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Nuevas herramientas de seguridad pública: combate a la marginación y desarrollo social

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Por Hugo Salas Rodríguez y Axel Medina Oscos

Los exorbitantes perjuicios económicos de la inseguridad en México se estiman en 220 mil millones de dólares (Índice de Paz Global, 2015). Hoy, en el 2016, Acapulco es la tercera ciudad más violenta de todo el mundo, sólo superada por San Pedro Sula y Caracas. Pero Acapulco no es un caso aislado, nueve ciudades mexicanas más figuran en el ranking de la Organización Seguridad Justicia y Paz (2015). En consecuencia, es claro que la seguridad pública debe ser una prioridad, y es necesario enfrentarla con estrategias razonadas: no sólo combatir la violencia con más violencia. En este artículo, sostenemos que una buena política de seguridad pública es aquella que promueve las oportunidades y el desarrollo social de sus ciudadanos.

Para fundamentar nuestra tesis, retomaremos una perspectiva económica clásica acerca de la inseguridad. En general, creemos que los individuos con menos oportunidades son más propensos a cometer un acto criminal. Adicionalmente, presentaremos evidencia que sugiere que la marginación, entendida como la presencia de condiciones de pobreza en el hogar y la ausencia de educación e ingreso, es un predictor muy potente de la inseguridad en México.

Nuestra lógica es la siguiente:

Una persona con un grado de educación alto, un trabajo estable, un ingreso suficiente y un lugar dónde vivir, tiene muy pocas razones para delinquir, ser atrapado le podría costar su salario, su ocupación y su libertad.

Sin embargo, el caso se vuelve opuesto para los marginados. Con un salario bajo, poca educación y una vivienda deficiente, el precio de involucrarse en una actividad criminal disminuye: el marginado no tiene tanto qué perder. Dicho de otro modo, si los individuos evalúan los costos y beneficios de delinquir antes de hacerlo, las personas marginadas y con menos oportunidades van a ser seducidos más fácilmente por la delincuencia (Becker, 1974).

En congruencia con nuestro razonamiento, el perfil del criminal en México parece estar bastante lejos del adinerado promedio. Vilalta & Fondevila (2013) acudieron a varios penales en el Distrito Federal (hoy Ciudad de México) y en el Estado de México, y entrevistaron a la población reclusa. A grandes rasgos, las características de los reclusos son consistentes con las de una persona en marginación. Un tercio del total de ellos no tienen terminada la educación primaria y el 80% tienen la preparatoria trunca. Además, dos de cada tres encuestados no tuvieron el ingreso suficiente para contratar un abogado privado. Bajo el esquema en el que creemos, las condiciones de pobreza y marginación pudieron haber sido detonadoras de las conductas delictivas de estos individuos.

Para robustecer nuestra evidencia, utilizamos un método estadístico que estima el efecto de la marginación sobre la tasa de homicidios (controlando por PIB, escolaridad promedio, desempleo, crecimiento económico y desigualdad). A pesar de que la tasa de homicidios no es la única medida de inseguridad, creemos que es una de las más impactantes y relevantes para el contexto mexicano. Tomamos el índice de marginación del Consejo Nacional de Población que va de -3 (bajos niveles de marginación) hasta 3 (altos niveles de marginación). El valor que deberíamos desear para todos los estados de la República es uno cercano a -3, en dónde ningún ciudadano viviría en condiciones subóptimas. En la siguiente figura ilustramos lo que estimamos que hubiera pasado si los niveles de marginación en Sinaloa (en 2010) hubiesen sido distintos.

A1

Nuestros resultados son impactantes. Con altos grados de confianza, podemos aseverar que, en México, la marginación estatal está asociada con niveles de homicidio elevados (y tenemos la sospecha de que esta relación se mantiene para otros tipos de delitos).

En concreto, para el caso sinaloense en el 2010, una reducción de 2 puntos en sus niveles de marginación hubiera podido evitar hasta 56 homicidios; ahora, si el cambio hubiera sido para mal, Sinaloa hubiera podido tener hasta 70 homicidios más. Esto no sólo fortalece nuestro argumento, pero también sugiere lo peligroso que pueden ser las situaciones desfavorables de algunos sobre la seguridad de todos.

Ante nuestra evidencia, no creemos que la marginación pueda volverse una buena justificación para la actividad criminal, sin embargo, sostenemos que una política de seguridad pública efectiva la debería combatir. A su vez, creemos fielmente que la política en México debería ser resultado de un razonamiento sólido que involucre teorías bien justificadas y evidencia robusta; sin esto, la efectividad de la intervención estatal se vuelve un juego de azar.

Axel y Hugo son estudiantes de Políticas Públicas en Centro de Investigación y Docencia Económicas. Actualmente, Hugo Salas es estudiante visitante en la Universidad de Harvard en Estados Unidos.

Acerca del autor

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Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

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