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La construcción de la(s) familia(s)

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Miradas (in)crédulas

La familia, como institución ha transitado por diversos momentos a lo largo de la historia de la humanidad. Ha sido vinculada y a menudo no diferenciada del acuerdo legal denominado matrimonio, el cual, por cierto, fungiera siglos atrás como sistema para consumar alianzas, para aumentar la influencia, prestigio y riquezas de ciertos apellidos; también para evitar guerras y otros conflictos, dejando de lado (lo que hoy planteamos como) el amor romántico entre sus cónyuges.

Con el paso de los años, observamos cómo este núcleo ha sido atravesado por discursos de diversas instituciones políticas y, sobre todo, religiosas: la familia para asegurar la descendencia y la herencia; la familia para modelar ciudadanas y ciudadanos –desde la perspectiva del Estado, ligada además, como señalamos antes, al matrimonio, como si éste fuese el único medio para construir una familia.

En ese sentido, si bien la familia ha sido espacio innegable de acogimiento de quienes la integran: espacio de amor, construcción, crecimiento, desarrollo -en un sentido amplio- de sus integrantes; también lo ha sido de violencias, particularmente hacia las mujeres e hijos/as derivado de que se viven en su interior relaciones asimétricas de poder, que tienen que ver con el manejo del dinero, con las visiones machistas y patriarcales de la sociedad en la que vivimos que otorga supremacía a lo masculino, entre otras causas.

A la par la familia también es espacio de transformación, porque no es institución o núcleo que permanezca estático, sino que ha cambiado, al tiempo que se han transformado las mentalidades y han quedado cada vez más claros los conceptos sobre los derechos humanos.

Es decir que la idea de familia, la vivencia de la familia o las familias, está en cambio constante y esos cambios son mucho más rápidos en la práctica que en la teoría –y en las leyes, que finalmente deben adaptarse a las realidades que se viven-.

Como señala el Reporte sobre la discriminación en México 2012, “Todas las familias deben de tener los mismos (derechos), cuando el derecho no puede adaptarse a la evolución social, termina contribuyendo a reproducir la desigualdad de trato. Adecuar las instituciones jurídicas a la realidad es indispensable para cumplir con los objetivos del Estado social, democrático y de derecho”.

Sabemos que en nuestro país hay familias compuestas de madre e hijos/as; madre, hijos/as y algún otro familiar; padre e hijos/as y algún otro familiar; madre, padre e hijos/as, y así las combinaciones pueden continuar.

Existen también, entre otras, las  familias homoparentales y lesbomaternales, es decir integradas con dos papás o dos mamás.

En ese tenor, como retomamos en colaboración anterior, si bien la iniciativa enviada por el Ejecutivo Federal que plantea reformar el Código Civil Federal, con el fin de que el matrimonio igualitario pueda llevarse a cabo “sin discriminación alguna”, fue bien recibida, también se han suscitado discursos de odio de quienes piensan que la familia es solamente de un tipo y no hay en ella cabida a cambios o a la diversidad.

Estas posiciones son peligrosas porque fomentan la fragmentación de la sociedad y atropellan los derechos de las personas.

Ahora, para quienes puedan señalar el hecho de que para formar una familia no se necesita contraer matrimonio, es importante subrayar que si bien esto es verdad, el matrimonio es la puerta para ejercer otra serie de derechos, de ahí la importancia del matrimonio igualitario.

He escuchado o leído también en estos días, opiniones en redes sociales o en algunos otros espacios de gente que pretende plantear que no estar de acuerdo con el matrimonio igualitario es un asunto de posición personal, que “ningún daño causa”, pero no es así, éste es, como hemos dicho, un asunto de derechos y no es congruente querer defender unos derechos pero ignorar otros.

Mirar de lado frente a las necesidades de colectivos o sectores sociales por sentir que no nos atañen, o incluso porque cuestionan en el fondo nuestros propios prejuicios, prejuicios que no queremos ver aunque manejemos el discurso “políticamente correcto”. O se respetan los derechos a fondo y en su totalidad o no existe ese respeto, no es a placer y conveniencia.

Concluyo: la familia se ha transformado a través de los siglos y se sigue transformando, podemos observar que la familia construye a la sociedad y viceversa, al tener familias con visiones más respetuosas e incluyentes, tendremos comunidades más cohesionadas; al reducir por ejemplo la violencia que se ejerce hacia las mujeres en el ámbito doméstico (precisamente al interior de las familias, donde deberíamos sentirnos más seguras), tendremos sociedades más fuertes y con menos problemáticas sociales; al inculcar en nuestras hijas e hijos el respeto, construiremos sociedades más saludables en todo sentido.

La diversidad de familias es parte de este contexto y no viene a pedirle permiso a nadie.

Reitero: es importante que los primeros en entender sean quienes encabezan los gobiernos, y a propósito, a ellos y ellas y a toda persona que así lo desee, los/as invito a leer el Reporte sobre la discriminación en México 2012, http://www.conapred.org.mx/userfiles/files/Reporte_2012_ProcesoCivil.pdf

Por cierto, la raíz etimológica de la palabra respeto es volver a mirar, quizá, para quienes piensan que discriminar sobre tales o cuales temas y derechos es sólo una posición personal que en nada afecta a nadie o, en los casos extremos, quienes piensan que sólo su verdad es la que cuenta –y sólo su concepto de familia y matrimonio-, valga la pena que vuelvan a mirar (con más calma y detenimiento), sobre sí y sobre los/as otros/as.

Hasta pronto.

Wendy Briceño Zuloaga es maestra en Estudios de Género por El Colegio de México y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora. celta110@hotmail.com @wzuloag

Acerca del autor

Wendy Briceño Zuloaga es comunicóloga, maestra en Género y diputada federal por el V Distrito.

Correo Electrónico

celta110@hotmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

1 Comentario

  • Javier Ruiz dice:

    Buen punto a considerar, las familias han cambiado y es necesario replantear modelos.

    Deben los DDHH tomarse como el referente primordial, no podemos agenciarnos la idea única de la verdad e intentar imponerla, eso es hasta pernicioso.

    Enhorabuena y de nuevo, celebro el valor por hacer los cambios.

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