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Falsos sueños, la costa de Hermosillo

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Me pregunto si los trabajadores agrícolas de la Costa de Hermosillo conocerán el mar.

Todos los días, los jornaleros van en dirección al Poblado Miguel Alemán, se observan casi indigentes, son muchas y muchos y los vemos a diario. Su transitar por la ciudad es más claro por los bulevares García Morales y Navarrete, después del Solidaridad. Algunos viajan en grupos de tres o cuatro, otros lo hacen solos.

A pesar de las turbulencias que señalan el abuso y explotación del manto acuífero en la Costa de Hermosillo, la región sigue siendo de gran producción, el 52% del cultivo agrícola en el estado se produce ahí; y el mismo 52% de los empleos del sector agrícola en la entidad, pertenecen a esa zona.

Los jornaleros, en su mayoría migrantes, viajan a tierra caliente desde el sur del país. Imagino que como todos los que  dejan su pueblo, lo hacen por necesidad de sobrevivencia y por mejorar su calidad de vida. ¿Sabrán que ese lugar al que se dirigen está considerado como un “foco rojo” en Sonora?

Me pregunto también, ¿habrán platicado entre ellos sobre cómo vivirán ahora que estarán casi cerca del mar?, tal vez platican en las camionetas que los llevan, tal vez cuando caminan al rayo del sol por la carretera, o cuando descansan debajo del puente, o cuando se esconden de la policía evitando una extorsión.

Sí, el Poblado Miguel Alemán, la Costa de Hermosillo, la Comisaría perteneciente a la capital del estado, ha sido por siempre objeto de desinterés para los distintos gobiernos.

La problemática social en que viven sus habitantes es propia de sociedades marginadas, tienen alto índice de pobreza, drogadicción, desempleo, enfermedades endémicas, prostitución y alcoholismo.

Los 200 campos agrícolas que son un gran atractivo para trabajadores de otros estados del país, y del sur de nuestro estado, en realidad son espacios laborales ubicados en el desierto, insuficientes para brindar condiciones satisfactorias a los trabajadores, para constatarlo basta una visita al Hospital General del Estado, clínica donde encontramos decenas de trabajadores agrícolas que no reciben seguro social y por ello solicitan su atención en este centro.

35 mil jornaleros se reciben para el cultivo por temporada, 5 mil llegan a vivir a Miguel Alemán en calidad de migrantes temporales, llegan a una comisaría con insuficiencia en los servicios, con altos riesgos de contaminación por polvo, calles sin pavimentación y con humo de las llantas que se queman para mitigar las heladas en el invierno. Con abuso de plaguicidas en los cultivos y con falta de drenaje, agua y luz en los predios no regularizados y también en la llamada zona urbana del pueblo.

La Costa de Hermosillo con 40 mil habitantes, debería ser un poblado próspero en todos los sentidos, así como es rico en tierras para el cultivo y rico en mantos acuíferos, debería albergar a una población con alto desarrollo, pues es también la capital del estado.

Sin embargo, la realidad nos dice que el discurso social de progreso y saneamiento, que nuestros gobiernos difunden es más falso que una moneda de 15 pesos.

Invertir para elevar el nivel de vida de las y los habitantes del poblado,  sería destinar a las autoridades a una realidad que implicaría enfrentar abiertamente a los agricultores, a los propietarios de los campos agrícolas y a los propietarios también de centros comerciales, espacios donde se esclaviza al personal a largas y agotadoras jornadas laborales. Enfrentamiento que jamás propiciarán.

El Poblado Miguel Alemán no cuenta con reservas territoriales, en su mayoría quienes vienen de fuera llegan a vivir en predios sin regularización alguna, con todas las carencias ya señaladas. Además, este pequeño pueblo, desde hace algunos años, ha sido declarado zona de atención prioritaria en el país, pues de acuerdo a cifras oficiales tiene alto nivel de marginación, alto grado de rezago social y alto grado de pobreza extrema.

Ante estas circunstancias es más fácil entender la condición de indigencia en la que terminan muchos de ellos, están lejos de sus familias, con trabajos mal pagados y  trabajando solo por temporadas. Pronto quedan en la calle al no poder pagar habitación. Pronto quedan con absoluta falta de recursos para satisfacer sus necesidades básicas.

Qué lejos está el gobierno municipal de entender que la realización efectiva de la igualdad y del bienestar social, se hace desde la raíz, desde la vigilancia y cumplimiento de los derechos humanos y los derechos laborales.

Las acciones gubernamentales suelen tener un carácter caritativo, gratuito y benefactor en el nombre de Dios, ser Todopoderoso que nos bendice a cada paso en boca del presidente municipal, falsa petición cuando en realidad no arriesga su boca para pedir a los dueños de los campos que cumplan con sus obligaciones, menos aún comprometer con sus acciones al Estado mexicano para que corra con los costos que le corresponde tener una sociedad sana en todos los sentidos.

Me pregunto también cuántos indigentes pensaran en conocer el mar; me consuelo pronto. No, ellos no piensan en conocer el mar porque no ellos existen, no existen en nuestro censo, no existen en el Inegi, no existen,  son imaginaciones nuestras. Los indigentes no existen.

María Dolores Rodríguez Tepezano es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora; pasante de maestría en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional; promotora en Gestión Cultural por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; fundadora de la Red Sonorense por la Defensa de los Derechos Humanos Laborales. Contacto: mariadolores_tepezano@hotmail.com

Acerca del autor

María Dolores Rodríguez Tepezano es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora; pasante de maestría en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional; promotora en Gestión Cultural por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; fundadora de la Red Sonorense por la Defensa de los Derechos Humanos Laborales.

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mariadolores_tepezano@hotmail.com

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

9 Comentarios

  • Daniel Gutierrez dice:

    GRACIAS POR TAN ACERTADA OBSERVACIÓN. ESTA DIVERSIDAD CULTURAL ES LA FUERZA DE ESTE PUEBLO

  • Jennifer Zamora dice:

    Gracias por la nota, yo soy Jennifer Zamora, egresada de la Escuela Nacional de Arte Teatral por el Instituto Nacional de Belles Artes y estoy escribiendo una obra de teatro relacionada con el tema de la negligencia que viven las trabajadoras agrícolas del poblado Miguel Alemán y cómo esto afecta en el cuidado y desarrollo de sus hijos. Es decir, la pobreza es tan extrema y las condiciones laborales son tan atroces que algunas madres optan por vender a sus hijos, los cuales muchas veces son producto de una violación.

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