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Mi hija es de México, no de Mongolia

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Mi hija más pequeña se llama Valentina, tiene cuatro años, le gusta el baile, las fiestas, las caricaturas de Peppa pig, ir al cine, parque o playa, comer dulces, colorear, brincar, jugar con sus amigos, muñecas y carritos, entre otras actividades acorde a su edad. Se destaca su temperamento inquieto y curioso, cursa el segundo año de preescolar y tiene síndrome de Down.

Hago esta pequeña descripción, debido a que en ocasiones la gente se ha dirigido y referido a ella como mongolita, y es ahí cuando me saltan muchas dudas al respecto; pero en mi intento por responderlas, les contesto que mi hija ha nacido en Hermosillo, Sonora por lo tanto es mexicana, quizás hacen la referencia por sus facciones similares a los habitantes de aquel país de Asia Central y Oriental, con ojos rasgados, semblantes redondos y perfiles más planos.

Recuerdo que en diversas conversaciones sostenidas con familiares de personas con esta condición, manifestaron que sus hijos, sobrinos, hermanos, cuñados, han sido llamados mongolitos. Entonces me pregunto ¿de dónde proviene el vocablo? ¿Por qué se hace referencia a las personas con síndrome de Down, llamarse de esa forma? ¿Podremos cambiar el sentido de la palabra? ¿No sería mejor dirigirnos por nombre o apellido?

En mi intento por acabar con éste término que me molesta y aún no sé por qué, me di la tarea de buscar en internet en la página de la Real Academia Española (RAE), la definición de mongolito, para salir de dudas y utilizar la palabra de forma correcta, encontrándome en su diccionario las siguientes descripciones: mongol, la 1. adj. Natural de Mongolia, país de Asia. U. t. c. s. 2. adj. Perteneciente o relativo a Mongolia o a los mongoles. 3. adj. Perteneciente o relativo al mongol (‖ lengua). Léxico mongol. 4. m. Lengua altaica que se habla en Mongolia y zonas de China.*

No habiéndome quedado satisfecha, continué con la búsqueda y encontré que la misma RAE en su versión en línea, albergaba dentro de sus acervos la palabra mongolismo, cuya descripción hace alusión a la trisomía 21: Del ingl. mongolism, de Mongol ‘mongol’, por haberse apreciado en los primeros estudios médicos sobre el síndrome de Down que los afectados presentaban ciertos rasgos faciales similares a los de los mongoles, e -ism ‘-ismo’. **

Lo anterior me hizo inmediatamente vincular en la red (como nos sucede a menudo), una noticia del Diario español El Mundo, que plasmaba una petición en particular, de  una madre de un joven con síndrome de Down a través de Change.org, que solicitó retirar estos términos del diccionario de RAE y su relación con esta alteración genética, por considerarla en desuso, con connotaciones que estigmatizan estas personas, solicitud que se encuentra en proceso.

La nota me hizo volver a mi realidad, recordando que apenas hace unos dos años, una coordinadora de área del DIF Sonora, acudió a mi centro de trabajo a brindarnos una plática sobre el trato que debemos dar hacia las personas con discapacidad, debido a que laboro en una institución de orden público y de carácter cultural y educativo, haciéndonos hincapié que los términos correctos a utilizar son: persona con discapacidad visual, auditiva, intelectual y/o motora.

¿Entonces por qué seguimos utilizando términos como lisiado, minusválido, mongolito, especiales, entre otros calificativos que realmente tienen otro significado y que no debería emplearse para referirnos a las personas con discapacidad? Palabras que más allá de hacer alusión, lastiman y dañan a seres humanos, que como nosotros buscan cumplir un rol dentro de la sociedad, haciendo valer sus derechos de equidad, integración, inclusión, oportunidad, entre otros.

Ahora descubro que la palabra mongolito no es tan molesta como parece, los mongólicos son los que viven en ese país asiático, y aunque el médico británico John Langdon Down a mediados del siglo XIX, los haya vinculado a través un estudio con las personas con trisomía 21, debido a sus rasgos físicos, no quiere decir que esté de acuerdo con el “modismo” arrastrado por más de 200 años.

Descubro también que lo que me irrita es la alusión peyorativa que se hace para dirigirse a las personas con esta alteración cromosómica, la carga negativa que la palabra me implica en lo personal y que coincido con muchas otras familias, el modo despectivo y generalizado de referencia.

Así como mi hija, otros niños, jóvenes y adultos con síndrome de Down, tienen nombre y apellido, tienen metas y sueños que alcanzar, oportunidades y circunstancias que anteriormente no tenían al alcance, entonces, mientras mi voz no se apague, seguiré repitiendo que mi hija es de México y no de Mongolia.

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable de comunicación en INAH delegación Sonora . Twitter:@Marolysoza  correo: solis.marthaolivia@gmail.com

 

*(Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 23.ª ed. Madrid: España, 2014. http://dle.rae.es/?id=Pe3PhY0)

** (Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, 23.ª ed. Madrid: España, 2014. http://dle.rae.es/?id=Pe9FnBx)

Acerca del autor

Maroly Solís Zataraín pertenece a la Asociación SD Hermosillo. Es responsable del área de Comunicación y difusión en INAH delegación Sonora.

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solis.marthaolivia@gmail.com

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@Marolysoza

Las opiniones expresadas en los artículos de nuestros colaboradores, son de exclusiva responsabilidad del autor, no necesariamente representan el sentir de Proyecto Puente

COMENTARIOS

11 Comentarios

  • Bryan Cantero dice:

    Saludos. Estoy escribiendo un ensayo sobre las nuevas intervenciones genéticas que pueden entre muchas cosas erradicar el síndrome de down. Al momento, los padres son los que toman la decisión. Lo que usted dice es cierto, se puede dañar a los seres humanos con palabras y mucho más si se sigue practicando la selección de embriones o el aborto selectivo para erradicar el síndrome de down.

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