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Madres especiales o súper mamás

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El primer vínculo de un hijo es con la madre, carne y alma inevitablemente están unidas por siempre, y bajo esa postura quiero aprovechar que acaba de pasar la celebración en mayo del Día de las Madres, fecha en la que -de manera general- fuimos consentidas, acogidas, festejadas y privilegiadas, pero cuya duración sólo fue momentánea, ofreciéndome la oportunidad de hablar en el caso que me acoge: las madres especiales o súper mamás.

Las madres especiales es el término que se nos ha venido otorgando de ipso facto por tener un hijo con alguna discapacidad de cualquier índole, ya sea auditiva, motora, intelectual o visual; etiqueta que nos trata y permite nuestro desarrollo en sociedad de forma distintiva, de manera metafórica, es como si al instante nos cayera una “luz divina”.

Señalo lo anterior porque he comprobado una y otra vez que cuando te encuentras en esta situación, nuestra categoría pasa de ser del rol de mamá común, a una súper mamá, en la que frecuentemente escuchas a lo largo de la vida, expresiones como: “eres una mujer ejemplar”, “todo el sufrimiento se verá recompensando”, “Te irás al cielo con todo y zapatos”, “Dios te escogió”, “eres una mujer bendecida” o “súper mamá”, entre otras frases que rayan en lo “celestial”.

Pero detengámonos en éste último estatus de súper mamá. Algunas personas piensan que la vida de una madre especial gira en torno al sufrimiento, a la supervivencia, a la desdicha, al acompañamiento divino, sumisión, vulnerabilidad, entre otras acciones que privan de su total libertad a una mujer.

Es evidente que tener un hijo con discapacidad nos aporta actividades y responsabilidades extras, cargadas con dosis altas de cansancio; pero por otro lado, nos mantiene los pies fijos en la tierra, nos provoca ubicar las prioridades en la vida y reconocer los más mínimos detalles, en lo cual coincido totalmente.

Sin embrago seguimos siendo mujeres, madres, quizás esposas, divorciadas, viudas, solteras; tenemos sueños por cumplir, anhelos, metas, tanto profesionales como personales.

Nosotras las “madres especiales” tratamos de atender las necesidades de toda índole en relación a nuestros hijos y de nuestro rol completo de esposa, hija, tía, nuera, suegra, trabajadora, profesionista, ama de casa, pero también hay que destacar que algunas nos desarrollamos en el ámbito laboral, desde el más básico hasta el más especializado.

Nos gusta leer, escribir, pintar, bailar, tejer, meditar, rezar, cocinar, tomar una copa, viajar, disfrutar de la vida, qué sé yo, existe una amplia gama de actividades que realizamos, en todos los niveles y edades, que reafirman nuestras necesidades profesionales, personales y sociales, como cualquier otra mujer.

Por otro lado intervienen el ego y la necesidad de ser admirada, la idea de no pugnar con todas aquellas personas que con una buena intención se refieren a nosotras en esos términos, lo que nos ha orillado a aceptar esas etiquetas que encajan en la expectativa idealista de la mamá perfecta, aprobando intrínsecamente que se sigan construyendo estos erróneos calificativos.

Por eso, aprovechando la temporada que acaba de pasar en el mes de mayo, es momento de hacer un alto y reconocer nuestros verdaderos alcances, afirmando que la discapacidad no es sinónimo de tragedia, negando falsas expectativas, reconociendo que no gozamos de ese acompañamiento divino sólo porque nuestros hijos nacieron “con un envoltorio diferente” y que a veces se torna difícil, pero que con un equilibrio entre buena salud, trabajo constante, paciencia y amor, podremos esperar los mejores resultados y una calidad alta de vida para ellos.

Además, no podemos negar que desde que llegan al mundo nuestros hijos viven en constante movimiento, terapias, clases extras, citas médicas, deportivas, entre otras actividades que tratamos de incluirles para un mejor desarrollo y en las cuales, nosotras las madres tenemos inconscientemente la necesidad de estar presentes y crear competencias en estos “plus”, provocándonos en cierta manera sentimientos de estrés, ansiedad y cansancio físico.

Así que invito, a las más de 700 mil madres en Sonora*, sobre todo a aquellas que comparten esta experiencia, a no admitir la creciente presión de la sociedad hacia nosotras, a terminar con los mitos de las súper mamás, a vivir reconociendo nuestros verdaderos esfuerzos humanos y sensibles que nos hacen mujeres en lucha constante e imperfectas, cometiendo errores y el más común de ellos, es que amamos en desmedida a nuestros hijos (con y sin discapacidad), que nos impide ver lo imposible.

* Fuente: INEGI. Censo de Población y Vivienda 2010.

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Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora. Correo: solis.marthaolivia@gmail.com Twitter:@Marolysoza La discapacidad no es una tragedia.

Acerca del autor

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora.

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Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

5 Comentarios

  • Nidia dice:

    Sii, soy una mami especial y me encanra serlo, antes de que mis niños nacieran yo era un desastre andaba super mal de salud, y nacieron mis niños y revivi, los dos traen un problema de sus tiroides y mi segundo hijo es especial y mucho mas fuerte me esta haciendo porque sigo aprendiendo de él y de ellos, me encanta ser mami especial. Gracias Maroly por reconocernos!!

  • Rosa Uribe dice:

    Felicidades por el artículo; sin duda hay mucho que rescatar de nuestras madres especiales.

  • beatriz mendoza dice:

    Soy simplemente mama y muy orgullosa de serlo, cubriendo las necesidades y buscando aprovechar las aptitudes de cada uno de mis hijos, para unos me resulta mas sencillo para otros un poco mas de rrabajo pero busco el mismo resultado para los tres, salud, desarrollo y felicidad

  • Adela Zatarain Chavez dice:

    Felicidades Maroly muy interesante tu articulo como todos los demas ysiempre dejando un gran mensaje, en este caso, para las mamas de esos lindos niños dawn, besos

  • Bianca dice:

    Sin duda alguna solo por ser madres en general ya somos especiales. Y daríamos todo por nuestros hijos, unos nos demandarán más tiempo dentro de sus roles y actividades, pero no hay que perder de vista nuestros objetivos para cada uno de ellos. Muy buen articulo felicidades maroly. Saludos

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