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Políticas públicas; talón de Aquiles en minería

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¿Qué imagen llega a tu mente cuando escuchas la palabra minería? ¿Imaginas a los trabajadores en una caverna oscura y peligrosa? ¿La asocias con grandes compañías extractoras que contaminan? ¿Crees que la minería es mala?
¿Qué pensarías si te digo qué la sociedad humana no sería posible sin la minería?

La minería tiene presencia activa e indispensable en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, el teléfono celular que llevas en la bolsa está compuesto por más de 200 minerales. La pasta de dientes que usamos a diario se compone principalmente por calcita, flúor, fluoruro de sodio e incluso cuarzo, entre otros minerales extraídos de una mina.

Anteojos, relojes, ropa, calzado, pinturas, artículos básicos en nuestra casa y hasta alimentos contienen sustancias provenientes de una mina. Esto sin si quiera mencionar los automóviles, maquinaria, aviones, edificios, puentes y carreteras que hacen realidad nuestro mundo global.

En México, la minería es clave para la economía. Genera desde 2011 el doble de divisas que el turismo. Únicamente la supera la industria automotriz, eléctrica y petrolera en ese sentido. Nuestro país es el cuarto más atractivo para la inversión extranjera en minería, sólo detrás de Australia, Estados Unidos y Canadá.

México se encuentra entre los primeros lugares en producción de fluorita, bismuto, sodio, plomo, molibdeno, diatomita, cadmio, grafito, sal, yeso, zinc, manganeso, entre otros, y por supuesto, es de los principales productores de oro, plata y cobre.

A pesar de ello, la minería mexicana tiene un largo camino por recorrer para convertirse en una industria de clase mundial. Un sin fin de descuidos y fallas sistemáticas han resultado en episodios catastróficos y riesgos permanentes para los trabajadores que se desempeñan en las minas. O bien situaciones de impacto ambiental como el desastre que afectó directamente al Río Sonora.

En algunos casos la falta de inversión en equipos de protección personal, no permite a los mineros mantener su integridad física, sobretodo en minería subterránea.

La falta o el mal uso de equipos como el respirador media cara, por ejemplo, o la falta de sistemas adecuados de ventilación son causa de enfermedades respiratorias como la “Neumoconiosis”. En muchos casos nuestros mineros trabajan en condiciones infrahumanas y no se utilizan de manera eficiente los mecanismos existentes para obligar, a las empresas mineras con estas faltas, a proporcionar un sitio de trabajo seguro y digno.

En los peores casos, hemos sufrido verdaderas tragedias. Hace unas semanas, tres trabajadores fueron arrollados por un Yukle en el tajo de Buenavista del Cobre, en el municipio de Cananea. Uno de ellos, Fabián Villa, fue excompañero de un servidor en la carrera de Ingeniería en Minas, en la Universidad de Sonora.

Hace un año, en la mina de Nacozari, otro compañero del mismo programa, David Medina, “El Cachi”, también falleció arrollado por un vehículo ligero.

Estos son dos ejemplos de un sinnúmero de incidentes que generan un sentimiento de acongojo en el pecho de cualquier minero y de la comunidad entera de quienes estamos relacionados con este sector, tan fuerte en nuestro estado.

Muchas de estas desgracias pudieron evitarse. De haberse respetado, la normativa establecida por la STPS y Semarnat, hubiera significado un gasto mínimo para la compañía en materia de prevención, permitiéndoles trabajar con legalidad. No siendo este el caso, basándonos en hechos reales, concluimos en infortunios que solo son resultado de descuidos de las empresas mineras y la corrupción en su relación con gobiernos de los tres diferentes niveles.

¿Qué  falta?
Los organismos representativos mineros y sus líderes deben continuar su ardua labor de representación. Su misión debe ser generar una cultura que busque regular de manera efectiva al sector, exigiendo también que la norma se respete.

Las comunidades mineras son poblaciones rezagadas, marginadas, con dificultades en comunicación. Ha sido difícil fomentar la información real que la minería implica, siendo parte fundamental de nuestra vida y cultura.

Por ello, los responsables del tema minero en ambas cámaras del Congreso, así como en el Poder Ejecutivo deben mostrar mayor interés y brindar su respaldo a estos grupos.

Nuestros líderes en el servicio público no son cercanos a la minería; no entienden ni representan el sentir del gremio, no saben lo que es estar dentro de una mina, las intensas jornadas de trabajo, el exhaustivo horario, los riesgos y las complicaciones que una vida dedicada a esta industria conlleva.

Las organizaciones mineras pueden construir un puente que les permita informarse mejor y exigir el respeto a los derechos de los trabajadores mineros. Enfrentan grandes retos.

Debido a que las comunidades mineras no representan un porcentaje significativo de la población, apoyar al gremio minero no tiene un verdadero impacto político.

Ante este escenario, los líderes de peso en esta industria, los que verdaderamente protagonizan el sentir del gremio, deben buscar relacionarse de manera más efectiva con las altas esferas del servicio público.

Luchar por que la voz de nuestro gremio haga eco en todos los rincones de una sociedad crítica y despierta nos ayudará a fomentar la cultura de la minería responsable, desde las instituciones educativas, forjando nuevos líderes a través del estudiantado participativo y concientizando empresas.

Como sociedad tenemos que estar conscientes que la minería ha estado presente desde que el Homo sapiens moldeó y utilizó una roca como herramienta por primera vez. Es la raíz de la evolución en el manejo práctico de los recursos que nos da nuestro entorno.

Hay que valorarla y buscar que esté a la altura del estado y del país que queremos tener.

Nos hace falta cultura de profunda autocrítica. Satanizamos la actividad minera, en cuestiones donde el fondo del problema real son errores de la actividad humana.

Gustavo A. Ramonet Ontiveros es ingeniero en minas. Contacto: gustavoramonet@gmail.com  @garoramonet

Acerca del autor

Ingeniero Minero por la Universidad de Sonora. Ha tomado cursos de economía en la Universidad de Harvard y Políticas Públicas por el Instituto Belisario Domínguez; actualmente es Asesor Parlamentario en el Senado de la República.

Correo Electrónico

gustavoramonet@gmail.com

Twitter

@GaroRamonet

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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