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Una tras otra

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Qué terrible situación la que experimentamos en estos días. Convivimos en un país en el que  la soberbia y el desatino político de nuestros gobernantes, nos marcan a cada minuto. Vivimos en una sociedad que ha sido rebasada por la descomposición de una clase política que ha caído totalmente en el descrédito.

No terminamos de asimilar una desgracia, cuando -a la brevedad- llega otra. En su mayoría, desgracias sociales en las que se ven involucrados los gobernantes, el abuso de la fuerza pública, el desdén de los funcionarios, el atraco al erario público, y la falsa moral de los gobiernos.

Quienes deben contribuir al ejercicio de la justicia cabal y rigurosamente, sin implicaciones y favoritismos de clase social, han sido cómplices de las desgracias de nuestro país.

Desgracia es vivir en un país rico en recursos naturales, y, sin embargo, ser un país económicamente pobre que sufre el mercantilismo generacional de funcionarios, quienes ofrecen la riqueza común al mejor postor. Millones y millones de millones de pesos, son extraídos de las arcas públicas con la mayor impunidad.

En ocasiones se ha dado seguimiento a algunos de estos delitos, pero en su mayoría, son castigos menores los que se sentencian, en comparación con el daño que ocasionan a la población.

Ese dinero que se roban los funcionarios públicos no llegan a las escuelas ni a los hospitales; se disminuyen los apoyos al campo, no hay apoyos para madres trabajadoras, las guarderías trabajan con deficiencias por falta de recursos, los profesores no reciben salarios justos, los adultos mayores tienen apenas pensiones miserables, y un sinfín de consecuencias negativas encontramos en la política del robo en nuestro país.

En estas condiciones y peores quizá, se encuentran los estados más pobres del país. No es casualidad que la refriega institucional de la semana, la estén recibiendo oaxaqueños, guerrerenses, michoacanos y chiapanecos, sociedades que, verdaderamente “hartas” de la pobreza y el abandono, se han levantado contra los gobiernos.

En esta cadena de desgracias sociales, lejos de obtener análisis y proyectos prometedores para el desarrollo de nuestro país, enfrentamos reformas que buscan la depuración de los derechos humanos, políticos y laborales de la clase trabajadora. Así, escuchamos lamentables declaraciones, como la del presidente de la República -Enrique Peña Nieto-, quien dice que no se explica a sí mismo “el mal humor social” que vive el país.

Declaraciones que, para explicar los abusos y dar respuesta a los reclamos de la sociedad, nos brindan discursos oficiales que acompañan falsas y vergonzosas verdades, como la “verdad histórica” en el caso de los normalistas de Ayotzinapa.

O como el video cuya protagonista, como Pilatos, se lava las manos ante las desgracias e incumplimiento de las leyes. Video que presenta a la gobernadora del estado de Sonora informando que envió una carta a la Procuradora General de la República, en la que reitera el sentir de los sonorenses. Dice ella.

Cuán lamentable es leer comentarios de la prensa, en mi opinión aduladores, ante esta especial circunstancia de la Gobernadora.

De origen pequeño burgués, Claudia Pavlovich Arellano deja claro en el video que ella es valiente, exige se cumplan las leyes y la legalidad que deben acompañar a la justicia mexicana. Cosa de risa, pues lo hace señalando los atracos de un exgobernador panista, partido contrario a los intereses políticos del partido en el poder.

Qué diferente sería, escucharla pedir prontitud en la justicia, ante los siete años del tardío proceso en el caso del incendio de la guardería ABC. Pero no, las cosas no son así. La realidad nos muestra que los perfiles de nuestros gobernantes son pobres en cuanto a conciencia social se refiere, los hijos e hijas de políticos que han heredado puestos y posturas políticas son de ausente análisis social, los hijos de Elba Esther Gordillo, los de Marta Sahagún, los del Partido Verde, los de Murat en Oaxaca, los Romero Deschamps, los Montiel, la hija de Beltrones, los Mazón en el estado, todos son claro ejemplo de la incapacidad de diferenciar entre servicio público y caridad social.

“Juniorsetes” como Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública, incapaz de escuchar las demandas de los opositores a la Reforma Educativa. El joven ha demostrado estar convencido de que una mesa de negociación, es el espacio donde el trabajador se somete a los antojos de la autoridad.

Nuestras desgracias tienen ya dimensiones internacionales, de ahí que organismos internacionales, como la ONU, envíe a sus relatores especiales para aclarar la impunidad que vive el país.

A pesar del negro panorama, todos los días sale el sol en nuestro país, todos los días llegan nuevas vidas a la lucha social, todos los días los gobiernos enfrentarán siempre el humanismo de una clase digna que busca una vida digna.

María Dolores Rodríguez Tepezano es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora; pasante de maestría en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional; promotora en Gestión Cultural por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; fundadora de la Red Sonorense por la Defensa de los Derechos Humanos Laborales. Contacto: mariadolores_tepezano@hotmail.com

Acerca del autor

María Dolores Rodríguez Tepezano es licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Sonora; pasante de maestría en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional; promotora en Gestión Cultural por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes; fundadora de la Red Sonorense por la Defensa de los Derechos Humanos Laborales.

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mariadolores_tepezano@hotmail.com

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