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Cambio de paradigmas

Aquiles Fuentes

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Nuevamente, como ocurre desde hace algunos años, los electores mexicanos envían mensajes claros a los partidos políticos y a los gobernantes.

Una vez más los gobiernos cuestionados, sin alianzas o respaldo con la ciudadanía, ordenan la alternancia para su estado.

En las elecciones es más frecuente la alternancia que la continuidad. Veracruz, Tamaulipas, Oaxaca, Durango, Quintana Roo, Chihuahua, Aguascalientes y Sinaloa tendrán cambio de partido en el gobierno. Ocho de 12. Dos terceras partes de los estados en juego.

¿Qué ocurre? Además del rechazo a la corrupción, el llamado ciudadano motiva a generar hipótesis en relación al cambio de fondo que piden los mexicanos tanto del norte como del sur.

Hay quienes hablan del rechazo a Peña y hay quienes se contentan con la variable de la corrupción. Sin embargo, debe haber algo más en todo esto. Por lo menos hay que buscarlo.

No hubo candidatos independientes ganadores. Algunos, como Rosas Aispuro en Durango o Yunes en Veracruz, ya lo habían intentado en ocasiones anteriores. Otros lograron ganar como de costumbre: llegaron desde la Cámara de Diputados, la de Senadores, el gabinete local o el federal, a la nominación y entonces los partidos mantuvieron su protección y los hicieron candidatos.

Algunos lograron una buena comunicación con su electorado y ganaron por ser el alternativo o el menos malo.

Sin embargo, lo que más prevaleció fue la descalificación y la campaña negra. Hubo escándalo, denuncias a la Fepade y una ley electoral que vuelve ilegal ciertas prácticas como el debate, por ejemplo.

¿De qué está harta la ciudadanía en México?

La ciudadanía debe estar harta de la manipulación, de los discursos huecos, de los monólogos a nombre suyo y, sobre todo, de la falta de respuesta de los políticos y los líderes a sus preguntas y reclamos.

Habrá quien me diga que no hay agenda ciudadana, que el movimiento sobre el 3 de 3 no tiene relación con los grandes temas como la educación, la política social, el empleo. Habrá quien me diga que ni el gobierno ni los partidos ni los ciudadanos abordan y debaten cotidianamente esos temas.

Puede que tengan razón, pero la inexistencia no implica que no haya necesidad de construir nuevos modelos de participación, de responsabilidad política, de construcción de bases sociales.

La ley electoral vigente en México pone el acento en la equidad y en la fiscalización de las prácticas administrativas y financieras de los políticos. Al hacerlo, delimita los tiempos en que los políticos con cargos pueden promover el debate y la discusión de temas de interés nacional.

Es una ley que limita el liderazgo. Sin embargo, la dinámica ciudadana en México sí está en la búsqueda de diálogo, debate, ideas, nuevos actores y, sobre todo, nuevos paradigmas para dotar al Estado mexicano de gobernabilidad y capacidad de operación.

La ley dificulta que la ciudadanía encuentre a los políticos y que los políticos encuentren a la ciudadanía. No hay cabida para ello.

He revisado las propuestas que llevaron la mayor parte de los candidatos, tanto los ganadores como los perdedores. No hay sustancia, no hay viabilidad y, sobre todo, no hubo ciudadanía que discutiera alguna de esas propuestas. Pasaron de noche.

Nos estamos convirtiendo en un país que castiga, con sobrada razón, a la política y se queda sin un paradigma para sustituir y refundarnos. Eso es peligroso.

Aquiles Fuentes es sociólogo y académico de la Universidad de Sonora. Amiguito46@hotmail.com @affierro46

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