero lo que ha sido su sexenio: “La corrupción es un problema cultural”, contestó. Sin abundar más en un compromiso contra el principal cáncer que carcome al sistema político mexicano. Le dio un valor de costumbres, hábitos, formas de ser, actuar, hablar, comer y cualquier manifestación social que describe al término cultura. Para el Presidente así somos los mexicanos, señaló otro intérprete del poder en México, Jesús Silva Herzog: “Hacer trampa está en nuestra naturaleza histórica”.

Ya hemos visto durante su gobierno cómo los escándalos de corrupción que mencionan a su esposa, la primera dama Angélica Rivera, son la carta de presentación en el mundo.

Sexenio perdido

Sonora perdió seis años en el combate a la corrupción. Los saldos del padrecismo son retroceso y simulación. Nunca entendieron, ni lo harán, los panistas – padrecistas el daño que le hicieron a la sociedad en materia y la oportunidad que dejaron ir. Guillermo Padrés debió haber llamado a cuentas a cada uno de los priistas corruptos del pasado. Estaba obligado a deslindar cuentas de lo que heredó. No lo quiso. Ni le interesó. Haberlo hecho significaba poner candados y amarrar las manos a su administración. Su objetivo era otro, menos el pensar en la forma de gobernar, ni imaginar un buen final ni mucho menos castigar la corrupción. Presionado por la sociedad tras haber devuelto un impuesto que afectó al bolsillo de los ciudadanos, cuatro años después tuvo que crear la Contraloría Ciudadana que había prometido en campaña, tras el fracaso de Carlos Tapia como contralor, que se prestó a dar un uso político a la Contraloría. Con Guadalupe Ruiz al frente de esta dependencia fue peor: Quiso imponer una política de prevención de la corrupción, cuando se le había llamado a castigarla.

Transparencia contra corrupción

La Universidad Kino encabeza un debate inédito en sus aulas: Impulsa en todas las carreras que los alumnos empiecen a debatir, analizar y hablar de la corrupción en nuestro Estado y el País para ver qué podemos y debemos hacer para combatirla. Hará la semana de la transparencia contra la corrupción, la siguiente, para impulsar el tema en la agenda pública. ¿Hacia dónde vamos? La siguiente columna le diré.

Luis Alberto Medina es periodista; director de Proyecto Puente, en Radio Fórmula Sonora; Premio Nacional de Periodismo 2014; colaborador de Denise Maerker, columnista en periódico El imparcial y coordinador de la Licenciatura de Periodismo en la Universidad Kino. @elalbertomedina

Columna tomada de El imparcial

Acerca del autor

Luis Alberto Medina es periodista, director de Proyecto Puente noticiero por internet y en Megacable; Premio Nacional de Periodismo 2014. Colabora con Denisse Maerker en Atando Cabos; con Carmen Aristegui, El Imparcial y Animal Político.

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luisalberto@proyectopuente.com.mx

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